Gran controversia entre los católicos surgió por no llamar a María corredentora, pero lo interesante es discernir si cambia en algo nuestra relación con Ella.
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| Crédito: Filipe.Lopes |
Apenas
presentada al público por el cardenal Víctor Manuel Fernández, la nota
doctrinal Mater Populi Fidelis (Madre del Pueblo Fiel) del Dicasterio para la
Doctrina de la Fe -que fue aprobada por el papa León XIV recién el 7 de octubre
-, ya estaba causando controversia. En ella se explica por qué no deben usarse
los términos "corredentora" y "mediadora" refiriéndose a
María santísima.
La explicación
del Dicasterio
Una publicación
de I.Media declara que la nota doctrinal
está "dedicada a ciertos títulos atribuidos a la Virgen María, en
particular los de "corredentora" y "mediadora".
Continúa
diciendo que "el texto de aproximadamente veinte páginas y de marcado
carácter teológico, busca clarificar la posición del Magisterio sobre el
estatus y el papel de María, recordando que, según la fe católica, 'solo Dios
puede conceder la gracia'".
Corredentora y
mediadora de todas las gracias
Es comprensible
que el amor a María Santísima toque fibras muy sensibles y haga creer a algunos
que el Dicasterio disminuye el papel de la Madre de Dios, sin embargo es
necesario que se entienda claramente lo que expone la Nota Doctrinal.
Sabemos que el
papa Benedicto XVI amaba profundamente a la Virgen María y que era un erudito
en Teología. Por eso no es extraño leer en la Nota que:
"El
Cardenal Ratzinger no negaba que hubiese buenas intenciones y aspectos valiosos
en la propuesta de uso de este título -corredentora -, pero sostenía que era
«un vocablo erróneo»".
En cuanto a ser
mediadora, el documento menciona:
Debemos
entender la mediación de María no como un complemento para que Dios pueda obrar
plenamente, con mayor riqueza y hermosura, sino «de tal manera que no quite ni
añada nada a la dignidad y a la eficacia de Cristo, único Mediador».
Aquí lo
interesante estriba en recordar que Cristo es Dios y que por Él fuimos
salvados. El papel de María Santísima no demerita en nada si no se le colocan
los títulos mencionados, porque Jesús mismo ha dado a su Madre la tarea de
ayudarnos a acercarnos más a Él y de interceder por nosotros.
Recordemos que
es humana, eso sí criatura especialísima y elegida por Dios, pero no es más que
Dios - porque incluso hay quienes a su imagen de Virgen niña le llama la
"divina infantita", pero ese es otro tema - .
La humildad de
María Santísima
Ella misma se
ha presentado como la "Madre del verdadero Dios por quien se vive" en
el Acontecimiento Guadalupano, o como la Inmaculada Concepción en Lourdes, pero
nunca se ha atribuido títulos que la Iglesia no haya reconocido - por eso
tenemos cuatro dogmas bien fundamentados - .
La sagrada
Escritura recoge sus sencillas palabras de aceptación y reconocimiento de la
enorme misión que Dios le encomendaba:
«He aquí la
esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1, 38).
Y después, al
ir a servir a su prima Isabel, nuevamente se reconoce humilde ante la grandeza
de la elección hecha por Dios con ella:
se alegra mi
espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humildad de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho
obras grandes en mí (Lc 1, 47-49).
Si en algún
momento se habrá de retomar el tema, los acontecimientos lo dirán. Por lo
pronto, los católicos debemos imitar a María Santísima y ser humildes y
obedientes, y aceptar las decisiones del Papa que dirige la Iglesia con la
plenitud del Espíritu Santo.
Pero lo mejor
de todo es que nuestra relación con Ella es la misma, es nuestra Madre del
cielo, es Madre de la Iglesia y seguirá intercediendo por nosotros y
conduciéndonos a Jesús como en Caná, para vivir con ellos algún día en el
cielo.
Mónica Muñoz
Fuente: Aleteia
