¿QUÉ ES LA “HIPOTECA SOCIAL” DE LA QUE HABLÓ JUAN PABLO II?

En 1979, Juan Pablo II usó este término para explicar que nadie está exento o imposibilitado de ‘pagar’ su hipoteca social ya que todos podemos y debemos enriquecer nuestra sociedad

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La enseñanza de la "hipoteca social" es parte de la Doctrina Social de la Iglesia. Fue el Papa san Juan Pablo II quien acuñó el término en 1979, con ocasión de la celebración de la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, celebrada en Puebla, México. Llamó la atención el uso de este término secular utilizado originalmente en el campo de la economía y las finanzas; pero no tardó en acogerse para iluminar el compromiso que todos tenemos de colaborar en la construcción social cristiana desde nuestra propia posibilidad.

La propiedad privada

En principio, la ‘hipoteca social’ se aplicó a la propiedad privada. La Doctrina Social de la Iglesia siempre ha instruido que es licita cuando se adquiere y administra moralmente ya que es necesaria para la autonomía.

"La propiedad privada es un elemento esencial de una política económica auténticamente social y democrática y es garantía de un recto orden social. (...) La tradición cristiana nunca ha aceptado el derecho a la propiedad privada como absoluto e intocable: ‘Al contrario, siempre lo ha entendido en el contexto más amplio del derecho común de todos a usar los bienes de la creación entera: el derecho a la propiedad privada como subordinada al derecho al uso común, al destino universal de los bienes’” (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia -CDSI-, n. 176-177).

Desde luego que es bueno el que todos construyan su patrimonio personal o familiar de manera honesta; pero no es suficiente, ya que somos parte de una sociedad. También es necesario que estos bienes sean de provecho social, principalmente en favor de los que menos oportunidades tienen.

No se trata de vender todo y repartir entre los pobres, sino de ayudar en el combate a las múltiples pobrezas propiciando o gestionando mejores condiciones de desarrollo en la justicia y la solidaridad; además, claro está, de la caridad directa y tangible a la que todos estamos llamados para combatir las pobreza que hieren la dignidad humana.

¿Qué es la hipoteca en la ciencia económica? 

Para la Economía, una hipoteca es la garantía que se ofrece para asegurar el cumplimiento de una obligación contraída. Por ejemplo: para asegurar que sí voy a pagar el préstamo que pedí al banco, ofrezco gravar (de gravamen) mi casa en favor del mismo banco. Si dejo de pagar las mensualidades, el banco se queda con mi casa hasta por el monto que le adeudo. Y para no eludir mi responsabilidad, el gravamen de mi casa se inscribe en la institución pública que opera los registros de propiedades. Una vez que acabe de pagar el préstamo, se elimina el gravamen y entonces sí, ya puedo vender la propiedad.

Entonces, ¿cómo entender la hipoteca social?

La hipoteca social es la garantía que, en conciencia moral, todos debemos pagar a la sociedad, por los bienes que la Divina Providencia nos ha dado en ella. Esta hipoteca pesa no solo sobre los bienes muebles e inmuebles, sino también sobre los bienes o activos que gozamos de manera integral: educación, familia, tiempo, cultura, talentos, experiencia, etc.

En este sentido, nadie está exento o imposibilitado de ‘pagar’ su hipoteca social ya que todos podemos y debemos enriquecer nuestra sociedad en el espíritu del bien común cristiano.

¿Y cómo se paga esta "hipoteca social" de la que habló Juan Pablo II?

1.- Invierte tiempo para escuchar al que está enfrentando un problema y ofrécele un consejo acorde con su dignidad de hijo de Dios. 

2.- Participa en sindicatos, asociaciones barriales, sociedades de alumnos o de padres de familia, ONGs, Pastoral Social, etc. 

3.- Enseña al que no sabe: habilidades en lectoescritura, un idioma nuevo, regularizando a alumnos rezagados, compartiendo conocimientos y experiencia de tu oficio (carpintería, plomería, albañilería, etc.), instruyendo acerca de las oportunidades de la redes sociales y de la IA.

4.- En caso de una catástrofe natural (sismo, huracán, etc.), participa en labores de rescate o de ayuda a rescatistas; se solidario con los damnificados de manera generosa, abriendo las puertas de tu casa a quien la perdió, y compartiendo tu mesa con ellos. Y si la catástrofe fue en un lugar distante, se generoso en tu ayuda económica, o dona víveres en buen estado, dirigiéndolos a instituciones que ofrecen garantía de buen manejo de crisis, como las Cáritas Diocesanas, Ayuda a la Iglesia Necesitada, etc.

5.- ¿Un familiar o vecino enfermó? Ofrece llevarlo al hospital, comprarle sus medicamentos, lleva a sus hijos a sus escuelas, prepara su dieta correspondiente. 

6.- Financia, según tu posibilidad, proyectos y misiones que ayuden a dignificar a tu prójimo, empezando por misiones católicas de evangelización y siguiendo con todo tipo de obras que estén en conformidad con tu fe y valores (becas escolares, actividades para búsqueda de desaparecidos, ayuda a embarazadas a fin de que no aborten, donativos a casas hogar y de migrantes), etc. 

7.- Si eres profesionista, brinda tus servicios a un precio accesible para personas de escasos recursos; o si eres comerciante, ofrece un descuento a esas personas. Lo importante aquí es que reciban tus servicios o productos con la debida calidad que la  caridad cristiana supone.

Luís Carlos Frías

Fuente: Aleteia