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| Procesión de la imagen peregrina de la Virgen hasta su ermita original. Dominio público |
En el marco de la
festividad de la Asunción de María, el santuario
de Torreciudad (Huesca) se ha vuelto a convertir en el epicentro de la
devoción mariana y la alegría familiar. El pasado domingo, coincidiendo con la
fiesta de la Virgen de Torreciudad, 27
bebés —16 niñas y 11 niños— fueron presentados ante la imagen de
Nuestra Señora. Entre los pequeños
protagonistas destacó el pequeño Íñigo que,
con apenas quince días de vida, fue el benjamín de una jornada que congregó a
familias procedentes de Aragón, Cataluña, Madrid y Valencia.
La celebración comenzó
con la Santa Misa presidida por Ignacio
Barrera, vicario regional del Opus Dei en España. Durante su homilía,
Barrera enfatizó la importancia de la unidad y el amor bajo el manto de la
Virgen, subrayando que «estamos todos alrededor de la Madre, y eso es lo más
importante en un día de fiesta familiar, fiesta de la gran familia que es la
Iglesia». Asimismo, hizo un llamamiento a la oración por los más necesitados,
recordando que la advocación de Torreciudad como «santuario de la familia» debe
impulsar a los fieles a vivir en constante caridad y unión.
La
gran familia que es la Iglesia
Tras la misa, amenizada por las jotas de las barbastrenses Carlota Puertas y Bárbara Márquez, los asistentes acompañaron en procesión a la imagen peregrina de la Virgen hasta su ermita original. Durante el recorrido, los fieles rezaron el rosario por el sendero de los Dolores y gozos de san José, culminando con el canto de los antiguos Gozos.
El momento más esperado llegó con el tradicional pesaje en la antigua balanza de hierro. Siguiendo una costumbre centenaria, los padres colocaron a sus hijos en un plato y, en el otro, ofrendas de sus lugares de origen hasta equilibrar el peso de la criatura. Aceite, embutidos, melones, leche, arroz, tomates rosa de Barbastro, melocotones de Fraga o vino fueron algunos de los productos ofrecidos, los cuales serán repartidos entre familias vulnerables de la zona a través de Cáritas Diocesana de Barbastro-Monzón.
La jornada no solo fue
un acto de devoción, sino también un reencuentro de la comunidad local,
contando con la presencia de autoridades como los alcaldes
de Secastilla y El Grado. Testimonios como el de Joaquín y Carlos,
vecinos de Ubiergo, o el de familias llegadas desde Artasona y Zaragoza,
reflejaron la vitalidad de una tradición que pasa de generación en generación.
La fiesta concluyó con
la tradicional foto de grupo y el reparto de «La Caridad»: torta elaborada en
el horno de Secastilla y vino de Ubiergo, servido en porrones, sellando así una
jornada donde la fe, la familia y la solidaridad volvieron a ir de la mano bajo
la mirada de la Virgen de Torreciudad.
Fuente: El Debate
