“Esta conexión entre migración y esperanza se manifiesta
claramente en muchas de las experiencias migratorias de nuestros días.
Numerosos migrantes, refugiados y desplazados son testigos privilegiados de la
esperanza vivida en la cotidianidad, a través de su confianza en Dios y su
resistencia a las adversidades con vistas a un futuro en el que vislumbran la
llegada de la felicidad y el desarrollo humano integral”, añade el Pontífice
Los migrantes,
mensajeros de esperanza
La Iglesia misma es civitas peregrina, subraya
el Santo Padre citando a San Agustín, y cada vez que cede a la tentación de la
“sedentarización”, deja de estar “en el mundo” y pasa a ser “del mundo”. A la
luz de esta actitud, los migrantes católicos pueden convertirse en “misioneros
de esperanza”, reavivando las energías evangelizadoras o iniciando diálogos
interreligiosos según los contextos geográficos y culturales.
En un mundo
oscurecido por guerras e injusticias, incluso allí donde todo parece perdido,
los migrantes y refugiados se erigen como mensajeros de esperanza. Su valentía
y tenacidad son un testimonio heroico de una fe que ve más allá de lo que
nuestros ojos pueden ver y que les da la fuerza para desafiar la muerte en las
diferentes rutas migratorias contemporáneas.
La missio
migrantium que revitaliza el desierto espiritual
El Papa se refiere a“una verdadera missio migrantium” (misión
realizada por los migrantes), para la cual – precisa - se debe garantizar una
preparación adecuada y un apoyo continuo, fruto de una cooperación
intereclesial eficaz. Recupera así lo que ya escribía san Pablo VI en la
Evangelii nuntiandi. León XIV considera a los migrantes y refugiados como una
“verdadera bendición divina” que, como tal, debe ser reconocida y apreciada.
En efecto, con su
entusiasmo espiritual y su dinamismo, pueden contribuir a revitalizar
comunidades eclesiales rígidas y cansadas, en las que avanza amenazadoramente
el desierto espiritual. Su
presencia debe ser reconocida y apreciada como una verdadera bendición divina,
una oportunidad para abrirse a la gracia de Dios, que da nueva energía y
esperanza a su Iglesia
Hospitalidad y
fraternidad
Según el Pontífice, también las comunidades que acogen a los
migrantes pueden ser un “testimonio vivo de esperanza”, entendida como “promesa
de un presente y un futuro en el que se reconozca la dignidad de todos como
hijos de Dios”.
De este modo, los
migrantes y refugiados son reconocidos como hermanos y hermanas, parte de una
familia en la que pueden expresar sus talentos y participar plenamente en la
vida comunitaria.
Con motivo de esta jornada jubilar en la que la Iglesia reza por
todos los migrantes y refugiados, el Papa León XIV concluye su Mensaje
encomendando a todos los migrantes, así como a los que se esfuerzan por
acompañarlos, “a la protección maternal de la Virgen María, consuelo de los
migrantes, para que mantenga viva en sus corazones la esperanza y los sostenga
en su compromiso de construir un mundo que se parezca cada vez más al Reino de
Dios, la verdadera Patria que nos espera al final de nuestro viaje”.
Fuente: Vatican News