Su Hijo vino a buscarla para llevarla “al Cielo”, a la gloria de Dios, como prometió a sus amigos
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| Ángelus en la Asunción de María. Vatican News |
En su reflexión antes del rezo mariano, este domingo
en Castel Gandolfo, León XIV subrayó que a través de los modelos iconográficos
que han representado la Asunción de la Virgen María admiramos con alegría lo
que nos espera también a nosotros.
La solemnidad de la Asunción de la Santísima
Virgen María, una fiesta importante tanto por su significado teológico como
para la piedad popular, fue presentada por el Santo Padre, en su alocución
antes del Ángelus, a través de dos iconografías que a lo largo de los siglos
los artistas han representado al contemplar este misterio de fe.
Jesús lleva el alma de su Madre a la
gloria de Dios
Ante los cientos de fieles y peregrinos que acudieron
a Castel Gandolfo, la ciudadela en los Castillos Romanos donde se encuentra la
Villa Pontificia estival, León XIV describió en detalle la representación de la
Asunción de María, comenzando por la llamada “dormición”, la más antigua y que
duró casi un milenio.
En ella, explicó el Santo Padre aparece recostada
sobre un ataúd, dormida en la muerte; a su alrededor están los apóstoles,
quienes la veneran conmovidos en oración; y en el centro, de pie, se encuentra
Jesús resucitado, quien sostiene en sus brazos el alma de María, como a una
niña recién nacida. Su Hijo vino a buscarla para llevarla “al Cielo”, a la
gloria de Dios, como prometió a sus amigos.
“Este primer modelo pone de relieve la verdad central:
es Cristo, muerto y resucitado, quien nos conduce a la meta a la que desde
siempre hemos sido destinados, a la vida eterna”.
María rodeada de luz
La segunda representación de la Asunción evocada por
León XIV, más reciente y occidental ve a la Virgen María de cuerpo entero, en
el cielo, rodeada de luz, a menudo con ángeles y santos alrededor. El cuerpo
glorificado de la Virgen que recuerda el libro del Apocalipsis cuando habla de
“una mujer vestida de sol, y la luna bajo sus pies y una corona de doce
estrellas sobre su cabeza”
“Este segundo modelo pone de relieve la verdad de que
María fue asunta en cuerpo y alma, es decir, en la integridad de su persona.
Esa mujer que en la tierra dio cuerpo y sangre al Verbo encarnado y lo siguió
hasta la unión perfecta en el sacrificio de amor, fue atraída por Él a la
gloria para siempre”.
Contemplar nuestro destino de vida
eterna
El Papa concluyó su reflexión subrayando que la
iconografía de la Asunción de María “nos permite también contemplar nuestro
destino final”.
“La plenitud de vida, que hoy admiramos con alegría en
María, nos espera también a nosotros, al final de los tiempos”, y cuando Cristo
Resucitado transformará, como dice san Pablo, “nuestro cuerpo humilde” e
incorrupto, “con nuestra carne transformada por el amor del Redentor, viviremos
para siempre, en la fiesta sin fin”.
Alina Tufani Díaz
Ciudad del Vaticano
Fuente: Vatican News
