¿AGRADECES A DIOS EN TODO MOMENTO O SOLO CUANDO TE VA BIEN?

Es fácil agradecer cuando todo está bien y en calma, pero cuando llega la tempestad olvidamos que Dios tiene un plan perfectamente diseñado para cada uno

Dominio público

Estamos acostumbrados a la buena vida. Y cuando todo va bien, deseamos que nunca llegue la adversidad. En esos momentos damos gracias a Dios con alegría. Pero no es posible vivir sin dolor, pues la vida no es una carretera en línea recta al cielo, por el contrario, cuando menos lo pensamos, surge algún problema, una enfermedad, un accidente, una muerte, alguna circunstancia adversa que nos desalinea el esquema perfecto. Es entonces cuando nos cuesta agradecer a Dios por lo que nos da.

¿Por qué a mí, Señor?

Y sí, el ser humano siempre se rebelará ante el sufrimiento. Una mujer pensaba: "yo rezo, voy a Misa, comulgo, me confieso, ¿por qué, entonces, tengo cáncer? ¿Por qué a mí, Señor?" Tal vez alguien tendría que preguntarle: "¿Y por qué no?" Nadie en esta vida está exento de experimentar el sufrimiento.

Porque justamente es en las dificultades en las que deberíamos agradecer más al Señor, ya que todo lo que nos ocurre tiene un propósito dentro de su perfecto plan diseñado a la medida de cada uno: Llevarnos al cielo.

No nos trata como merecemos

Resulta obvio que a Dios debemos agradecerle siempre y en todo lugar, pero sobre todo porque no nos trata como realmente lo merecemos. Dice el Salmo 103 (8-10):

"El Señor es bondadoso y compasivo,
lento para enojarse y de gran misericordia;
no acusa de manera inapelable
ni guarda rencor eternamente;
no nos trata según nuestros pecados
ni nos paga conforme a nuestras culpas".

¿Quién es suficientemente bueno como para presumir sus buenas obras? ¿Quién se libra de ser pecador? Nadie, es verdad. Por eso, que Dios nuestro Señor se acuerde de nosotros y nos siga amando a pesar de todas nuestras maldades, es motivo más que suficiente para darle gracias.

Así es que, veámoslo de esta manera: en el momento de la aflicción, es obra de su infinita bondad y misericordia que permite que en esta vida comencemos a experimentar un adelanto del purgatorio. Y si a eso le añadimos el agradecimiento, seremos mucho más agradables al Señor.

Nada que nos ocurra, si se lo ofrecemos a Dios, quedará sin recompensa. Recordemos que Él lo ha prometido:

"Les aseguro que no quedará sin recompensa el que les dé de beber un vaso de agua por el hecho de que ustedes pertenecen a Cristo" (Mc 9, 41).

Nuestro Señor toma en cuenta todos nuestros esfuerzos, por eso, demos gracias a Dios por todo lo que permite que ocurra en nuestra vida. Confiemos en que sus planes son mejores que los nuestros, y aún con lágrimas en los ojos, digamos con fe:

"Gracias por todo, Señor. Que se haga tu voluntad".

Mónica Muñoz

Fuente: Aleteia