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| Alumnos del Colegio El Prado de Madrid. Dominio público |
«Pablo tiene cáncer». El efecto de estas
tres palabras es, desde luego, demoledor. Y más aún si a quien le acaban de
descubrir un tumor tiene apenas 15 años. Es lo que ha ocurrido
con Pablo, un alumno de 4ºESO del colegio de Fomento El
Prado, ubicado en la colonia Mirasierra de Madrid. «Fue un gran impacto
para nosotros, un compañero tan cercano y que le pasase eso», reconoce Jaime.
Sus compañeros de pupitre apenas podían dar crédito a
la noticia. Momentos de confusión, abatimiento, tristeza. Y, de pronto, un
destello de genialidad y espontaneidad adolescente: Como a
Pablo se le va a caer el pelo por la quimio, ¿por qué no nos rapamos todos al
uno para apoyarle? , propone Pepe. Aplausos y gritos de
aprobación por parte de todos. Al adolescente no le suele importar mucho adónde
se va si se va con el grupo.
Una maquinilla
y un descampado
«Fuimos a un descampado con una maquinilla
eléctrica y nos pusimos a rapar a varios de nuestros amigos», explican
con naturalidad Gonzalo y Jacobo, que se erigieron como peluqueros.
Después, a las casas de algunos de ellos, hasta completar la hazaña.
Al día siguiente, casi una treintena de bolas de billar recorrían
los pasillos del colegio, ufanos, orgullosos, sintiéndose
parte de algo importante. Es ese espíritu adolescente de pertenencia que
les lleva, a veces, a hacer lo peor, y otras, a alcanzar lo más excelso.
También comenzaron a rezar. A rezar más, al menos. Todos los días, después del recreo de la mañana, recitan juntos la oración a Pedro Ballester Arenas. La estampa de este joven nacido en Manchester en 1996, de padres españoles, está sujeta en una de las esquinas de la pizarra. Hacia ella dirigen su mirada los compañeros de Pablo pidiendo por su recuperación. Pedro era numerario del Opus Dei, falleció a los 21 años de edad en 2018 por un cáncer de pelvis y, hace apenas 15 días, se abría su causa de beatificación.
A los pocos días de conocer la noticia, Román, otro de los compañeros de Pablo, se encontraba en Roma. «Pudimos ver al Papa, le conté la situación de Pablo y pude explicarle un poco lo que estaba pasando. Me preguntó que en qué hospital estaba y me dijo que rezaría por él», asegura el joven, que espera asistir a los eventos con León XIV en Madrid a partir del 6 de junio.
Pero, como ocurre en otras situaciones desgraciadas, el bien también termina abriéndose paso. «Esto también nos ha ayudado mucho a la clase, al curso, nos ha unido mucho. Te hace reflexionar también cómo tratas a tus compañeros, de ayudar, apoyar, tratarnos bien», reconoce Ignacio.
Julen pide la palabra. Con aplomo, afirma: «Yo también pasé por casi lo mismo que Pablo. Sé lo que está sufriendo y estoy a su lado, me acuerdo de él, rezo por él». El curso llega a su fin; los chicos se irán de vacaciones, pero no se olvidarán de Pablo, su compañero, su amigo; un adolescente de 15 años, como ellos, que libra una batalla decisiva contra el cáncer.
Álex Navajas
Fuente: El Debate
