SEIS CONSEJOS PARA INVITAR A ALGUIEN A MISA

A menudo, lo único que una persona necesita es una invitación cordial de alguien en quien confía, como un amigo, un familiar o un compañero de trabajo; alguien como tú

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Siempre es bueno conocer gente nueva los domingos. Puede que estén de paso, que sean nuevos en la ciudad o que estén volviendo poco a poco a la Iglesia después de muchos años. Pero es emocionante, sobre todo, cuando un feligrés trae a un amigo y dice: "Padre, me gustaría presentarle a alguien". Aquí unos consejos para invitar a alguien a misa.

Cualquier momento puede ser bueno para invitar a alguien a ir a la iglesia contigo. Sin embargo, hay momentos en los que las personas anhelan un sentido espiritual más profundo, y una invitación cobra especial sentido. Entre esos momentos se incluyen los de duelo o tristeza, un revés o un desafío, e incluso una sensación general de vacío. A menudo, lo único que una persona necesita es una invitación amistosa de alguien en quien confía, como un amigo, un familiar o un compañero de trabajo; alguien como tú.

A veces dudamos a la hora de invitar a otros a la iglesia, así que aquí tienes algunos consejos para invitar a alguien a la iglesia en cualquier época del año:

1. Pregúntate esto primero

Pregúntate qué es lo que más te gusta de asistir a misa. Por ejemplo, quizá tu sacerdote o diácono siempre transmita un mensaje que te llega al alma, la música de la liturgia o la fe de los demás, que fortalece tu propia fe en Jesús. Después, puedes compartir esta reflexión con la persona a la que invites a acompañarte el domingo.

2. Reza

Reza por la persona a la que quieres invitar y por la gracia necesaria para hacerlo.

3. Sé sencillo

Haz que tu invitación sea muy sencilla. Di: "¿Te gustaría venir a la iglesia el domingo conmigo?". Las palabras más importantes de esa invitación son "conmigo". La idea de entrar solo en una iglesia intimida a la gente. Si no se han criado en el catolicismo, no sabrán qué hacer y pueden temer pasar vergüenza.

Se sentirán mucho mejor si van con un amigo en quien confían. Puede ser útil ofrecerles llevarlos en coche.

4. Un café después

Invítales a tomar un café o a comer después. Si se trata de una Misa vespertina, invítales a cenar a tu casa. Es posible que la mayoría de las personas que no están acostumbradas a la liturgia tengan preguntas sobre lo que han visto y vivido. Darles la oportunidad de hacer preguntas después puede ser útil para animarles a volver una segunda vez y, tal vez, con más frecuencia.

5. Evita las palabras confusas

Muchas personas no están familiarizadas con términos católicos como "Misa" o "Eucaristía", y un lenguaje desconocido puede hacer que se sientan excluidas. Así que simplemente invítalas "a la iglesia", una expresión que todo el mundo entiende.

6. Acepta un "no"; prepárate para un "sí"

Si alguien te dice "no", no te lo tomes como algo personal; quizá aún no esté preparado. Simplemente hazle saber que tu invitación sigue en pie. Por otro lado, si acepta, reafirma su aceptación de tu invitación. Es natural que las personas se sientan tímidas o incómodas después de decir que sí.

Puedes ayudar a disipar esa incomodidad con una breve afirmación y compartiendo una reflexión personal sobre tu parroquia. Considera decir algo como: "Genial. Siempre disfruto de nuestro coro y me encantará tenerte conmigo". O bien: "La oración siempre me reconforta y estoy seguro de que a ti también te reconfortará". Tu afirmación les servirá de apoyo para contrarrestar su timidez.

P. Dave Mercer

Fuente: Aleteia