Nido vacío
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| Dominicas de Lerma |
Hola,
buenos días, hoy Leti nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Hace
unos días que no veo a la cigüeña por la huerta. Sobre las tres de la tarde
baja a por palos, comida, de todo, y me encanta verla; es muy grande. Además,
es precioso verla andar con una delicadeza… Pero, al no verla, he ido al nido y
no hay nadie, se han ido todos. Así que hasta febrero no volverán.
Ahora,
al mirar el nido vacío, las echo de menos. Formaban parte de mi día a día.
Es
curioso cómo vivimos un montón de cosas que el Señor nos regala, disfrutamos de
ellas y, cuando ya no están, algo de nostalgia se nos queda.
En
el Evangelio vemos cómo Jesús resucita y durante 50 días se aparece a los
discípulos, pero un día ascendió al cielo y ya no le volvieron a ver. Ellos se
quedaron mirando al cielo con la boca abierta, pero Jesús, conociendo nuestro
corazón, no nos quiso dejar solos. Nos ha hecho el gran regalo de su Espíritu,
para que Él nos vaya revelando todo de Dios.
Jesús
no quiere que vivamos solos, quiere que siempre estemos acompañados por su
presencia.
La
soledad con Cristo está habitada. Él vive con nosotros. Tenemos que descubrirle
cada día en lo que nos va ocurriendo. Porque Él está en lo grande y
espectacular, pero, sobre todo, en lo sencillo de cada día.
Él
quiso vivir treinta años en Nazaret con María y José, en una casa sencilla, sin
hacer ruido, y después solo fueron tres años de predicación, milagros… una
décima parte de lo que vivió en Nazaret.
Nosotros
solemos querer al revés, y Jesús nos dice que no. Que tenemos que aprender a
vivir felices en nuestro día a día para luego, cuando llegue la misión, saber
responder y reconocerle.
Hoy
el reto del amor es sentarte cinco minutos en silencio y decirle que quieres
reconocerle en este día que tenemos por delante. Que nos llene el corazón de su
presencia.
VIVE
DE CRISTO
¡Feliz
día!
05
septiembre 2026
Fuente: Dominicas de Lerma
