El “sincretismo” de d’Ors “está sembrando mucha confusión en muchas personas”, señala Munilla
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El 6 de mayo de 2022, el sacerdote Pablo d’Ors,
autor de diversos libros donde busca una confluencia entre el budismo y
el cristianismo, ofreció la conferencia inaugural del I Congreso
Iberoamericano de Profesores de Religión, bajo el título Jesús de
Nazaret, maestro de la consciencia.
Aunque han pasado casi tres años, el eco de lo que entonces
dijo sobre Jesucristo, que en numerosas ocasiones ha sintetizado en
la frase “Jesús fue un yogui o maestro de yoga” no se ha
extinguido, y muchas personas, principalmente profesores de religión, acudían
al obispo de Orihuela-Alicante, José Ignacio Munilla, pidiendo un
“discernimiento”.
Este viernes, monseñor Munilla satisfizo esa demanda con una
intervención difundida a través de su canal de Youtube, que ha titulado con
rotundidad Jesús no fue un yogui. (Ver abajo el vídeo completo.)
En dicha intervención responde punto por punto a
afirmaciones de d’Ors mostrando que se oponen directamente a los
Evangelios. Y extiende su discernimiento también a las obras de otros
teólogos, como el jesuita Javier Melloni u otro
sacerdote, Andrés Torres Queiruga, o de su precedente más
célebre, Rudolf Bultmann (1884-1976), todos coincidentes en
una visión inmanentista del cristianismo y en una negación, explícita o
implícita, de la divinidad de Jesús y de la veracidad de los Evangelios.
El “sincretismo” de d’Ors “está sembrando mucha confusión en
muchas personas”, señala Munilla.
Dos errores de Pablo d'Ors
D’Ors –explica el obispo- afirma que hay que “deconstruir”
lo que creemos sobre Jesús a través de las Escrituras y de la Tradición de la
Iglesia.
Y lo hace a conciencia con dos errores.
- Jesús
aprendió su sabiduría en la India o el Tíbet
Jesús fue un sabio que en sus años de vida oculta
probablemente estuvo en la India o en el Tíbet, donde aprendió la
sabiduría oriental, sostiene d’Ors.
Pero hacer este tipo de afirmaciones “supone no
respetar los Evangelios”, dijo el prelado donostiarra y es una mera
“proyección en Jesús de una ideología sincretista entre
cristianismo y budismo”.
Pero “basta asomarse a los Evangelios” para ver que esa
afirmación ideológica “no tiene encaje” en ellos.
Pone tres ejemplos:
- cuando
Jesús regresó a Belén y se puso a enseñar en su sinagoga,
la gente que le conocía y conocía a sus padres y familiares, se preguntaba
admirada de dónde sacaba esa sabiduría y esos milagros (cf. Mt 13, 54-56);
si hubiese estado largos años viviendo lejos de sus coetáneos, éstos “no
se sorprenderían de esa sabiduría”, explica Munilla, pues la
atribuirían a esa estancia lejana: “Es disparatada la
afirmación de que Jesús durante la vida oculta no vivió en Nazaret”;
- también
el Evangelio de San Juan, cuando recoge el discurso del Pan de
Vida que Jesús predica en Cafarnaún, señala que “los
judíos murmuraban de Él porque había dicho: 'Yo soy el pan bajado del
cielo', y decían: '¿No es este Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su
padre y a su madre? ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo?' (Jn 6,
41-42). “Es decir”, comenta Munilla, “Jesús había sido plenamente conocido
en la vida oculta, sus coetáneos sabían que había convivido en la
carpintería con José”.
- -En
el evangelio de San Lucas, en el episodio en el que Jesús se
pierde en el Templo, “esa sabiduría extraordinaria de Jesús ya se
había manifestado”: teía unos doce años y “lo encontraron en el templo
sentado en medio de los maestros escuchándolos y haciéndoles preguntas, y
todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las
respuestas que daba” (Lc 2, 42-52).
Por todo ello, concluye Munilla, “afirmar que la sabiduría
de Jesús viene de su Estancia en la India o en el Tíbet antes de iniciar su
vida pública es una falta de respeto a los evangelios”.
