Entrevista a Christian Gálvez, presentador de televisión y escritor
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| Christian Gálvez, durante la entrevista en El Debate |
Uno de los rostros más conocidos de la televisión se sincera
al máximo: de «enfadarse con Dios» a escribir libros sobre Él
Quien tenga la idea de que Christian Gálvez (Madrid,
1980) solo es un hábil presentador de concursos –lo que tampoco es un arte
menor–, se estará perdiendo otra faceta suya menos conocida pero donde se
maneja con similar soltura y acierto: la literatura. Ha dado
suficientes pruebas de ello: sus libros sobre Leonardo o Miguel
Ángel se convirtieron en éxitos de ventas y mostraron su faceta de
concienzudo investigador y lector voraz. Luego llegó su conversión al
catolicismo y la fascinación por el cristianismo de los primeros tiempos, y
escribió Te he llamado por tu nombre y Lucas. El
evangelista de los invisibles.
Ahora acaba de publicar He vencido al mundo (editorial
Suma), una novela donde desentraña la Pasión de Cristo a través de los ojos de
tres personajes: la Virgen María, Judas Iscariote y el
centurión.
–Dice que su novela «no viene a corregir los hechos, sino
a explorar los huecos entre ellos». ¿Qué huecos faltan en la historia?
–Quería explorar la posibilidad de contar la misma historia
que ya conocemos desde el punto de vista de aquellos que lo perdieron todo. Hay
una frase que me encanta, en una de las cartas de Pablo, que
dice: Antes erais tinieblas, ahora sois hijos de la luz. Vivid como
hijos de la luz. Por tanto, explorar la luz y la sombra dentro de la propia
Semana Santa me parecía, desde el punto de vista literario, brutal.
Por eso cogí a Judas, a María, a a los centuriones, y
dije: Vamos a contar la misma historia, pero cambiando el cómo y el
punto de vista. Hay silencios en el Nuevo Testamento, pero no silencios por
omisión, sino porque el estilo de narrativa conllevaba ese tipo de literatura.
Es decir, cuanto más escribías, más caro te costaba el
papiro, y más complicado era de transportar. Estamos hablando de hace 2000
años. Por eso me quería parar a pensar y a escribir qué sentirían aquellas
personas que tuvieron que entregar a quien más amaban por propósitos
diferentes.
–Sobre Judas, usted afirma que «sabemos lo que hizo, pero
casi nada de lo que ocurrió dentro de él»...
–Claro, porque Jesús le rescató sin ninguna duda. Para mí,
para la imagen que yo tengo de Jesús de Nazaret, Judas ya estaba
perdonado antes de que naciera. Pero esa es mi idea como creyente.
El problema es que la figura de Judas se ha torturado
durante 2000 años de historia. ¿Por qué te digo esto? Porque tampoco tenemos
muy claro qué papel fundamental tenía Judas.
Es decir, Jesús ya sabe y comunica hasta en tres ocasiones a
sus discípulos que se tiene que ir, que va a ser entregado en manos de los
hombres, que le van a torturar, que le van a dar muerte y que él va a
resucitar. De hecho, él dice: Yo he vencido al mundo en la
última cena, antes de que suceda todo lo que tenía que suceder.
Por lo tanto, él es consciente de que necesita un grupo de
personas que le ayuden a cumplir ese propósito. La pregunta es: ¿Judas es
elegido por su debilidad para la traición, o por su fortaleza para aguantar el
peso de la historia?
Porque Jesús necesariamente e inexorablemente quiere que
alguien le entregue. Y ahí entra la disyuntiva: ¿traicionó o entregó?
–Pero ese debate ya lleva siglos en la historia de la
Iglesia...
–Sí, Benedicto XVI le dio mucha
importancia.
–Judas, evidentemente, nunca perdió su capacidad de ser
libre. No estaba predestinado: esa es la doctrina de la Iglesia...
–Sí, también se recoge así en el evangelio apócrifo de
Judas.
–Y en los propios sinópticos. Pero la frase que dice
Jesucristo sobre Judas también es demoledora: «Más le valdría no haber
nacido»...
