¡Oh mano
blanda! ¡Oh toque delicado!
15. ¡Oh mano, que, siendo tú tan generosa cuanto
poderosa y rica, rica y poderosamente me das las dádivas! ¡Oh mano blanda,
tanto más blanda para esta alma, asentándola blandamente, cuanto si asentases
algo pesadamente hundiría todo el mundo; pues de sólo tu mirar la tierra se
estremece (Sal. 103, 32), y las gentes se desatan y los montes se desmenuzan!
(Hab. 3, 6).
¡Oh, pues, otra vez blanda mano, pues así como fuiste dura y
rigurosa para Job (19, 21), porque le tocaste tan mala vez ásperamente,
asentando tú sobre mi alma muy asiento amigable y suave que fuiste para él
dura, cuanto más de asiento me tocas con amor dulce que a él le tocaste con
rigor! Porque tú matas y tú das vida, y no hay quien huya de tu mano (Dt. 32,
39). Mas tú, ¡Oh divina vida!, nunca matas si no es para dar vida, así como
nunca llagas si no es para sanar.
Llagásteme para sanarme, ¡Oh divina mano!, y
mataste en mi lo que me tenía muerta sin la vida de Dios, en que ahora me veo
vivir. Y esto hiciste tú con la liberalidad de tu general gracia para conmigo
en el toque con que me tocaste del resplandor de tu gloria y figura de tu
sustancia (Hb. 1, 3), que es tu Unigénito Hijo; en el cual, siendo él tu
Sabiduría, tocas fuertemente desde un fin hasta otro fin por su limpieza (Sab.
7, 24). 19
16. ¡Oh, pues, tú, toque delicado, Verbo Hijo de
Dios, que por la delicadez de tu ser divino penetras sutilmente la sustancia de
mi alma, y, tocándola toda delicadamente, la absorbes toda a ti en divinos
modos de suavidades nunca oídas en la tierra de Canaán, ni vistas en Temán
(Bar. 3, 22)! ¡Oh, pues, mucho y en grande manera mucho delicado toque del
Verbo para mí, cuanto, habiendo transtornado los montes y quebrantado las
piedras en el monte Horeb con la sobra de su poder y fuerza que iba adelante,
te diste a sentir al profeta en silbo de aire delgado (3 Re. 19, 11n12)! ¡Oh
aire delgado!; como eres aire delgado y delicado, di, ¡cómo tocas delgada y
delicadamente, siendo tan terrible y poderoso?
17. ¡Oh dichosa y mucho dichosa el alma a quien
tocares delgadamente, siendo tan terrible y poderoso! Dilo al mundo, mas no lo
digas al mundo, porque no sabe de aire delgado el mundo, y no te sentirá,
porque no te puede recibir ni te puede ver (Jn. 14, 17), ¡Oh, Dios mío y vida
mía!, sino aquellos te sentirán y verán en tu toque que se pusieren en delgado,
con viniendo delgado con delgado; a quien tanto más delgadamente tocas, cuanto
estando tú escondido en la ya adelgazada y pulida sustancia de su alma,
enajenados ellos de toda criatura y de todo rastro de ella, los escondes a
ellos en el escondrijo de tu rostro, que es tu divino Hijo, escondidos, de la
conturbación de los hombres (Sal. 30, 21). ¡Oh, pues, otra vez y muchas veces
delicado toque, pues que con la fuerza de tu delicadez deshaces al alma y
apartas de todos los demás toques y la adjudicas sólo para en ti, y tan
delicado efecto y dejo dejas en el alma, que todo otro toque de todas las demás
cosas altas y bajas le parezca grosero y bastardo si al alma toca, y la ofenda
aun el mirarle y le sea pena y grave tormento tratarle y tocarle!
18. Tanto más ancha y capaz es la cosa, cuanto
más delgada; y tanto más difusiva y comunicativa es, cuanto es más delicada. ¡Oh,
pues, toque delicado, que tanto más te infundes cuanto tú eres más delicado, y
el vaso de mi alma ya por tu toque tiene más de sencillo, puro, delgado y
capaz!
¡Oh, pues, toque delicado, y tan delicado que no
sintiéndose en el toque bulto alguno, tocas tanto más al alma, y tanto mis
adentro tocándola la endivinas, cuanto tu divino ser con que tocas está ajeno
de modo y manera y libre de toda corteza de forma y figura! (Oh, pues,
finalmente, toque delicado y muy delicado!, pues no le haces en el alma sino
con tu simplicísimo y sencillísimo ser, que, como es infinito, infinitamente es
delicado: y por eso que a vida eterna sabe.
