5 SÍNTOMAS DE QUE UN CRISTIANO PADECE DUREZA DE CORAZÓN

Circula en las redes una frase dulzona: basta ser buena persona. Pero para Dios eso no es suficiente, y el cristiano que tiene dureza en el corazón está perdido

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El cristiano de hoy vive con demasiado ruido en su cabeza. Las preocupaciones de la vida le alejan de lo verdaderamente importante y no quiere detenerse a escuchar lo que dicta su conciencia: "Le perteneces a Dios y un día volverás a Él". Pero no quiere interrumpir su activismo y comienza a presentar una dureza de corazón que terminará perdiéndolo.

Y, como cualquier enfermedad, estos son los síntomas que deben mantenerle alerta.

1. Estar ocupado para Dios

Todo cristiano sabe que debe orar. Sin embargo, busca pretextos para no dedicarle ni siquiera cinco minutos de su día. Siempre está muy ocupado y más lo está para Dios. Aún en los momentos de calma, se rehúsa a hablar con el Señor.

Pasa como con las personas que ya no le son atractivas o simpáticas. Ignora su presencia y las elude con cualquier excusa. A Dios lo trata de la misma manera.

2. Confesarse solo por cumplir

Se confiesa, sí, pero el demonio de la dureza de corazón le indica a este hermano que debe hacerlo aprisa, solo para recibir la absolución. No siente arrepentimiento sincero, solo frialdad. hay que decirlo: esa confesión no es válida. Estuvo malhecha y no hay propósito de enmienda ni verdadero deseo de conversión.

3. No participar en la Eucaristía

Y lo mismo podríamos decir de su presencia en la Eucaristía: va por no cometer pecado, pero no canta, no ora, no se une a la comunidad. Piensa en otras cosas, menos en el Sacrificio incruento del Señor Jesús que se está realizando en el altar.

Una santa Misa vivida con tanta indiferencia poco fruto puede dar en el alma del cristiano.

4. Ignorar al hermano necesitado

Encuentra en las calles a muchos pedigüeños y piensa: "ese está muy joven, ¡que trabaje!", y pasa junto al hermano necesitado sin prodigarle ni siquiera una sonrisa. Es verdad que a veces no trae ni una moneda, pero por lo menos debería tratarlo como persona.

Ojalá recordara que es Cristo mismo quien se presenta en los más desafortunados y que de ellos nos pedirá cuentas el Señor. Ah, pero no solo en la calle, tal vez en casa tenga a alguien que lo necesite...

5. Creerse buena persona

Murió su conciencia, le da igual pecar, mató su corazón. Cree que porque no le hace mal a nadie es una buena persona. El demonio de la soberbia le impide abrirse a la gracia de Dios y se niega a escuchar a quien le alerta que no va por buen camino.

Se siente autosuficiente y piensa que ya se ganó el cielo, porque "Dios es muy bueno y no condena a nadie", por eso no se esfuerza en contrarrestar sus pecados y convertirse de verdad.

¿Identificas alguno de estos síntomas en tu vida?

Mientras tengas vida hay oportunidad

Es necesario que tomemos conciencia de lo que estamos haciendo con nuestra vida interior y pidamos perdón a Dios, fomentando en nosotros lo que dice el Catecismo de la Iglesia católica:

"El corazón del hombre es torpe y endurecido. Es preciso que Dios dé al hombre un corazón nuevo (cf Ez 36,26-27). La conversión es primeramente una obra de la gracia de Dios que hace volver a Él nuestros corazones: 'Conviértenos, Señor, y nos convertiremos' (Lm 5,21). Dios es quien nos da la fuerza para comenzar de nuevo" (CEC 1432).

Recordemos que mientras vivamos tendremos oportunidad de convertirnos y que con la muerte solo quedará el juicio y nuestro destino final. Que sea el Señor el que nos ayude a volver a Él para no perdernos.

Mónica Muñoz

Fuente: Aleteia