–Sí, pero, por esa regla de tres, explorando los silencios
que nos encontramos en los Evangelios, ¿quién no traiciona a Jesús?
–Pero el pecado más grave de Judas no es que traicione a
Jesús, sino que desconfíe después de Él, de su perdón. Pensar que su pecado es
demasiado grande como para ser perdonado. Ya sabemos que Pedro también le
traiciona y...
–Claro, pero Pedro se hunde. Y Jesús le rescata del agua.
Pedro le niega y es perdonado. A pesar de la advertencia. Tomás duda, a pesar
de haber resucitado.
Solo Juan y las mujeres permanecieron a su lado.
–Pedro sí asume su traición y acepta el perdón...
–Es muy complicado de explorar, porque luego entramos en
¿qué visión de Jesús tratamos? Porque hay cuatro visiones diferentes.
–Se refiere a los Evangelios...
–Sí. Cuatro visiones no muy diferentes, porque convergen en
la misma figura, pero cada una escrita para una audiencia muy determinada. Y
esto, creo, que tú y yo de eso de audiencia sí que sabemos, ¿no?
–Seguro que tú más que yo, que llevas mucho tiempo en la
televisión...
–A quién va dirigido el mensaje que queremos transmitir,
¿no? Y, en el caso de los Evangelios, también. Es decir, la duda del perdón de
Dios a Judas, ¿es pertinente o es impertinente?
Yo creo que es pertinente. Yo he dudado. Yo he dudado de
todo. De hecho, me he querido enfadar con él. Y, aún así, creo en los milagros.
Yo ya no puedo decir que creo en Dios. Yo no creo en Dios. Yo tengo la absoluta
certeza. Yo tengo la absoluta certeza de que existe. La tengo. Y fui creyente:
casi firmé una apostasía y volví a creer. Y ahora ya no creo. Porque tengo la
certeza. Por lo tanto, creo que es terriblemente humano.
Cerca de apostatar
–¿Llegaste a plantearte la apostasía?
–Sí. Tuve el papel delante... Se lo pedí a mi madre para que
lo pidiera en la parroquia donde fui bautizado. Sí, sí. Me enfadé tanto con
Dios que... Mi madre intentó retrasarlo, y cuando lo tuve, dije: Vale,
perfecto, ya lo tengo. Pues un día que tenga un rato, firmo, lo presento y tal.
Y nunca lo hice.
–¡Las madres! ¿Y qué fue lo que te enfadado tanto con
Dios? Si se puede saber...
–Sí, sí. Lo he contado antes. Hice un documental en Camboya
en el año 2009 sobre turismo sexual. Sobre pederastia. Y para ello, con cámaras
ocultas, tuve que hacerme pasar por un cliente, y vi algo que no...
Que prefiero no contar, pero imagínatelo...
–¿Pero te llevó a dudar de Dios o a enfadarte con la
Iglesia? ¿O ambos?
–Siempre decía: Es que perdí la fe. Pero no era
una cuestión de perder la fe. No. Porque yo estaba enfadado con Dios.
–O sea, que venías enfadado de antes, pero viste algo...
–No, no, no. Me enfadé ahí. Porque para mí no era el Dios
que me habían contado. O el Dios del que yo había leído. A mí, desde la
adolescencia, siempre me interesó este tema. Leía a J.J. Benítez y
su Caballo de Troya, y todas estas cosas. Empecé a leer la
Biblia, los apócrifos, etcétera, etcétera. Y me interesaba muchísimo la figura
de Jesús de amor, del perdón, de cómo absolutamente cambia la antigua alianza
para forjar una nueva con una sola palabra: abba. Eso que
dice: papá. Y pensé: ¡Buah! Esto es brutal.
Y, sin embargo, yo no vi a papá en
Camboya...
–¿Qué fue lo que te reconcilió con él?
–El amor
–¿En concreto?
–Mi mujer...
