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| Sor Teresa Chikaba. Dominio público |
Tuvo que llamar a las
puertas de varios conventos antes de que las dominicas de la Magdalena o de la Penitencia de
Salamanca la recibieran en octubre de 1703. ¿Una mujer negra, de 27 años de
edad, pidiendo ser admitida en clausura? Era un choque excesivamente rompedor
para la época.
Pero, finalmente, Chikaba alcanzó su sueño de ser
admitida en la vida contemplativa, donde adoptaría el nombre de Sor Teresa Juliana de Santa María. Se
convertía así, al alba del siglo XVIII, en la primera mujer negra en
conseguirlo, mucho antes que en otros países de nuestro entorno.
Sin embargo, una vez
dentro de las paredes del convento no todo fue una balsa de aceite. «Mantuvo
durante años una condición peculiar, con votos privados que no le permitían estar en determinados espacios y
realizar actividades con la comunidad. Aunque no debía estar obligada a servir
a las monjas, ella tuvo que hacerlo»,
explican desde la fundación DeClausura, que vela por el
sostenimiento de los monasterios de clausura en España.
Secuestrada con diez años
Cuando tenía
alrededor de diez años, fue capturada y trasladada a España a través de los
circuitos de la trata de esclavos. Llegó a Sevilla, y allí tuvo unos primeros
compradores que la regalaron al rey Carlos II, quien la
entregó a los marqueses de Mancera para que le dieran una
buena educación.
Los marqueses la
trataron con afecto y le proporcionaron educación cristiana, enseñándole a leer y escribir. También la hicieron limosnera, encargándole repartir dinero a
los pobres, lo que fortaleció aún más su vocación religiosa. «Sin embargo,
dentro de la casa sufrió envidias y
malos tratos, especialmente por parte de un aya que la golpeaba con
crueldad. A pesar de ello, nunca se quejó y soportó todo con paciencia»,
prosiguen.
El que sí supo entrever
en ella una profunda y genuina espiritualidad fue el obispo de Salamanca, quien
le permitió profesar sus votos en solo
ocho meses, cuando lo normal era hacerlo tras un año de noviciado.
Todas estas circunstancias acendraron su virtud: «Su vida
religiosa estuvo marcada por una espiritualidad muy intensa y testimonios posteriores le atribuyen visiones,
premoniciones, locuciones interiores, experiencias de unión mística con Jesucristo, enfermedades, sufrimientos corporales y
prácticas de penitencia muy rigurosas».
También se le atribuyó el don de sanación y hechos extraordinarios. Se decía que ayudaba a los enfermos
mediante la oración, la imposición de manos, el agua bendita y otros medios.
Estas experiencias contribuyeron a construir su fama de mujer santa. Por eso, a su muerte en 1748, a los 72 años,
cientos de personas lograron entrar en su celda para llevarse hasta el último
utensilio que hubiese empleado o portado «la Negrita de la Penitencia», como la
conocían. Hoy, sus restos descansan en el convento de las dominicas de Dueñas
en Salamanca, ya que su convento original fue destruido por las tropas
napoleónicas. Su proceso de beatificación sigue en marcha.
Sor Teresa también destacó por su facilidad para la escritura. Chikaba compuso poesía y, aunque se ha perdido la mayor parte de su obra, se conserva una carta autógrafa y un poema, algo que constituye un importante
testimonio de una mujer africana que escribió en castellano y por ello, se la
considera una pionera de la escritura afrohispánica.
Álex Navajas
Fuente: El Debate