19. Que, aunque no en perfecto grado, es en
efecto cierto sabor de vida eterna, como arriba queda dicho, que se gusta en
este toque de Dios. Y no es increíble que sea así, creyendo, como se ha de
creer, que este toque es toque de sustancia de Dios en sustancia del alma, al
cual en esta vida han llegado muchos santos. De donde la delicadez del deleite
que en este toque se siente es posible decirse; ni yo querría hablar en ello,
porque no se entienda que aquello no es más de lo que se dice, que no hay
vocablos para declarar y nombrar cosas tan subidas de Dios, como en estas almas
pasan; de las cuales el propio lenguaje es entenderlo para sí y sentirlo y
gozarlo y callarlo el que lo tiene.
Porque
echa de ver el alma aquí en cierta manera ser estas cosas como el cálculo que
dice san Juan (Ap. 2, 17) que se daría al que venciese, y en el cálculo un
nombre escrito, que ninguno le sabe sino el que le 20 recibe; y así sólo se
puede decir y con verdad, que a vida eterna sabe. Que, aunque en esta vida no
se goza perfectamente como en la gloria, con todo eso, este toque, por ser
toque de Dios, a vida eterna sabe. Y así, gusta el alma aquí de todas las cosas
de Dios, comunicándosele fortaleza, sabiduría y amor, hermosura y gracia y
bondad, etc. Que, como Dios sea todas estas cosas, gústalas el alma en un solo
toque de Dios, y así el alma según sus potencias y su sustancia goza.
20. Y de este bien del alma a veces redunda en
el cuerpo por la unión del espíritu, y goza toda la sustancia sensitiva y todos
los miembros y huesos y médulas, no tan remisamente como comúnmente suele
acaecer, sino con sentimiento de grande deleite y gloria, que se siente hasta
los últimos artejos de pies y manos. Y siente el cuerpo tanta gloria en la del
alma, que en su manera engrandece a Dios, sintiéndole en sus huesos, conforme
aquello que David dice (Sal. 34, 10): Todos mis huesos dirán: Dios, )quien
habrá semejante a ti? Y porque todo lo que de esto se puede decir es menos, por
esto baste decir, así de lo corporal, como de lo espiritual: que a vida eterna
sabe, y toda deuda paga.
21. En lo cual nos conviene aquí declarar qué
deudas son éstas de que el alma aquí se siente pagada. Y es de saber que las
almas que a este alto reino llegan, comúnmente han pasado por muchos trabajos y
tribulaciones; porque por muchas tribulaciones conviene entrar en el reino de
los cielos (Act. 14, 21); las cuales ya son pasadas en este estado, porque de
aquí adelante no padece. Lo que padecen los que a unión de Dios han de llegar,
son trabajos y tentaciones de muchas maneras en el sentido, y trabajos y
tribulaciones y tentaciones y tinieblas y aprietos en el espíritu, para que se
haga la purgación de entrambas estas dos partes, según lo dijimos en la
declaración del cuarto verso de la primera canción.
Y la razón de estos trabajos es porque los deleites y noticia de Dios no pueden asentar bien en el alma si no es el sentido y el espíritu bien purgado y macizado y adelgazado. Y, porque los trabajos y penitencias purifican y adelgazan el sentido y las tribulaciones y tentaciones y tinieblas y aprietos adelgazan y disponen el espíritu, por ello conviene pasar para transformarse en Dios, como a los que allá le han de ver, por el purgatorio, unos más intensamente, otros menos; unos más tiempo, otros menos, según los grados de unión a que Dios los quisiere levantar y lo que ellos tuvieren que purgar.
Y la razón de estos trabajos es porque los deleites y noticia de Dios no pueden asentar bien en el alma si no es el sentido y el espíritu bien purgado y macizado y adelgazado. Y, porque los trabajos y penitencias purifican y adelgazan el sentido y las tribulaciones y tentaciones y tinieblas y aprietos adelgazan y disponen el espíritu, por ello conviene pasar para transformarse en Dios, como a los que allá le han de ver, por el purgatorio, unos más intensamente, otros menos; unos más tiempo, otros menos, según los grados de unión a que Dios los quisiere levantar y lo que ellos tuvieren que purgar.