Yo siempre digo que Dios no me llamó por mi nombre, pero sí
me mandó un ángel para que me llamara por mi nombre. Ahí entendí que Dios no me
tenía en cuenta que me hubiese enfadado con él... Me había perdonado.
Cuando conocí a mi mujer estaba en un momento súper
complicado. Súper complicado. Después de la pérdida de Pasapalabra,
después de la pandemia, perdidas familiares... estuve a punto de perder a mi
padre.
Después, también, de fracasar en el amor. Estaba
separándome, divorciado y tal. Y después conocí a mi mujer y me devolvió
absolutamente la fe en todo.
Me devolvió la fe más importante, que era la fe en mí mismo.
Porque cuando no tienes fe en ti mismo, el resto... Me devolvió absolutamente
la fe en todo. Ella es creyente. Y, además, de manera muy, muy pública. Es de
Santiago. Y poco a poco, y desde otra madurez, empecé a entender el verdadero
significado del Nuevo Testamento.
Enfadado con Dios
–¿Qué le dirías a alguien que sigue enfadado con Dios
porque le ha ido mal en la vida? Humanamente es muy comprensible...
–Yo, primero, les haría una pregunta: ¿Sólo te acuerdas de
Dios cuando las cosas van mal?
¿Culpas a Dios porque las cosas van mal? ¿Agradeces a Dios
porque las cosas van bien? O sea, ¿dónde colocas a Dios en tu vida?
¿Dónde colocas el mensaje? ¿Dónde lo colocas? Y luego le
diría: Si estás culpando a Dios por un daño colateral, por una pérdida,
por un duelo... vuelve a leer la Biblia. Porque en ningún momento dice
que todo te va a ir bien.
–Pero algunos te verán y dirán: Pues a ti te va
muy bien...
–Sí, pero yo he pasado por el duelo también. Yo he pasado
por el sacrificio. Por el sacrificio voluntario.
He pasado por sacrificios involuntarios y por sacrificios
voluntarios. ¿Cuánto estoy dispuesto a sacrificar para alcanzar un propósito?
Que ese es el mensaje de Jesús.
Lo que pasa es que Jesús lo sacrificó todo. Absolutamente
todo. Quizá no se trata de eso, pero que cada uno cargue con su cruz.
Es decir, a mí me va bien. A mí me va bien porque me ha ido
mal y porque he aprendido del error y porque he sacrificado cosas a pesar de
los sanedrines, a pesar de los linchamientos, a pesar de la exposición pública,
a pesar de todo. Pero yo tenía un propósito.
–¿Qué te dice la gente que te conoce de toda la vida y
ahora te ve en esta faceta cristiana?
– (Guarda silencio durante unos segundos, y después
sonríe). Que me ven en paz. Algunos flipan. Algunos se ríen. Pero yo me río
con ellos. Algunos se burlan. Me refiero a gente cercana, gente de confianza,
amigos. Y yo me río con ellos.
–¿Te dicen ahora que eres un beato y cosas de esas?
–Me mandan cosas como una foto de la Biblia: Prueba
de que Dios existe. Y luego me mandan una foto del cómic de
Spiderman: Prueba de que Spiderman existe.
Les digo: ¿Sabes? Tío, pero si quieres te lo
explico. Y si no, no te lo explico. Pero ya depende de tu capacidad de diálogo.
Ahí la gente se achanta un poco y claro, si empezamos a hablar de 1.500 años de
escritura, más de 2.000 referencias cruzadas, si empezamos a hablar de todo...
Por eso te digo que tengo la certeza de que existe, que ya
no es un acto voluntario de yo decido creer que exista Dios porque creo
que me puede ir mejor en la vida. No, no, no. Yo tengo la certeza.
Yo creo en los milagros. Lo he visto. Igual tenemos que
cambiar cuál es el concepto de milagro también.
Pero si te burlas y no quieres entrar en el diálogo, igual
el que tienes miedo eres tú. Porque igual se te ven las costuras.
La vuelta a la fe
–¿Estás notando esa cierta vuelta a la fe de gente adulta
que regresa a la Iglesia o que se está bautizando en un número cada vez más
grande?
