«ORDO VIRGINUM»: UNAS 250 MUJERES VIVEN EN ESPAÑA UNA CONSAGRACIÓN SIN HÁBITO NI CONVENTO

Ninguna lleva hábito ni vive en convento, pero un anillo sella su desposorio con Cristo. Esta semana unas 80 se reúnen para compartir la vocación consagrada más antigua y menos conocida.

Consagración Ordo Virginum | Screenshot Video Ecclesia.
Dominio público

Son maestras, enfermeras, periodistas, empresarias y hasta banqueras. Ninguna lleva hábito y ninguna vive en comunidad, pero todas portan un anillo que sella un matrimonio con Cristo. En España hay alrededor de 250 Vírgenes Consagradas, una vocación que la Iglesia reconoce como la más antigua de la vida consagrada femenina y que sigue siendo, sin embargo, una de las menos conocidas.

Este lunes comienza el 34º Encuentro Nacional de Vírgenes Consagradas en España, que reunirá a cerca de 80 mujeres de todo el país bajo el lema «Enviadas a ser presencia, creando puentes en el mundo».

Para dar a conocer esta realidad, Almudena López, responsable nacional del Ordo Virginum (Orden de las Vírgenes), ha intervenido en el programa Iglesia Noticia con el comunicador Álvaro Sáez, según recoge Ecclesia.

Un matrimonio espiritual vivido en el mundo

Almudena ha definido a la virgen consagrada como «una mujer que se desposa con Cristo para vivir únicamente su esponsalidad con él». Ese desposorio se traduce, en sus palabras, en ser «mujeres muy femeninas, como la Virgen María, y muy maternales».

La diferencia con otras formas de vida consagrada es, ante todo, de ubicación. Frente a las religiosas de vida contemplativa, las Vírgenes Consagradas «vivimos en el mundo por y para nuestra evangelización en el mundo», ha explicado la responsable nacional. Su primer lugar de misión es el trabajo profesional.

La sanidad y la educación son los campos más habituales, pero no los únicos. López confirma que los perfiles son diversos: «Tenemos un par de ellas que se dedican a la banca», además de periodistas, empresarias e incluso «alguna política» en un pueblo pequeño.

Sin comunidad y sin dos casos iguales

La clave que las define es su carisma. «Nuestro carisma es la Esponsalidad con Cristo», ha precisado López, frente a otras órdenes con misiones específicas. A ello se suma la ausencia de vida común, que es «lo que más nos diferencia de cualquier forma de vida religiosa».

Esa particularidad, lejos de percibirse como una carencia, se presenta como una fortaleza. Cada consagrada adapta su acción pastoral a sus capacidades y al entorno en el que vive, de modo que, según la responsable nacional, «no vas a encontrar dos vírgenes consagradas iguales, imposible». Y añade: «Esa es la gracia, que nos podemos meter en cualquier realidad porque cabemos en todas».

La vocación tampoco es reciente. López ha reivindicado que «somos el origen de la vida consagrada femenina» y sitúa sus raíces en la Iglesia primitiva. Alude a los Hechos de los Apóstoles, donde, según ha señalado, se menciona «el orden de los presbíteros, el orden de los diáconos, el orden de las vírgenes y el orden de las viudas», y recuerda figuras como María Magdalena, Ana y Susana.

El anillo como único signo visible

Externamente, nada las distingue en su vida diaria. No llevan hábito porque están «insertas en el mundo laboral como cualquier otra persona laica», ha indicado. El único signo visible es el anillo, símbolo de un matrimonio que en su caso es «con Cristo», aunque pueda confundirse con el de cualquier mujer casada.

El camino hacia esta forma de vida suele empezar, según ha relatado, con «una disposición interior a desposarte con Cristo» sin saber dónde encajar. Al tratarse de una realidad poco difundida, con frecuencia se descubre cuando «alguien en algún momento te oye» y, al conocerla, la interesada comprueba si «ese carisma encaja o no encaja contigo».

El encuentro que arranca este lunes responde precisamente a esa dispersión. Para muchas de las 80 asistentes, llegadas de lugares como Canarias, Valencia, Santiago, Santander, Sevilla o Granada, es la ocasión de «encontrarte con tus hermanas y compartir la vocación». López ha subrayado que el objetivo es compartir vivencias y formarse, reforzando el lazo común de su «amor al esposo» en un espacio de convivencia y oración.

Fuente: InfoCatólica