22. Por estos trabajos, en que Dios al alma y
sentido pone, va ella cobrando virtudes y fuerza y perfección con amargura,
porque la virtud en la flaqueza se perfecciona (2 Cor. 12, 9), y en el
ejercicio de pasiones se labra. Porque no puede servir el hierro en la
inteligencia del artífice si no es por fuego y martillo, en lo cual el hierro
padece detrimento acerca de lo que antes era. Que de esa manera dice Jeremías
(Lm, 1, 13) que le enseñó Dios, diciendo: Envió fuego en mis huesos y enseñóme.
Y también dice (Jr. 31, 18) del martillo: Castigásteme, Señor, y quedé enseñado
y docto. Por lo cual dice el Eclesiástico (Ec. 34, 9, 11): El que no es
tentado, ¿qué sabe y qué cosa puede conocer?
23. Y aquí nos conviene notar por qué son tan
pocos los que llegan a este alto estado. En lo cual es de saber, que no es
porque Dios quiere que haya pocos de estos espíritus levantados, que antes
querría que todos los fuesen, sino que halla pocos vasos en quien hacer tan
alta y subida obra; que, como los prueba en lo menos y los halla flacos, de
suerte que luego huyen de la labor, no queriendo sujetarse al menor desconsuelo
ni mortificación, obrando con maciza paciencia, de aquí es que, no hallándolos
fuertes en la merced que les hacía en comenzar a desbastarlos, no vaya adelante
en purificarlos y levantarlos del polvo de la tierra, para lo cual era menester
mayor fortaleza y constancia.
Y así, a estos que querrían pasar más adelante,
no pudiendo sufrir lo que es menos ni sujetarse a ellos, se les puede responder
lo que dice Jeremías (12, 5), diciendo: Si, corriendo tú con los que iban a
pie, trabajaste, ¿cómo podrás atener con los caballos? Y, como hayas tenido
quietud en la tierra de paz, ¿qué harás en la soberbia del Jordán? Lo cual es
como si dijera: Si con los trabajos que a pie llano, ordinaria y sumamente
acaecen a todos los vivientes, tenías tú tan corto paso que corrías y lo
tuviste por trabajo, ¿cómo podrás igualar con el paso de caballo, que es ya de
salir de ordinarios trabajos y comunes a otros de mayor fuerza y ligereza? Y si
tú no has querido armar guerra contra la paz y gusto de tu tierra, que es tu
sensualidad sino que te quieres estar quieto y consolado en ella, )qué harás en
la soberbia del Jordán; esto es, cómo llevarías las impetuosas aguas de tribulaciones
y trabajos del espíritu, que son de más adentro?
24. ¡Oh almas que os queréis andar seguras y
consoladas! Si supiésedes cuánto os conviene padecer sufriendo para venir a
eso, y de cuánto provecho es el padecer y la mortificación para venir a altos
bienes, en ninguna manera buscaríades consuelo ni de Dios ni de las criaturas:
mas antes llevaríades la cruz en hiel y vinagre puro, y lo habríades a gran
dicha, viendo que muriendo así al mundo y a vosotros mismos, viviríades a Dios
en deleites de espíritu y, sufriendo con paciencia lo exterior, mereceríades
que pusiese Dios los ojos en vosotros para purgaros y limpiaros más adentro por
algunos trabajos espirituales más de adentro.
Porque muchos servicios han de haber hecho a Dios, y mucha paciencia han de haber tenido por él y constancia, y muy aceptos han de ser delante de él en su vida a los que él ha de hacer tan señalada merced de tentarlos más adentro, como leemos del santo Tobías (Tob. 12, 13), a quien dijo san Rafael: Que, porque había sido acepto a Dios, le había hecho aquella merced de enviarle la tentación que le probase más, para darle más. Y así, todo lo que le quedó de vida después de ella, dice la Escritura (14, 4), que lo tuvo en gozo. Y ni más ni menos vemos en Job que, en aceptándole que le aceptó delante los espíritus buenos y malos por siervo suyo, luego le hizo merced de enviarle aquellos duros trabajos para engrandecerle después, como lo hizo mucho más que antes, en lo espiritual y temporal (Job 1, 2; 42, 12).
