Este domingo 29 de marzo marca el comienzo de la Semana Santa para la Iglesia Católica, con la conmemoración del Domingo de Ramos, día que evoca el momento en el que Jesús entró triunfante en Jerusalén
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| Crédito: ThalesAntonio - Shutterstock |
Los católicos están invitados a unirse a esta celebración, cuyo
significado y prácticas están detallados en la Carta de fiestas
pascuales del Vaticano (1998) y en el libro Jesús de
Nazaret: Desde la entrada en Jerusalén a la Resurrección, del Papa
Benedicto XVI.
A continuación, presentamos 9 puntos clave sobre este día
litúrgico.
1. El Domingo de Ramos también es llamado “Domingo de Pasión”
El término “Domingo de Ramos” deriva del evento que conmemora la
entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, cuando la multitud lo recibió agitando
ramas de palma (Juan 12,13).
Que también sea conocido como “Domingo de la Pasión” se atribuye
al relato de la Pasión de Jesús que se lee completo en las Misas de este día.
De no ser así, este pasaje evangélico no se leería en un domingo, ya que el
próximo domingo se enfoca en la Resurrección.
Según la Carta de fiestas pascuales, el Domingo de Ramos
“abarca tanto el presagio del triunfo real de Cristo como el anuncio de su
Pasión”. Además, añade que “la relación entre ambos aspectos del misterio
pascual debe evidenciarse tanto en la celebración como en la catequesis del
día”.
2. En Domingo de Ramos se lleva a cabo una procesión antes de la
Misa
La procesión se lleva a cabo una vez, usualmente antes de la Misa
con mayor asistencia, ya sea el sábado o el domingo.
“Durante la procesión, los fieles imitan las aclamaciones y gestos
de los niños hebreos que salieron a recibir al Señor, entonando el ferviente
‘¡Hosanna!’”, describe la Carta de fiestas pascuales.
3. Se pueden llevar palmas u otras plantas durante la procesión de
Domingo de Ramos
No es necesario utilizar exclusivamente hojas de palma en la
procesión. También se pueden emplear otras plantas locales como el olivo, el
sauce, el abeto y otros árboles.
Según el Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia: “A los
fieles les gusta conservar en sus hogares, y a veces en el lugar de trabajo,
los ramos de olivo o de otros árboles, que han sido bendecidos y llevados en la
procesión”.
4. Los fieles deben comprender el significado de la celebración y
recibir instrucción
Según el mismo Directorio sobre la Piedad Popular y la
Liturgia, “los fieles deben ser instruidos sobre el significado de esta
celebración para que puedan captar su significado”.
“Debe recordarse oportunamente que lo importante es la
participación en la procesión y no sólo en la obtención de hojas de palma o de
olivo”, que tampoco deben mantenerse “como amuletos, ni por razones
terapéuticas o mágicas para disipar los malos espíritus o para evitar el daño
que causan en los campos o en los hogares”, indica el texto.
5. Jesús reclama el derecho de los reyes en la entrada triunfal a
Jerusalén
En su libro Jesús de Nazaret: Desde la entrada en Jerusalén a
la Resurrección, el Papa Benedicto XVI explicó que Jesucristo reclamó el
derecho de los reyes a demandar modos de transporte particulares. El uso de un
animal (el burro) en el que nadie se había sentado antes señala este derecho
real.
Jesús deseaba que su camino y acciones fueran entendidos en
términos de las promesas del Antiguo Testamento cumplidas en su persona.
6. Los peregrinos reconocieron a Jesús como su rey mesiánico
El Papa Benedicto XVI señala que el acto de los peregrinos de
colocar sus mantos en el suelo para que Jesús camine sobre ellos “pertenece a
la tradición de la realeza israelita (2Re 9,13)”. El Santo Padre explica que el
gesto realizado por los discípulos representa una entronización en la tradición
de la monarquía davídica, apuntando a la esperanza mesiánica que de ella
surgía.
Los peregrinos, continúa, “toman ramas de los árboles y entonan
versos del Salmo 118, palabras de bendición de la liturgia de los peregrinos de
Israel que en sus labios se transforman en una proclamación mesiánica:
'¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Bendito sea el reino
de nuestro padre David que viene! ¡Hosanna en lo más alto!' (Mc 11,9-10, ver
Sal 118,26)”.
7. Domingo de Ramos: “Hossana” es un grito de júbilo y una oración
profética
En el tiempo de Jesús esta palabra tenía matices mesiánicos. En la
aclamación se expresan las emociones de los peregrinos que acompañan a Jesús y
a sus discípulos: la alabanza alegre a Dios en el momento de la entrada
procesional, la esperanza de que la hora del Mesías había llegado.
Al mismo tiempo era una oración que indicaba que el reinado
davídico, y por lo tanto el reinado de Dios sobre Israel, sería restablecido.
8. La multitud que aplaudió la llegada de Jesús no es la misma que
exigió su crucifixión
En su libro, el Papa Benedicto XVI argumenta que en los tres
Evangelios sinópticos, así como en el de San Juan, se deja en claro que quienes
aplaudieron a Jesús en su entrada a Jerusalén no fueron sus habitantes, sino
las multitudes que lo acompañaban e ingresaron a la Ciudad Santa con Él.
Este punto se hace más claro en el relato de Mateo, en el pasaje
que sigue al Hosanna dirigido a Jesús: "Cuando entró en
Jerusalén, toda la ciudad se agitó diciendo: '¿Quién es este?' Y las multitudes
decían: 'Este es el profeta Jesús de Nazaret de Galilea'" (Mt 21,10-11).
Las personas habían oído hablar del profeta de Nazaret, pero no
parecía tener ninguna importancia para Jerusalén, y la gente allí no lo
conocía.
9. El relato de la Pasión goza de una especial solemnidad en la
liturgia
La Carta de fiestas pascuales señala en el numeral 33:
“Es aconsejable que se mantenga la tradición en el modo de cantarla o leerla,
es decir, que sean tres personas que hagan las veces de Cristo, del narrador y
del pueblo. La Pasión ha de ser proclamada ya por diáconos o presbíteros, ya,
en su defecto, por lectores, en cuyo caso, la parte correspondiente a Cristo se
reserva al sacerdote”.
En la proclamación de la Pasión no se llevan ni luces ni incienso,
ni se hace al principio el saludo al pueblo como de ordinario para el
Evangelio, ni se signa el libro. Tan sólo los diáconos piden la bendición al
sacerdote.
Para el bien espiritual de los fieles conviene que se lea por
entero la narración de la Pasión, y que no se omitan las lecturas que la
preceden.
Por Jimmy
Akin
Fuente: ACI Prensa
