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| Padre Fernando Cuevas. Foto: Fernando Cuevas. Dominio público |
El padre Fernando Cuevas tiene más de 70 años, es
sacerdote del Opus Dei y desde hace tres lustros desarrolla un
apostolado tan peculiar que algunos ya le han bautizado como el «sacerdote de
Tinder».
Pero su método está muy lejos de los algoritmos de las aplicaciones de
citas: un cuestionario, WhatsApp, algunos criterios básicos y,
sobre todo, una gran confianza en la Providencia.
El resultado no es pequeño. Según ha explicado al periodista Nicolás
de Cárdenas de la agencia ACI Prensa, en los últimos 15 años ha ayudado a 1.280
personas solteras a encontrar pareja y casarse.
«Hay mucha gente que anhela el amor verdadero y eterno en Cristo», asegura el sacerdote, natural de Ibiza y actualmente destinado en Valencia. Una labor que comenzó casi de manera circunstancial y que ha terminado transformando su propio ministerio. «Esto ha cambiado mi vida por completo», reconoce.
Hasta 60 mensajes de WhatsApp al día
Además de ejercer como capellán en dos colegios próximos a Valencia y colaborar con dos clubes juveniles, Cuevas dedica buena parte de su tiempo a atender a católicos que buscan formar una familia.
Y las peticiones no son pocas. En una jornada normal puede recibir hasta 60 mensajes de WhatsApp de personas interesadas en encontrar pareja.
El sacerdote establece de entrada dos condiciones: tener más de 25 años y acudir a misa los domingos. Después pregunta por la edad, el lugar de residencia y el grado de implicación en la vida de la Iglesia, procurando contrastar la información siempre que puede.
No existe un complejo algoritmo. Cuevas intenta aplicar criterios prácticos y de sentido común. La cercanía geográfica es uno de los primeros factores que tiene en cuenta, porque facilita que las personas puedan conocerse. También procura que el hombre sea algo mayor que la mujer y presta especial atención a la afinidad espiritual.
Precisamente este último elemento es uno de los que considera decisivos: que ambos compartan una fe vivida y quieran colocar a Cristo en el centro de su futuro matrimonio.
«Confío plenamente en la Providencia»
El sacerdote atiende a personas de edades muy diferentes, aunque reconoce que existe un desequilibrio entre hombres y mujeres en algunas franjas. Tiene pocos varones de treinta y tantos años, más candidatos en la cuarentena y nuevamente menos a partir de los cincuenta.
Pese a los resultados obtenidos, Cuevas rechaza atribuirse una capacidad especial.
«No tengo ningún don especial», asegura. Su explicación es mucho más sencilla: «Soy sacerdote; confío plenamente en la Providencia».
Para Cuevas, la búsqueda de esposo o esposa debe entenderse desde la vocación cristiana. Está convencido de que Dios tiene un proyecto concreto para cada persona y de que el matrimonio constituye una auténtica llamada a la santidad.
Por eso rechaza considerar esta vocación como algo de menor categoría respecto al sacerdocio o la vida religiosa. El matrimonio, explica, es también «un llamado a la entrega total».
Cuando un número equivocado acaba bien
Después de tantos años ejerciendo de improvisado casamentero, Cuevas acumula también historias sorprendentes.
En una ocasión se produjo una confusión al intercambiar los números de teléfono y uno de los candidatos terminó contactando con una persona diferente de aquella con la que inicialmente debía hablar.
Ambos decidieron encontrarse y cenar juntos. Pronto comprobaron que las fotografías y algunos detalles no coincidían con la información que esperaban, pero aquello no impidió que surgiera la conexión.
«No sé qué pasó, pero es perfecto», terminó escribiéndole uno de ellos al sacerdote.
De Valencia a Hispanoamérica… e incluso la India
Lo que comenzó ayudando a personas del entorno de la Archidiócesis de Valencia ha terminado desbordando todas las fronteras. Cuevas recibe ahora solicitudes desde numerosos países, especialmente de Hispanoamérica. El volumen ha crecido tanto que cuenta con la colaboración de otro sacerdote, el padre Vicente Huerta, que dedica muchas noches a hablar con candidatos de Argentina, México, Colombia o Perú.
Incluso han recibido peticiones procedentes de lugares tan alejados como la India.
La experiencia de estos 15 años ha llevado al padre Cuevas a una conclusión que contrasta con la crisis del matrimonio y de la familia que atraviesa España.
«La gente busca el amor verdadero. Existe un anhelo, una enorme necesidad de amar», afirma. Y asegura que entre quienes acuden a él aparece repetidamente una prioridad: encontrar a alguien que comparta su fe.
«No me importa si tiene ojos azules, es muy guapo o muy inteligente. Si no tiene a Cristo en el centro de su vida, olvídalo», resume el sacerdote al explicar lo que muchos candidatos le transmiten.
Para Cuevas, esa respuesta revela algo importante: pese a la secularización y al desplome de los matrimonios, siguen existiendo numerosos jóvenes y adultos que desean formar una familia y entienden el matrimonio como un camino cristiano de entrega y santidad.
Fuente: ReL
