Las palabras de la beata Madre Clelia nos ayudan a reanimar la confianza y fortalecernos en los momentos difíciles
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La
Beata Madre Clelia Merloni, fundadora de las Apóstoles del Sagrado Corazón de Jesús, ha dejado en sus
cartas algunos consejos útiles para pasar los momentos
difíciles renovando
la confianza en Dios. Y es que en algún momento todos tenemos
que atravesar desafíos.
Ella afirma que “las almas que siguieron fielmente a Jesús
sintieron semejantes altibajos de alegría y tristeza, de devoción y de aridez,
de paz y de tentación. Y cuando parecía que Jesús se alejaba de ellas, sentían
toda su debilidad; pero no se desanimaban porque estaban seguras de la ayuda de
Jesús”. Esa es la certeza necesaria para salir adelante.
“El desánimo no sirve más que
para debilitar las fuerzas del espíritu. La hiedra, dejada a sí misma, sólo puede
arrastrarse por el suelo; pero, adherida a un gran árbol, se alza hasta las más
altas cimas: imagen fiel del alma que camina unida a Dios, que
triunfa sin que ninguna tentación pueda abatirla ni pasión alguna vencerla.”
Cuando sentimos que estamos dejando que la ansiedad nos arrastre o
nuestra fe se va desvaneciendo, tener presente ciertas verdades de Jesús pueden
ayudarnos a retomar el camino para enfrentar la tentación de la soledad, la
culpa, la falta de esperanza o la desesperación.
Jesús nunca te abandona: persevera
en la oración
Cuando estamos atravesando un momento
difícil y sentimos que no somos escuchados, nos cuesta mucho recordar que Jesús
está con nosotros. En esos casos, una de las tentaciones habituales es sentir
que nos hemos quedado profundamente solos y abandonados.
Sin embargo, la Madre Clelia nos anima
a “sufrir con paz estas demoras” recordando que “Jesús nos prometió su ayuda en
toda circunstancia y que jamás nos abandonará”. Si estás pasando por esa prueba
de la soledad y sientes que Dios no está a tu lado, “no te angusties; ármate de
coraje, y espera pacientemente su retorno.”
Recurre a la oración porque “Dios
prometió su auxilio a la oración perseverante, y la perseverancia tiene su
razón de ser cuando Dios tarda en concedernos sus gracias”. La oración es
un acto que afirma nuestra confianza. Una palabra o un
pensamiento en los brazos de Jesús, ayudan a atravesar pacientemente los
sentimientos de soledad.
Podemos hacerlo con un simple “Jesús,
en ti confío” o siguiendo a la Santa diciendo: “Dios mío, sólo porque tardas en
escucharme, espero que me escucharás; y cuanto más me rechaces, tanto más me
abandonaré con ardor confidencial entre tus brazos paternos.”
Jesús es misericordioso: pide perdón
Otra de las tentaciones cuando estamos
sufriendo son los pensamientos de culpa que pueden derribarnos aún más y
hacernos olvidar la infinita misericordia de Jesús.
Todo cristiano sabe que el mayor
progreso en la virtud se da en los momentos de aridez. Es verdad que es un
estado triste porque muchas veces estos sufrimientos son consecuencias de
nuestros actos errados, pero una vez más la Santa nos dice que no nos
desanimemos.
Si reconoces tus errores,
tómalo como una oportunidad para tu conversión: “Pide
perdón, haz un acto de reparación y promete a Jesús que, de ahora en adelante,
pondrás más atención en evitar todo lo que pueda disgustarlo.”
Cuando vemos nuestras miserias,
podemos llevar nuestra alma a la práctica de la humildad, la penitencia, a la
reforma completa de nuestra vida, pero “si nos quedamos en el despecho, desconsuelo
o desánimo, nos hacemos daño”.
La beata nos dice: “Lloremos porque
somos miserables, pero que nuestro llanto siempre esté acompañado por el firme
propósito de cambiar para mejor nuestra vida, practicando la humildad y
confiando siempre en la divina misericordia”.
Jesús te ama: contempla la bondad
divina
Otros de los sentimientos más
frecuentes en los momentos difíciles es ver todo lo malo, como si una fuerza
nos empujara a quedarnos en un sitio oscuro siendo incapaces de
ver la bondad que nos rodea en medio del sufrimiento.
Para evitar esto, la beata nos anima a
poner la mirada en el Corazón de Jesús, que es un corazón que nos ama. El amor
es esa fuerza que nos impulsa a reconocer lo bueno, aun en medio del caos. Y es
que incluso las situaciones desafiantes esconden gracias ocultas.
La santa nos dice: “Debes comenzar
poco a poco y con suavidad, confiando ilimitadamente en el divino Corazón de
Jesús que te llama diciendo: ‘Vengan a Mí todos ustedes que están cansados y
agobiados y Yo los aliviaré. Todos ustedes, que tienen sed, vengan a la
fuente.’”
Y afirma: “No ceses de repetir con la
mente y el corazón esta breve oración:
«Sangre
y Llagas de mi Jesús, sean mi fuerza, mi sostén, mis armas en los combates
espirituales, morales, físicos y temporales. Sean mis victorias, mis méritos y
mis virtudes.”
Realizado este acto y repitiéndolo
varias veces al día, “esfuérzate y estudia con toda la firmeza posible, sea
interna como externamente, para aproximarte con todas las potencias de tu alma
a las cosas que te estimulan y te hacen apreciar siempre más la bondad, la
amabilidad y la infinita caridad de Jesús.”
Jesús te guía: busca descanso en la
Cruz
Muchas veces cuando buscamos un rumbo
en momentos de crisis, la tendencia es la de poner el foco en uno mismo. Nos estresamos
más en nuestro “ruido” escuchando opiniones, cuando en
realidad eso no hace más que abrumarnos más y generarnos mucha ansiedad.
En este sentido, la santa nos recuerda
que la clave “es saber negarse a uno mismo en todo tiempo y en cada cosa”. Ir a ese lugar
de descanso “a los pies de Jesucristo” y escuchar aquello
que nos dice en un “silencio santo”. Solo buscándolo con
sinceridad -y no a nosotros mismos-, es cuando podemos encontrarlo en lo más
íntimo de nuestra alma.
Uno de los obstáculos para tener paz
es la ansiedad que asumimos cuando “sujetamos el espíritu arrastrándolo detrás
de una u otra cosa, imponiéndole a Dios que nos conduzca por el camino que
queremos, y esforzándonos a caminar hacia donde nos lleva nuestra imaginación,
con la ilusión de que estamos haciendo su Voluntad”.
“Esto no es otra cosa que buscar a
Dios huyendo de Dios, porque no se puede encontrar a Dios poniendo términos o
límites con nuestra imaginación, ya que Él es infinito”. Deja guiarte y donde
Él se te manifieste, deja todo y no vayas más allá de lo que te está permitido;
olvida todo lo demás y reposa en Jesús”. Que tu esfuerzo sea permanecer con Él en la
Cruz.
Si Jesús ha pasado por la Cruz más
grande, intenta imitarlo en todo lo que te sea posible. Abraza la Cruz, con la
cual Él se ha entregado por ti que eres su amigo y recuerda “que espera de ti
este arrojo filial y confidente de todo tu ser para hacer tu alma aguerrida,
para purificarla y darle una fuerza hercúlea en el Océano de su purísimo y
divino Corazón.”
Cecilia Zinicola
Fuente: Aleteia