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| El padre Alejandro Canales, misionero colombiano, junto con varios ciudadanos de Chad. |
Alejandro
Canales es un sacerdote nacido en Colombia que
empezó su aventura misionera en 1978. Con 30 años se embarcó rumbo a Chad, país centroafricano cuya población
casi en su totalidad (un 80% según el Grupo del Banco Mundial) rondaba la
pobreza extrema en el año de su llegada.
Hoy sigue atendiendo
desde su parroquia a todos los chadianos que le necesitan. La situación ha
cambiado mucho desde su llegada: el porcentaje de pobreza ha disminuido, el
número de católicos ha aumentado considerablemente y el país ha logrado grandes
cambios sociales. Así lo ha explicado en una rueda de prensa celebrada este
jueves en la Sede de la Obras Misionales
Pontificias de Madrid, en
donde presentaron la Memoria de Actividades de 2025.
Los
comienzos de la misión
El padre Alejandro Canales comenta que, cuando él llegó a Chad en 1978, en el país se vivía una «situación de inseguridad». Inmerso en esta realidad empezó a llevar el mensaje del Evangelio junto a otros tres colegas misioneros, ya fallecidos. Los comienzos fueron apasionantes: «Cuando llegamos la Iglesia estaba empezando (en el país), teníamos una gran ilusión», explica el misionero.
Su primera preocupación fue formar catequistas, para que estos pudieran enseñar correctamente la doctrina católica a los nuevos conversos que iban apareciendo. A finales del siglo XX, muy influenciado por la visita del Papa San Juan Pablo II al país en febrero de 1990, vivieron un «boom vocacional». Este supuso la fundación de un nuevo seminario en la zona. Canales explica que en el edificio pudieron ir «acompañando y dando contenido» a las vocaciones que iban apareciendo.
Situación
actual
La presencia de la
Iglesia en el país no cuenta aún ni con 100 años de experiencia, pero el
trabajo y la oración de los misioneros han hecho crecer en abundancia la
presencia del cristianismo en la zona. El porcentaje de católicos actual se
consolida cerca del 20% de la población
total y el número de diócesis del país se han duplicado. Solo en la
diócesis de la que forma parte Alejandro Canales se bautizaron 3.500 personas
en Pascua de Resurrección, y en el seminario de su ciudad se forman 150
jóvenes. No obstante, él insiste en que «tiene
que haber vocaciones» para poder acompañar a los catecúmenos en el
recorrido de su fe.
El padre también señala
otros desafíos actuales en el país: «La familia, la juventud, (...) también
siguen presentes los temas de la doctrina social de la Iglesia». Desafíos que
seguirá intentando resolver hasta que Dios se lo permita.
Igualmente también
recalca la importancia de la Iglesia en
el progreso social de Chad: «El anuncio del Evangelio transforma
socialmente, se ve la diferencia en los poblados en los que la fe ha
profundizado y en los que no». En muchos pueblos del país si no hay misioneros
no hay servicios básicos. La Iglesia
sostiene centenares de escuelas y centros de salud de primer nivel.
Cualquiera
puede participar en la misión
Los misioneros en Chad
–y en todo el mundo– no han estado solos, sino que han contado con el apoyo
económico y espiritual de todos los católicos del mundo, a través de Obras Misionales Pontificias, que año a año
ha ido acompañando el crecimiento de las iglesias locales en los territorios de
misión. Esta sensibilización se trabaja cada año a través de jornadas
misioneras como la del Domund y
de muchas iniciativas, como Sembradores
de estrellas, visita a colegios, enfermos misioneros, experiencias
misioneras de jóvenes, etc. Todo ello da lugar a una recaudación económica, que
no es más que un signo de que la sensibilización ha calado.
Gracias
a la generosidad de los españoles, se pudieron enviar
15.215.641€ para apoyar 1.119 proyectos misioneros en todo el mundo. 473 de
ellos fueron proyectos infantiles de educación, salud y evangelización. También
se apoyó la formación de más de 13.000 seminaristas nativos, que toman el
relevo de los misioneros. Y se pudieron cubrir necesidades básicas de la misión
tales como la formación de los catequistas nativos, los gastos ordinarios del
día a día o la construcción de nuevas parroquias y casas para los misioneros. José María Calderón, director de OMP España,
agradece la ayuda con claridad: «Me da mucha alegría saber que existe en la
conciencia de los españoles que no podemos olvidarnos de nuestros misioneros».
Federico León García
Fuente: El Debate
