Ella fue la segunda entrevistada por Ana Milán en la inauguración de su programa en Mediaset (Cuatro).
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| Mediaset (captura) |
La segunda gran
entrevista de Ana Milán en la inauguración de su
programa Ex. La vida
después de ti (Mediaset, Cuatro) fue con Tamara Falcó.
La primera
había sido con la cantante Rosalía, que dejó un buen número de
muestras de la importancia de la fe en su vida, aunque no está bautizada.
El caso de
Tamara es distinto. Como es sabido, tampoco fue formada en la religión, y de
hecho, aunque hizo la Primera Comunión, ni se planteaba la Confirmación ni
Dios formaba parte de su vida cotidiana. Pero hoy es conocida su vinculación
a la Iglesia, intensa, militante y expansiva. Y quedó muy claro en la
intensa charla con su interlocutora.
La fe de
Tamara
Que comenzó con
una tajante declaración: "Yo estoy segura de que Dios existe, de que Jesús
era Dios y creo que hay una realidad espiritual que es una batalla constante
entre el bien y el mal. Y al final, la muerte. Es el final de tu
oportunidad y vas hacia Dios o no".
Como es
palpable, la franqueza de sus convicciones y la correcta
ubicación de sus creencias religiosas -que nos hablan de lo
sobrenatural, no del reparto del producto interior bruto o de la política
carcelaria- iban a permitir un diálogo sobre la vida espiritual.
Porque ella
tiene muy claro:
- qué espera Dios de nosotros: "Dios te ha
ideado a ti desde toda la eternidad para toda la eternidad";
- qué daño nos hace el pecado: "Tiene una
connotación muy negativa, está muy ligado a la separación de la vida de
Jesús, a separarte de Dios";
- sobre qué va a recaer el juicio de Dios:
"Vamos a ser juzgados en el amor, pero es más fácil amar si
te sientes amado... y eso a mí no me pasó hasta que conocí a
Jesús".
Hay que pensar que la Tamara Falcó que era niña
había limitado su práctica religiosa a su primera confesión para su
primera comunión, y poco más. Para 8º de EGB (13 años en la antigua Enseñanza
General Básica) decidió en el colegio cambiarse a Ética, y hasta el
momento de su conversión vivió alejada de toda práctica religiosa.
Una Biblia que llega por sorpresa
En su casa "era complicadísimo creer en
Dios", porque su madre se había casado tres veces y su "tío
Miguel" (el ex ministro Miguel Boyer [1939-2014], pareja
de su madre Isabel Preysler) con quien creció "era totalmente
ateo". Tamara no sabía ni que había misa todos los días.
Su conversión se produjo cuando su padre, Carlos
Falcó, marqués de Griñón, que se había divorciado de Preysler en 1985, la
invitó a pasar una semana juntos en el campo y ella, buscando algo que llevarse
para leer, entró en la Casa del Libro de Madrid y compró una Biblia.
Empezó a leerla en la casa en la que estaban
sin salir de la habitación porque le avergonzaba mostrar ese interés,
hasta el punto de inquietar a su padre. El cual, sin embargo, cuando entró y le
preguntó preocupado, y supo a qué se dedicaba en realidad, se lo tomó a bien y
decidió invitarla a conocer Tierra Santa.
Porque aquella lectura estaba teniendo su
impacto: "Al empezar a leer la Biblia empezó a haber cambios. Se fueron
dando pasos y encontré lo que andaba buscando toda mi vida, que no
sabía ni que lo estaba buscando", explicó Tamara a Ana Milán.
Porque a principios de aquel año Isabel
Preysler le había preguntado a Tamara por qué nunca era feliz, y
ella se había sentido "muy incomprendida".
Al leer las Sagradas Escrituras, sin embargo,
había visto que ese vacío "solamente Dios lo podía llenar": "Dios
empezó a sanar cosas en mi vida, heridas que yo había tenido desde pequeña
o incomprensiones de mi familia", confiesa ahora.
Había descubierto el amor de Dios, al
comprender que Dios la había ideado -a ella como a todas las criaturas- "desde
toda la eternidad para toda la eternidad". Considerar que "cuando
Dios crea el mundo ya sabe que te va a mandar a ti a la tierra" fue una
idea que cambió su perspectiva de la fe: "Pensar que alguien me conocía,
que sabía todo sobre mi, que lo había visto todo y que me seguía queriendo… ¡Era
el Padre perfecto!"
Estas primeras reflexiones las mantuvo en
secreto, pero cuando las comentó con su padre recibió "un
empujoncito": "Mira, yo no he sido muy católico, pero tu abuela [su
madre] era muy católica y yo estoy encantado de que estés
experimentando la fe”.
Las pruebas de Dios
Fue el principio del cambio vital de
Tamara, cuyo resultado es hoy bien conocido y ha quedado de nuevo bien
expuesto en esta conversación con Ana Milán.
“Dios me ha demostrado en tantas formas que
existe que no sería capaz de dejar de creer”, dice ahora, cuando
han pasado tantos años de vida espiritual y formación religiosa: “Yo
estaba muy peleada con la Iglesia. Mi parte del conflicto es que tenía muchos
prejuicios. Hasta que he entrado en la Iglesia no he podido desmontar
todos esos prejuicios, hasta que los he conocido. Y lo he conseguido, sin
lugar a dudas”.
Fuente: ReligiónenLibertad