–Gente adulta y no tan adulta. Gente joven. Sí, sí.
Por un lado está el gran bloque que tiene que ver con la
espiritualidad. Luego entraríamos en la fe y en la religión. Pero en cuanto a
la espiritualidad, en cuanto a volver a hacerse preguntas a veces incómodas:
¿Cuál es el propósito? ¿Qué hago aquí? ¿Hacia dónde voy? ¿Tengo un vacío? ¿En
las redes ya no? ¿Scrolling? Al final la fe está llena de por
qués y muchas veces no hay respuestas. Y eso forma parte del misterio.
Eso por un lado.
Y luego se ha perdido –no sé si miedo es la palabra–, pero
el pudor, la vergüenza de decir que soy creyente y estoy en paz. Y creo que eso
ayuda mucho que se diga, pero desde tu vecino de al lado, tu amigo, tu familiar
o artistas como Rosalía. Luego podríamos abrir el melón de si
es una estrategia de marketing o es una conversión real.
–Alguno también podría decir eso de ti...
–No; de hecho, yo empecé antes. No tiene por qué ser una
moda porque, al final, a la hora de generar contenidos, como pueden ser libros
o programas de televisión, nadie tiene la fórmula matemática perfecta. Nadie la
tiene.
Escribo porque quiero escribir esto. Y porque tengo la
enorme fortuna de tener una editorial que me permite –independientemente de las
diferencias de credo que tenga cada uno– hacerlo, porque saben que me voy a
meter hasta el final.
Pero, al final, es verdad que a mí no me han criticado, ni
siquiera me han colocado en la ola de la moda. Hay una frase en el Evangelio
que me fascina: Quien tenga oídos para oír, que oiga. Las modas son
pasajeras. Pero esta ha venido para quedarse.
–O nunca se ha ido esta moda. En el fondo, Dios siempre
actúa, aunque en algunas épocas se perciba menos que en otras... ¿Veremos esta
novela tuya alguna vez convertida en serie o en película? Ahora está
también muy de moda hacer series como The Chosen o La
casa de David...
–No he empezado La casa de David. Tengo que
verla.
–¡No lo dudes! Es estupenda.
–Seguro. Y The Chosen me parece
maravillosa. Me parece brutal.
Luego yo puedo estar más o menos de acuerdo en cómo cuentan
la historia, pero rellena muchísimos de los silencios de los que hablábamos
antes. Es que, en el momento en el que Simón el Celote dice Hola,
ya es apócrifo. Porque Simón el Celote aparece en cuatro líneas en el Nuevo
Testamento.
A mí me parece maravilloso y me parece una manera de
acercar, pero sobre todo porque, y permíteme esta expresión, es ponerle
pantalones vaqueros. Que es para todos. Que no es de altares. Que no es
de... Es hacer una especie de jerarquía horizontal en la que es de tú a tú. Y
me parece que es una manera de evangelizar muy potente y muy mainstream.
–¿Entonces tu última novela, en la que tratas la Pasión
de Cristo, la veremos convertida en serie o película, o no?
–Es que verla convertida en un libro ya me parece un
milagro. El hecho de que consiga entretener –porque se hace para entretener– me
parece otro milagro. Hay gente que me plantea: Oye, ¿qué me ha pasado?
Me he leído tu libro, y me he vuelto a leer la Biblia. Y la he entendido ahora.
Claro, es que, igual si la leíste con 15 años, pues entenderías unas cosas,
ahora otras, ¿sabes?
Sobre todo porque tienes una mayor percepción de lo que es
el dolor, la pérdida, el sacrificio, el amor, la honestidad, el perdón, la
misericordia. Pues igual ahora lo entiendes desde ese otro lugar. Eso es un
milagro.
No tengo en mente que se acabe convirtiendo en una serie o
película. Y mira que me dedico a lo audiovisual.
– Exacto, algo sabes de eso...
– Pero... ¿Quién sabe? Nunca digas nunca...
Álex Navajas
Fuente: El Debate
