Aunque el canto gregoriano y el órgano es lo ideal dentro de la música litúrgica, hay otros modos para ayudar a la asamblea a conectar con Dios en la liturgia.
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| Crédito: Ferenc Szelepcsenyi | Shutterstock |
Empecemos por
decir que la música sacra y el canto son signos litúrgicos. Y “el fin de la
música sacra es la gloria de Dios y la santificación de los fieles"
(Sacrosanctum Concilium, 112).
La Iglesia
tiene una larga tradición musical, que viene incluso desde el Antiguo
Testamento y "la tradición musical de la Iglesia universal constituye un
tesoro de valor inestimable que sobresale entre las demás expresiones
artísticas, principalmente porque el canto sagrado, unido a las palabras,
constituye una parte necesaria o integral de la liturgia solemne"
(Catecismo de la Iglesia Católica, 1156).
Música
litúrgica como ministerio
La música y/o
el canto, tienen su razón de ser en la vida eclesial al ser también un
ministerio; un ministerio como cualquier otro y por tanto de vital importancia
para la fe cuando se hace oración.
Cuando
acompañamos la fe con la música lo que se busca son esencialmente tres cosas:
dar relieve al misterio que se celebra con palabras y gestos; reforzar el
mensaje contenido en los textos bíblicos y litúrgicos; facilitar la
participación y mejorar la unidad de la asamblea.
Obviamente que
no hay música sin instrumentos y estos se emplean con ciertas condiciones:
Primero que
todo no deben causar distracción ni extrañeza en la asamblea sino ayudarle a
compenetrarse en la celebración y en cada momento de la misma.
Y en segundo
lugar no deben llamar la atención hacia sí mismos, ni por una mala ejecución,
ni por un excesivo virtuosismo del intérprete. El sonido de los instrumentos
jamás debe cubrir las voces ni dificultar la comprensión del texto.
Su intervención
en las celebraciones
Ya hemos visto
la razón de ser de la música y del canto y las condiciones para su correcto uso
en la liturgia. Ahora veamos en detalle cómo debe intervenir la música y/o el
canto:
- La música,
como acompañamiento para los cantos, debe ayudar a sostener las voces, dándoles
cuerpo y ayudando a no perder el ritmo y el tono. Por tanto hay una primacía
del texto frente a la música. La música está al servicio del texto y no al
revés.
- La calidad
musical. El canto y su acompañamiento instrumental han de ser artísticamente
bien ejecutados, de buen gusto y en armonía con el carácter sagrado de lo que
celebramos.
- Es muy
importante la adaptación a la celebración. El canto y la música litúrgica no
tienen una función concertística sino que están al servicio de la celebración
del Misterio y de la Palabra, en donde radica el único protagonismo de nuestra
liturgia.
- Para que el
canto y la música sean litúrgicos, los textos han de estar inspirados en la
Sagrada Escritura y en los textos de la propia liturgia y no han de tener como
base, por ejemplo poemas o textos románticos.
- Los textos
han de ser capaces de interpretar el sentido auténtico, el sensus del rito,
hacerlo comprensible y, por tanto, permitir y conducir a la implicación y a la
"participación activa".
- Hay
diversidad de celebraciones y de tiempos litúrgicos por lo que en cada caso se
procure que la música y el canto se adapten en los textos y en las melodías y
ritmos a cada momento celebrativo.
- La adecuación
a las comunidades ya sean religiosas, ya sean parroquiales. No es lo mismo
celebrar la liturgia en una cultura que en otra, como tampoco es lo mismo
celebrar una liturgia en un grupo reducido que en una celebración
multitudinaria, o en una comunidad de religiosos que en una asamblea dominical
en parroquia.
- Evitar el
sonido solo de los instrumentos durante el Adviento, Cuaresma, Triduo Sacro y
en los Oficios y Misas de Difuntos.
- Es importante
que los músicos posean no sólo determinada pericia para tocar los instrumentos
sino que además conozcan y respeten las normas litúrgicas y su espíritu; a fin
de que consigan embellecer la sagrada celebración.
- Pero siempre
la música y el canto, en cualquier lugar en que se celebre una liturgia
cristiana, han de conducir a hacer visible y audible la experiencia de Cristo
resucitado en medio de una asamblea que expresa al unísono su fe.
¿Qué cantos e
instrumentos van mejor?
Ahora bien,
¿qué cantamos y qué instrumentos utilizamos para nuestras celebraciones
liturgias? Estas preguntas tienen una respuesta que no debe estar en manos de
cualquiera que, aun con buena voluntad, trate de “amenizar” nuestras
celebraciones.
La respuesta a
estas preguntas le corresponde darla en primer lugar a la conferencia episcopal
del país y vigilada por el ordinario del lugar (el obispo) y los responsables
de las comunidades.
Se debe velar
para que la música y el canto sean un verdadero “ministerio” al servicio de la
fe y de la oración del Pueblo de Dios.
Dentro del
canto la primacía la tiene el canto gregoriano, como modelo supremo de música
sacra. En este sentido hay que recordar la importancia de la schola cantorum,
en particular en las iglesias catedrales.
Y dentro de los
instrumentos musicales sobresale el órgano; éste instrumento es, de larga
tradición, el más privilegiado y significativo. Por tanto:
“Téngase en
gran estima en la Iglesia latina el órgano de tubos, como instrumento musical tradicional,
cuyo sonido puede aportar un esplendor notable a las ceremonias eclesiásticas y
levantar poderosamente las almas hacia Dios y hacia las realidades celestiales”
(Constitución Sacrosanctum Concilium, n.120).
Hay una gran
variedad de instrumentos que se pueden utilizar en las liturgias, no sólo el
órgano, pero han de respetar el criterio de adecuación, armonía y necesaria
participación de la asamblea.
“En el culto
divino se pueden admitir otros instrumentos, a juicio y con el consentimiento
de la autoridad eclesiástica territorial competente, a tenor de los arts. 22 §
2; 37 y 40, siempre que sean aptos o puedan adaptarse al uso sagrado, convengan
a la dignidad del templo y contribuyan realmente a la edificación de los
fieles” (SC 120).
Varios instrumentos
de viento y de cuerda se han introducido ya habitualmente en muchas asambleas
para dignificar la celebración; entre ellos destaca la guitarra.
¿Hay
instrumentos prohibidos?
Ahora bien,
¿hay algún instrumento prohibido? Pues mientras la Iglesia no diga, con un
documento oficial, que prohíbe explícita y concretamente algún instrumento
musical en particular durante la misa o en cualquier otra celebración
litúrgica, de consecuencia cualquiera está permitido.
Obviamente unos
son más apropiados que otros para usarse en uno u otro momento de la misa, en
uno u otro tiempo litúrgico, en una u otra cultura. No conozco ningún documento
que desautorice el uso de algún instrumento musical en la liturgia.
La liturgia y,
en consecuencia, la música sacra, al ser realidades vivas, nunca deben excluir
ni la traditio ni la progressio ni una relación equilibrada y constante entre
los instrumentos tradicionales y la legítima apertura a la innovación con
nuevos instrumentos.
Henry Vargas
Holguín
Fuente: Aleteia