- Jesús
no aprendió su sabiduría del Padre
Pero además, la tesis de Pablo d’Ors supone “una concepción
cristológica equivocada”, pues afirma que “no parece que sea sensato
sostener que esa sabiduría de Jesús la hubiese aprendido directamente de su
padre Dios”.
“Es una afirmación tremenda”, califica Munilla,
porque en los Evangelios se dice explícitamente que “la sabiduría de Jesús
proviene del Padre”.
Así dice el propio Jesús: “En verdad, en verdad os digo: el
Hijo no puede hacer nada por su cuenta sino lo que viere hacer al Padre.
Lo que hace este, eso mismo hace también el Hijo, pues el Padre ama al Hijo y
le muestra todo lo que Él hace” (Jn 5, 19-20).
O también: “Mi doctrina no es mía, sino del que me
ha enviado” (Jn 7, 16).
O también: “Porque yo no he hablado por cuenta mía; el Padre
que me envió es quien me ha ordenado lo que he de decir y cómo
he de hablar” (Jn 12, 49).
El error de Torres Queiruga
¿Qué subyace a estos dos errores? El fondo de la cuestión,
dice el obispo de Orihuela-Alicante, es “cómo entendemos la Revelación de
Dios”.
El teólogo Andrés Torres Queiruga, explica, extendió un
error de consecuencias muy graves en su libro Repensar la revelación,
error según el cual la Revelación no son unas verdades que Dios dicta desde lo
Alto, sino una toma de conciencia: Jesús no viene a revelarte un mensaje, un
anuncio, sino que te ayuda a descubrir lo que anida dentro de ti:
“Es una interpretación subjetivista de la Revelación, una
concepción inmanentista y no trascendente de la Revelación”,
denuncia Munilla, quien añade que, en esta perspectiva, la Revelación es caer
en la cuenta de la verdad que está en ti, no que Dios, por su misericordia, te
muestra una Verdad que es trascendente.
Joseph Ratzinger, como teólogo, hizo una severa
crítica a esta teoría porque, señala Munilla, “esta concepción de la
Revelación la aleja completamente de la concepción católica”. El 30
de marzo de 2006, la Conferencia Episcopal Española respondió a este error con
la instrucción pastoral Teología y secularización en España (se abre PDF).
Aquel documento respondía a una “deriva” que estaba
aconteciendo en algunas facultades teológicas. Durante la Jornada Mundial de
las Familias que se celebró en Valencia aquel año, Benedicto XVI ,
en su encuentro con los obispos españoles, hizo mención a ese documento y les
dijo algo que Munilla, recién nombrado obispo de San Sebastián pero aún no
instalado en su sede y que estaba presente, confiesa que le conmovió: “Habéis
salido en defensa de la fe de los sencillos y Dios os lo pagará”.
Herederos de Bultmann
En el fondo, el error de Torres Queiruga repetía el de Rudolf
Bultmann, un teólogo protestante alemán “que por desgracia también
tuvo gran influencia en la crisis del postconcilio en no pocos teólogos
católicos”.
Hablaba de “desmitificar el cristianismo”, lo que consiste
en “descartar como absurda la posibilidad de que Dios llegue a mantener una
relación personal con nosotros”. Este “prejuicio ideológico” de Bultmann
negaba la Encarnación, negaba que Dios se dejase “palpar y tocar” en Jesucristo
y presentaba el panteísmo y el deísmo como “una alternativa más moderna a
la fe judeocristiana”.
D’Ors, en esta línea, lanza la idea de que “Jesús invitaba a
quienes se encontraban con Él a mirarse a sí mismos para encontrar allí
la verdad”. La realidad, sin embargo, es que el Evangelio “no dice eso”,
sino lo contrario: “Quien me ha visto a mí ha visto al Padre” (Jn 14, 9). Es
decir, “el conocimiento de la intimidad de Dios es un conocimiento
sobrenatural revelado por Dios en Jesucristo que no podemos alcanzarlo
buceando en nuestra autoconsciencia. Dios es infinitamente superior al hombre y
si no se hubiese revelado en Jesucristo no podríamos tener ese conocimiento”.