Porque muchos servicios han de haber hecho a Dios, y mucha paciencia han de haber tenido por él y constancia, y muy aceptos han de ser delante de él en su vida a los que él ha de hacer tan señalada merced de tentarlos más adentro, como leemos del santo Tobías (Tob. 12, 13), a quien dijo san Rafael: Que, porque había sido acepto a Dios, le había hecho aquella merced de enviarle la tentación que le probase más, para darle más. Y así, todo lo que le quedó de vida después de ella, dice la Escritura (14, 4), que lo tuvo en gozo. Y ni más ni menos vemos en Job que, en aceptándole que le aceptó delante los espíritus buenos y malos por siervo suyo, luego le hizo merced de enviarle aquellos duros trabajos para engrandecerle después, como lo hizo mucho más que antes, en lo espiritual y temporal (Job 1, 2; 42, 12).
25. Así hace Dios a los que quiere aventajar
según la ventaja más principal, que los hace 22 tentar hasta donde se puede
llegar, para endiosarlos todo lo que se pueden endiosar, dándoles la unión en
su Sabiduría, que es el más alto estado, y purgándolos primero en esta
Sabiduría todo lo que se pueden purgar según lo nota David (Sal. 11, 7),
diciendo que la sabiduría del Señor es plata examinada con fuego, probada en la
tierra de nuestra carne, y purgada siete veces, que es lo más que puede ser. Y
no hay aquí para qué detenernos más diciendo cómo es en cada purgación de estas
siete para venir a este eloquio de Dios, que todavía acá nos es como plata
aunque más sea, mas allá nos será como oro.
26. Pero conviénele al alma mucho estar con
grande constancia y paciencia en estas tribulaciones y trabajos de afuera y de
dentro, espirituales y corporales, mayores y menores, tomándolo todo como de
mano de Dios para su bien y remedio, no huyendo de ellos, pues son sanidad para
el alma, como se lo aconseja el Sabio (Ecle. 10, 4), diciendo: Si el espíritu
del que es poderoso descendiere sobre ti, no dejes tu lugar (esto es, el lugar
y puesto de tu curación, que es aquel trabajo); porque la curación, dice, hará
cesar grandes pecados, esto es, cortarte ha el hilo de tus pecados e
imperfecciones, que es el mal hábito, para que no vayan adelante. Y así, los
aprietos interiores y trabajos apagan y purifican los hábitos imperfectos y
malos del alma. Por lo cual, lo ha de entender en mucho cuando el Señor enviare
trabajos interiores, entendiendo que son pocos los que merecen padecer por este
fin de tan alto estado de venir a ser consumados por pasiones.
27. Pues como el alma aquí se acuerda que se le
pagan aquí muy bien todos sus pasados trabajos, porque ya sicut tenebrae eius,
ita et lumen eius (Sal. 138, 12), y que, como fue participante de las
tribulaciones, lo es ahora de las consolaciones; y que a todos los trabajos
interiores y exteriores la hace muy bien respondido con bienes divinos del alma
y del cuerpo, sin haber trabajo que no tenga su correspondencia de grande
galardón, confiésalo como ya bien satisfecha en este su verso diciendo: Y toda
deuda paga. Como hizo también David en el suyo (Sal. 70, 20n21), diciendo:
¡Cuántas tribulaciones me mostraste muchas y
malas, y de todas ellas me libraste, y de los abismos de la tierra otra vez me
sacaste; multiplicaste tu magnificencia, y volviéndote a mí me consolaste! Y
así esta alma, que antes estaba fuera a las puertas del palacio, como Mardoqueo
(Ester passim), llorando en las plazas de Susán el peligro de su vida, vestida
de la reina Esther, ni habiendo recibido ninguna merced ni galardón por sus
servicios que había hecho al rey, y la fe que había tenido en mirar por la
honra y vida del rey, en un día le pagan sus trabajos y servicios, haciéndola
no solamente entrar en el palacio y que esté delante del rey vestida con
vestiduras reales, sino que también se le ponga la corona y el cetro y silla
real con posesión del anillo del rey, para que todo lo que quisiere haga, y lo
que no quisiere no haga en el reino de su Esposo; porque los de este estado
todo lo que quieren alcanzan. De toda deuda queda muy bien pagada, muertos ya
sus enemigos de los apetitos que le andaban queriendo quitar la vida, y ya
viviendo en Dios. Que por eso dice ella luego:
Fuente: Portal Carmelitano