Circula en las redes una frase dulzona: basta ser buena persona. Pero para Dios eso no es suficiente, y el cristiano que tiene dureza en el corazón está perdido
![]() |
| VideoBCN |
El cristiano de
hoy vive con demasiado ruido en su cabeza. Las preocupaciones de la vida le
alejan de lo verdaderamente importante y no quiere detenerse a escuchar lo que
dicta su conciencia: "Le perteneces a Dios y un día volverás a Él".
Pero no quiere interrumpir su activismo y comienza a presentar una dureza de
corazón que terminará perdiéndolo.
Y, como
cualquier enfermedad, estos son los síntomas que deben mantenerle alerta.
1. Estar
ocupado para Dios
Todo cristiano
sabe que debe orar. Sin embargo, busca pretextos para no dedicarle ni siquiera
cinco minutos de su día. Siempre está muy ocupado y más lo está para Dios. Aún
en los momentos de calma, se rehúsa a hablar con el Señor.
Pasa como con
las personas que ya no le son atractivas o simpáticas. Ignora su presencia y
las elude con cualquier excusa. A Dios lo trata de la misma manera.
2. Confesarse
solo por cumplir
Se confiesa, sí, pero el demonio de la dureza de corazón le
indica a este hermano que debe hacerlo aprisa, solo para recibir la absolución.
No siente arrepentimiento sincero, solo frialdad. hay que decirlo: esa
confesión no es válida. Estuvo malhecha y no hay propósito de enmienda ni
verdadero deseo de conversión.
3. No
participar en la Eucaristía
Y lo mismo
podríamos decir de su presencia en la Eucaristía: va por no cometer pecado, pero no canta, no
ora, no se une a la comunidad. Piensa en otras cosas, menos en el Sacrificio
incruento del Señor Jesús que se está realizando en el altar.
Una santa Misa
vivida con tanta indiferencia poco fruto puede dar en el alma del cristiano.
4. Ignorar
al hermano necesitado
Encuentra en
las calles a muchos pedigüeños y piensa: "ese está muy joven, ¡que
trabaje!", y pasa junto al hermano necesitado sin prodigarle ni siquiera
una sonrisa. Es verdad que a veces no trae ni una moneda, pero por lo menos
debería tratarlo como persona.
Ojalá recordara
que es Cristo mismo quien se presenta en los más desafortunados y que de ellos
nos pedirá cuentas el Señor. Ah, pero no solo en la calle, tal vez en casa
tenga a alguien que lo necesite...
5. Creerse
buena persona
Murió su conciencia, le da igual pecar, mató su corazón. Cree que
porque no le hace mal a nadie es una buena persona. El demonio de la soberbia
le impide abrirse a la gracia de Dios y se niega a escuchar a quien le alerta
que no va por buen camino.
Se siente
autosuficiente y piensa que ya se ganó el cielo, porque "Dios es muy bueno
y no condena a nadie", por eso no se esfuerza en contrarrestar sus pecados
y convertirse de verdad.
¿Identificas
alguno de estos síntomas en tu vida?
Mientras
tengas vida hay oportunidad
Es necesario
que tomemos conciencia de lo que estamos haciendo con nuestra vida interior y
pidamos perdón a Dios, fomentando en nosotros lo que dice el Catecismo de la
Iglesia católica:
"El
corazón del hombre es torpe y endurecido. Es preciso que Dios dé al hombre un
corazón nuevo (cf Ez 36,26-27). La conversión es primeramente una
obra de la gracia de Dios que hace volver a Él nuestros corazones:
'Conviértenos, Señor, y nos convertiremos' (Lm 5,21). Dios es quien nos da
la fuerza para comenzar de nuevo" (CEC 1432).
Recordemos que
mientras vivamos tendremos oportunidad de convertirnos y que con la muerte solo
quedará el juicio y nuestro destino final. Que sea el Señor el que nos ayude a
volver a Él para no perdernos.
Mónica Muñoz
Fuente: Aleteia
