Cuando hablar de Dios incomoda
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| Europa Press |
La mayoría de
las homilías y proyectos no pasan de un «ser todos buenos, que es lo
importante», «haz el amor y no la guerra»… y querernos todos mucho para ser
grandes curas campechanos (para nada lo mismo que rurales)
Con el quince
de agosto llega la fiesta de Nuestra Señora de la Asunción, gloria de la
piedad popular y centro de las fiestas españolas. Honrar a la Virgen con
procesiones y vítores, con música de bandas, bailes populares, autos de choque
y chocolate con churros, está de maravilla; pero no nos olvidemos de algo: si
las fiestas no nos unen con lo más sagrado, si la Virgen Santísima no pasa a
ser parte de nuestra vida, de verdad, no serán fiestas RE LI GIO SAS (de re-ligare)
de atar de nuevo. De volver a unirnos a Dios y a su santa Madre, serán,
simplemente, eventos.
¿Por qué digo
esto? Porque últimamente nos estamos acostumbrando a un planteamiento del
todo horizontal de la espiritualidad. La mayoría de las homilías y
proyectos no pasan de un «ser todos buenos, que es lo importante», «haz el amor
y no la guerra»… y querernos todos mucho para ser grandes curas campechanos
(para nada lo mismo que rurales).
De esta manera,
lo que se propone es solamente humanístico, no invita a reflexionar ni sobre
las verdades eternas ni, mucho menos, sobre nuestras obligaciones para con
Dios. Así no incomodamos a nadie, pero quizás tampoco estaremos haciendo nuestra
verdadera labor de llevar las Almas a Dios, o acercar a Dios a las Almas. Lo
cual es profundamente grave. Nos quieren convertir en meros agentes sociales,
miembros de la ONU (los que están en misiones), con palabras bonitas; y
oteadores del buenismo, los que estamos por los pueblos y ciudades.
Cuando hablar
de Dios incomoda
Todo esto es
importante, por supuesto. Pero no podemos quedarnos aquí. Hablar de la doctrina
social de la Iglesia está bien, pero sin olvidar las demás obligaciones.
Tener en cuenta el fundamento de lo que supone buscar el Reino de Dios y su
justicia, sin perdernos en las añadiduras tiene más urgencia de lo que parece.
Saber que Cristo debe reinar también en la sociedad y no solamente contemplar
desde lejos lo que hacemos, sino penetrar en cada una de las realidades: las
escuelas, los hospitales, las instituciones e incluso la política, es también
necesario al hablar de doctrina social.
En uno de los
muchos pueblos por los que he pasado, al cabo de unos meses de homilías y
sermones, se quejaba un hombre diciendo: «Este cura que han traído sólo nos
habla de Dios». La verdad, no sé qué esperaba, pero sí se había dado cuenta de
algo. Es importante la referencia al otro mundo. No tan solo de una forma
etérea como los que dicen: «allá donde esté que se acuerde de nosotros». No.
Sino con claridad: Muerte, juicio, infierno y gloria.
No solamente
«se llevan a los mejores», como se oye en los tanatorios, aunque sea mentira;
sino, mañana pueden llamarte a ti, y a mí. ¿Cómo preparas tu alma para ese
momento? Esa concepción vertical de la vida debería formar parte de la
enseñanza desde los púlpitos aunque no se usen, así como las referencias a la
Palabra de Dios, no acomodada sino como Él nos la hizo llegar en su vida: ¿De
qué te sirve ganar el mundo si pierdes tu Alma? Por poner un ejemplo.
Los
mandamientos no se reducen al quinto
Creo que no
basta con el «yo no robo ni mato», tan de moda, y que estaría por ver, porque
tenemos más ladrones en España de los que caben en las cárceles; o personas que
hablan mal de otras, incluso con falso testimonio. Debemos recordar que el
quinto mandamiento de la Ley de Dios prohíbe hacer daño a la propia vida o a la
de otros con palabras, obras o deseaos, y que hay que devolver la fama robada
al prójimo. Pero no quiero decir solamente eso, sino que hay más mandamientos:
que ser bueno incluye cumplir con Dios, asistir a Misa los domingos, aunque
tenga cosas que hacer, que todos tenemos la vida llena.
No blasfemar y
respetar a los demás, pero no sólo a los de otras religiones, sino también la
nuestra y con más razón. En fin, un repaso de vez en cuando no viene mal, y es
obligación de los cristianos hablar de Cristo. Que la Iglesia es una,
santa, católica y apostólica. No sólo plural y sinodal. Que puede estar
muy bien, pero si no eleva a Dios el discurso, sino transmite a los demás lo
que recibe del Cielo, sino es vertical, será profundamente estéril, como ya se
está viendo, sin ser muy lince.
Una reflexión
sobre qué modelo prefieres, o si llevas una vida anclada en el mundo (enemigo
del Alma, por cierto) o en Dios, seguro que viene bien, aunque sólo sea de vez
en cuando.
Antonio María
Doménech
El padre Antonio María Doménech es
sacerdote rural de la diócesis de Cuenca que evangeliza en internet a través de
su cuenta @sotanarural.
Fuente: El Debate
