LA DEVOCIÓN DE UN MATRIMONIO QUE SE EXTIENDE CADA DÍA

Durante su luna de miel en París en 2017, Joseph y Samantha Austin descubrieron la devoción al Sagrado Corazón en Montmartre. Su devoción continúa aún
Courtesy of Joseph. Dominio público

Cuando el matrimonio de Joseph y Samantha Austin eligieron París para su luna de miel en 2017, no se imaginaban que esa estancia en Francia marcaría sus vidas para siempre con una fuerte devoción. Sin saberlo, su visita a la basílica del Sagrado Corazón de Montmartre se convertiría en el punto de partida de un compromiso que continúa hasta el día de hoy.

Casi diez años después, la devoción al Sagrado Corazón se ha convertido en el hilo conductor de su vida de pareja, de su vida familiar y de la misión que José desempeña en la diócesis de Springfield, al oeste de Massachusetts, en Estados Unidos.

Como director del ministerio para jóvenes y adultos jóvenes desde 2021, este responsable diocesano se dedica a dar a conocer esta espiritualidad a través de diversas iniciativas. Recientemente, la puso de relieve durante la Peregrinación Eucarística Nacional (PEN), celebrada del 18 al 20 de junio.

El descubrimiento de un amor incondicional

"Cuando descubrimos la basílica del Sagrado Corazón, fue un momento muy especial", confiesa Joseph a Aleteia. El responsable diocesano recuerda con emoción esa primera visita a Montmartre, cuyo asombro se ha mantenido intacto. Describe la basílica como un lugar "absolutamente magnífico" y admira la "majestad de su arquitectura". Más aún, ve en el Santuario de la Adoración Eucarística y de la Divina Misericordia "un ejemplo permanente y notable de la gran oleada del amor de Dios".

Desde su viaje de bodas, Joseph y Samantha han regresado varias veces a París. Cada visita es para ellos una oportunidad para volver a la basílica del Sagrado Corazón. Durante su última visita a la capital, en noviembre de 2025, Joseph y Samantha se dirigieron a la basílica nada más llegar, a pesar del cansancio del viaje. Llegaron justo a tiempo para participar en la consagración anual al Sagrado Corazón, celebrada el domingo de Cristo Rey.

La devoción al Sagrado Corazón

"Muchos fieles llevaban libritos en los que estaba anotado el número de veces que habían renovado su consagración. Fue un momento profundamente memorable cuando renovamos la consagración de nuestro matrimonio y de nuestro ministerio al Sagrado Corazón de Jesús", cuenta Joseph.

Un gesto que, según él, resume toda la riqueza de esta devoción. "He experimentado el inmenso amor de Dios por mí, independientemente de mi amor por Él. Muchos de nosotros luchamos contra esa mentira de que debemos ser lo suficientemente buenos para que Dios nos ame o de que su amor dependa de nuestros éxitos. Pero eso es precisamente lo que me llama la atención de la devoción al Sagrado Corazón. Dios nunca deja de amarnos".

Joseph explica que ha experimentado el amor de Dios a lo largo de toda su trayectoria, ya sea durante su conversión del metodismo al catolicismo, durante su misión en la organización FOCUS en la Universidad de Columbia en Nueva York o incluso a través de su compromiso a favor de la vida en las Naciones Unidas. Una experiencia que aún hoy alimenta su deseo de hacer que otros descubran este amor incondicional. La pareja, que ahora vive en Massachusetts, continúa con esta misión en su día a día.

De Montmartre a Massachusetts

Si bien su viaje de bodas marcó el inicio de su vínculo con el Sagrado Corazón, sus posteriores visitas a París no hicieron más que profundizarlo. De hecho, con motivo de la solemnidad del Sagrado Corazón, en 2024, Joseph y Samantha quedaron profundamente conmovidos por la procesión eucarística organizada en la basílica de Montmartre.

Ambos asistieron a la procesión de clausura de la Peregrinación Eucarística Nacional en Filadelfia el 5 de julio. Al pasar la comitiva, Joseph vio a unos niños arrojar pétalos de rosa a su paso del Santísimo Sacramento. Un gesto que lo llenó de alegría y en el que vio un estímulo para continuar con esta tradición que había descubierto en Montmartre.

Jenny Lark Snarski - Laura Marchais 

Fuente: Aleteia