"Nos correrían a gorrazos"
Munilla hace otro paréntesis para recordar que el encuentro
con Dios en la intimidad interior “forma parte de la tradición católica de
todos los siglos y por desgracia hoy en día parece que hablar de interioridad o
de silencio interior para escuchar la voz de Dios es como
acudir al budismo”.
“¿Pero de dónde hemos sacado eso?”, se pregunta: “Si
levantaran la cabeza San Ignacio de Loyola, San Juan de la
cruz o Santa Teresa de Jesús y viesen cómo hoy día
confundimos la interioridad y el recogimiento con el yoga o con el budismo, yo
creo que nos correrían a gorrazos: los grandes maestros de la vida
espiritual nos enseñaron a vivir la interioridad sin recurrir ni al zen ni al
yoga ni a nada por el estilo”.
Es precisamente otra diferencia con el budismo, para el cual
el silencio interior es un fin en sí mismo, mientras que para el
cristianismo “el silencio interior es un medio para el diálogo con
Dios”: “Nuestra meta no es la autoconsciencia, nuestra meta es el encuentro con
Dios, con las tres personas divinas”.
Otro error de Pablo d'Ors
Munilla señala otro error de Pablo d’Ors, que es interpretar
el Reino de Dios en nosotros como “una consciencia unitaria”. Pero “la fe
cristiana proclama que nuestro encuentro con Dios es un encuentro
personal, dual, de tú a tú: hay un Tú con mayúsculas que es el de Dios y
hay un tú con minúsculas que es el nuestro, pero es dual, no es unitario”. En
el budismo, sin embargo, no hay un concepto de un Dios personal con el que
hablas, sino que “todo se reduce a alcanzar un estado de nirvana en el que te
encuentras contigo mismo y con todo el universo”.
“Nosotros somos personas humanas”, recuerda, “precisamente
porque hemos sido creados a imagen y semejanza del Dios que es persona”
y eso “nos permite tener una relacionalidad con Dios por su misericordia con
nosotros”.
Sin embargo, autores como Javier Melloni y otros “afirman
que hay que superar el paradigma de la imagen de un Dios
personal que se presenta en la Biblia”, lo que supone “negar lo más específico
de la relación judeocristiana” y la alianza de amor de Dios
con nosotros.
En su obra clave, El Cristo interior, Melloni
propone una “relectura del cristianismo” que lo aproxima al “panteísmo”,
porque al final “Jesús de Nazaret es un maestro que te lleva a descubrir que
Cristo eres tú: Dios eres tú y tú eres Dios”, señala Munilla.
Todo esto “confluye como anillo al dedo con la teoría
del pluralismo religioso, que dice que no hay una religión
verdadera, que todas las religiones en el fondo son igualmente válidas”. Una
afirmación “totalmente contraria al magisterio de la Iglesia”, señala
Munilla, que remite a la declaración Dominus Jesus de la entonces Congregación para la
Doctrina de la Fe en el año 2000, bajo la égida del cardenal Joseph Ratzinger,
sobre la unicidad y la universalidad salvífica de Jesucristo y
de la Iglesia.
Entregado a la Nueva Era
Munilla concluye señalando que esta “reinterpretación del
cristianismo” de d’Ors, Torres Queiruga o Melloni cae “en los parámetros de
la Nueva Era” y “no puede llevarse a cabo sin traicionar gravemente
la singularidad del cristianismo, sin vaciarlo de contenido”.
Da la espalda “a la propia ontología de Jesucristo” justo
cuando se cumplen 1700 años del Concilio de Nicea (325), donde
se afirmó que “Jesucristo es persona divina con naturaleza divina y naturaleza
humana”.
Si en años anteriores estas “teorías heterodoxas” estaban en
las facultades de Teología, “a día de hoy los errores se han trasladado
de las facultades de Teología a las casas de espiritualidad”, muchas de las
cuales se ponen “al servicio del zen”.
Para quien quiera profundizar en todo esto, Munilla propone
estudiar el texto citado de los obispos españoles, así como el documento
conjunto del Consejo Pontificio de la Cultura y del Consejo Pontificio para el
Diálogo Interreligioso titulado Jesucristo, portador del agua de la vida. Una reflexión
cristiana sobre la Nueva Era.
C. L.
Fuente: Religión en Libertad