La humildad es una cualidad muy apreciada a los ojos de Dios, sentirse indigno es entendible, pero el extremo tampoco es bueno para nuestra vida espiritual
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| Crédito: New Africa |
Somos criaturas
imperfectas por causa del pecado original. Y, a pesar de nuestras fallas,
errores y pecados, Dios no ama entrañablemente, no debemos tener duda. Y sí, la
humildad es una gran cualidad porque nos asemeja a Cristo, manso y humilde de
corazón (Mt 11, 29). Quizá hay que sentirse indigno, pero no despreciable para
merecer sus dones.
Sin embargo,
quien se autocalifica como "bueno para nada", sin darse cuenta está
ofendiendo a Dios. ¿Por qué? Sencillamente, porque Dios solo hace cosas buenas.
¿Y qué obra mayor que nosotros, los seres humanos que fuimos hechos a su imagen
y semejanza? (Gen 1, 26)
Dios hace
maravillas con lo poco
Quizá lo que
hace falta es llevar a cabo un "inventario" de todas las riquezas de
las que Dios te ha dotado. La primera es que estás sano y entero. El cuerpo
humano es inimitable. Puede ser que el hombre haya aprendido a clonar o a
generar vida "in vitro", pero no puede sacar algo de la nada. Requiere
de la materia creada por Dios.
Asimismo,
tienes inteligencia, libertad y voluntad. Somos tan sorprendentes que, aún las
personas encarceladas pueden decidir qué hacer con sus vidas, a pesar de estar
en un espacio limitado. Lo mejor de todo es que, con eso poco, Dios hace
grandes maravillas.
Basta con
recordar a san Maximiliano María Kolbe, que permaneció en un campo de
concentración hasta su muerte; o al cardenal vietnamita François-Xavier Nguyễn
Văn Thuận, que estuvo 13 años en prisión, de los cuales 9 fueron en aislamiento
total.
¿Acaso
renegaron de Dios?, de ninguna manera. En esas duras pruebas usaron sus dones
para evangelizar y dieron ejemplo de paciencia, mansedumbre y, sobre todo, de
confianza en los designios del Señor. Su testimonio sirvió para edificar a
mucha gente y dejar constancia de abandono en las manos de Dios.
Los dones son
para salvarte
Pero lo que más
debemos agradecer, sobre todo los bautizados, es que el Señor nos ha dado todo
lo necesario para salvarnos. Tenemos los dones del Espíritu Santo y las tres
virtudes teologales de la fe, la esperanza y la caridad, pertenecemos a la
Iglesia que ha fundado y a la que ha entregado sus promesas, que es el lugar en
donde recibimos los sacramentos y sus gracias.
Además, como
Padre amoroso nos ha asignado un ángel guardián para acompañarnos y está al
pendiente de lo que necesitamos en cada momento de nuestra vida.
Solo pide que
confiemos plenamente en Él. Porque, aún cuando parezca que estamos solos, Dios
no nos abandona. Piensa en todas las veces que has podido solucionar tus
problemas después de mirar al cielo y clamar por su ayuda.
Confía, ora y
vuelve a confiar. Él te ha dado lo necesario para salvarte, no eres
despreciable porque Él creo y te ama. Recuérdalo siempre y agradécele por tanto
amor.
Mónica Muñoz
Fuente: Aleteia
