Enroscarse
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| Dominicas de Lerma |
Buenos días, hoy Matilde nos lleva al
Señor. Qué pases un feliz día.
Hay en el claustro del monasterio, una planta muy
curiosa. Está saludable y tiene unas hojas bien abiertas como un abanico. No
necesita grandes cuidados. Tan sólo, cuando pases ante ella, decirla: “¡qué
bella eres, tu verdor luminoso, alaba a tu Dios que te hizo! “. Pero de vez en
cuando, alguna hoja comienza a enroscarse sobre sí misma como si dijera: “Si no
me das agua, me arrugo”. Entonces la riego y vuelve a estar lozana y todas las
hojas vuelven a estar tersas y relucientes.
Y pensaba que, somos así nosotros ante Dios, como mi
planta. Estamos bajo el influjo de la gracia y vivimos en paz y con alegría.
Pero de repente, algo nos hace arrugarnos, es decir, “ensimismarnos” que, no es
lo mismo que interiorizar o estar absorta en el fondo del alma, con la
presencia de Dios.
Él “ensimismamiento”, es dar vueltas sobre mí mismo,
sobre mi ego. Entonces, me arrugo y es el momento de gritarle a Dios: “¡si no
me das agua me arrugó!. Le pido al Señor el agua viva de su gracia más
abundante porque, sin ella, el alma moriría de sed y pronto se marchitaría, por
las complicaciones de la vida.
“El Señor nos hizo para Él y, nuestro corazón anda
inquieto hasta que descanse en Él”. ¡Y qué bueno es que tengamos síntomas que
nos lanzan un SOS para pedir su protección y ayuda! Y, ¿quién clamó al Señor y
quedó defraudado?: ¡Nadie!
Así, vivamos confiados en sus manos y dispuestos a la
oración de súplica cuando cualquier contratiempo nos avise que algo, no anda
bien en el corazón.
Hoy, el reto del amor es pedir a Dios que me del agua
viva de su gracia, cuando algo me haga “arrugarme”.
VIVE DE CRISTO
¡Feliz día!
09 septiembre 2026
Fuente: Dominicas de Lerma
