A menudo, lo único que una persona necesita es una invitación cordial de alguien en quien confía, como un amigo, un familiar o un compañero de trabajo; alguien como tú
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Siempre es
bueno conocer gente nueva los domingos. Puede que estén de paso, que sean
nuevos en la ciudad o que estén volviendo poco a poco a la Iglesia después de
muchos años. Pero es emocionante, sobre todo, cuando un feligrés trae a un
amigo y dice: "Padre, me gustaría presentarle a alguien". Aquí unos
consejos para invitar a alguien a misa.
Cualquier
momento puede ser bueno para invitar a alguien a ir a la iglesia contigo. Sin
embargo, hay momentos en los que las personas anhelan un sentido espiritual más
profundo, y una invitación cobra especial sentido. Entre esos momentos se
incluyen los de duelo o tristeza, un revés o un desafío, e incluso una
sensación general de vacío. A menudo, lo único que una persona necesita es una
invitación amistosa de alguien en quien confía, como un amigo, un familiar o un
compañero de trabajo; alguien como tú.
A veces dudamos
a la hora de invitar a otros a la iglesia, así que aquí tienes algunos consejos
para invitar a alguien a la iglesia en cualquier época del año:
1. Pregúntate
esto primero
Pregúntate qué
es lo que más te gusta de asistir a misa. Por ejemplo, quizá tu sacerdote o
diácono siempre transmita un mensaje que te llega al alma, la música de la
liturgia o la fe de los demás, que fortalece tu propia fe en Jesús. Después,
puedes compartir esta reflexión con la persona a la que invites a acompañarte
el domingo.
2. Reza
Reza por la
persona a la que quieres invitar y por la gracia necesaria para hacerlo.
3. Sé
sencillo
Haz que tu
invitación sea muy sencilla. Di: "¿Te gustaría venir a la iglesia el
domingo conmigo?". Las palabras más importantes de esa invitación son
"conmigo". La idea de entrar solo en una iglesia intimida a la gente.
Si no se han criado en el catolicismo, no sabrán qué hacer y pueden temer pasar
vergüenza.
Se sentirán
mucho mejor si van con un amigo en quien confían. Puede ser útil ofrecerles
llevarlos en coche.
4. Un café
después
Invítales a
tomar un café o a comer después. Si se trata de una Misa vespertina, invítales
a cenar a tu casa. Es posible que la mayoría de las personas que no están
acostumbradas a la liturgia tengan preguntas sobre lo que han visto y vivido.
Darles la oportunidad de hacer preguntas después puede ser útil para animarles
a volver una segunda vez y, tal vez, con más frecuencia.
5. Evita las
palabras confusas
Muchas personas
no están familiarizadas con términos católicos como "Misa" o
"Eucaristía", y un lenguaje desconocido puede hacer que se sientan
excluidas. Así que simplemente invítalas "a la iglesia", una
expresión que todo el mundo entiende.
6. Acepta un
"no"; prepárate para un "sí"
Si alguien te
dice "no", no te lo tomes como algo personal; quizá aún no esté
preparado. Simplemente hazle saber que tu invitación sigue en pie. Por otro
lado, si acepta, reafirma su aceptación de tu invitación. Es natural que las
personas se sientan tímidas o incómodas después de decir que sí.
Puedes ayudar a
disipar esa incomodidad con una breve afirmación y compartiendo una reflexión
personal sobre tu parroquia. Considera decir algo como: "Genial. Siempre
disfruto de nuestro coro y me encantará tenerte conmigo". O bien: "La
oración siempre me reconforta y estoy seguro de que a ti también te
reconfortará". Tu afirmación les servirá de apoyo para contrarrestar su
timidez.
P. Dave Mercer
Fuente: Aleteia
