Según este subinspector del Parque Móvil del Estado, «llevar al Papa no es lo mismo que llevar a la Reina de Inglaterra». Como es cristiano, «lo siento mucho más»
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Fernando no
buscaba el trabajo. Estaba en el momento adecuado y en el sitio adecuado, como
él mismo explica. Era subinspector del grupo de Incidencias Turismos
del Parque Móvil del Estado, tenía todos los carnets necesarios y cuando
llegó el momento de elegir conductor para el papamóvil de
la visita de Benedicto XVI a Barcelona en 2010, le
eligieron a él. Su compañero fue a Santiago de Compostela el día anterior con otro
vehículo. Fernando voló a Roma, cargó el papamóvil en un avión en el aeropuerto
de Ciampino y lo llevó a Barcelona. Lo que vino después es uno de esos recuerdos
que, dice, llevarán siempre dentro él y su familia.
El papamóvil,
para quien no lo sepa, no es un vehículo cualquiera. Pesa cerca de
4.500 kilos gracias al blindaje y a la cabina de cristal blindado que se eleva
en la parte trasera. Tiene un limitador de velocidad que no le permite
pasar de 70 kilómetros por hora, precisamente por el riesgo de vuelco en las
curvas dado su alto centro de gravedad. «Es muy fácil de conducir porque es
automático», dice Fernando, «pero claro, tiene sus características.» Y
añade, con la tranquilidad de quien lo ha vivido: «Por eso te hablaba de la
responsabilidad y algo de nervios».
El recorrido
fue desde el Palacio Arzobispal hasta la Sagrada Familia y vuelta. Fernando
iba pendiente de la carretera, del vehículo, del recorrido, de que todo saliera
bien. No veía las caras de la gente, confiesa. El efecto túnel de
la concentración no le dejaba. El resultado fue que la gente se quejó de
que iba demasiado deprisa. «Si supieran que en el trabajo me iban diciendo
que acelerara», dice con una sonrisa.
Al terminar el
recorrido hubo una recepción para todo el personal del dispositivo de
seguridad, incluido el conductor. Un besamanos breve, unos minutos con el Papa,
el saludo y el anillo. Benedicto XVI le habló en italiano. El italiano no era
el fuerte de Fernando. Pero el momento quedó grabado para siempre.
En España,
cuenta, puede haber cuatro o cinco personas en total que hayan conducido el
papamóvil. «Se pueden contar con los dedos de una mano». Y
cuando se le pregunta cuál ha sido el vehículo más especial que ha conducido en
toda su vida, habiendo llevado blindados del ejército, autocares, motos y
furgonetas, la respuesta no deja lugar a dudas: el papamóvil. «Eso lo
puede llevar cualquiera», dice refiriéndose a los blindados militares. «El
papamóvil, no».
Lo más curioso
del episodio es lo cerca que estuvo Fernando de repetir la experiencia con León
XIV. Estaba nominado para ser el conductor en Las Palmas de Gran
Canaria. Pero en los últimos años el Vaticano ha decidido poner sus
propios conductores, presumiblemente por razones de seguridad y control del
vehículo. Fernando se quedó a las puertas. No conduce el papamóvil, pero sí
forma parte del dispositivo de seguridad que acompañará al Papa en
Canarias. Lleva meses en la preparación y reconoce que organizar la
seguridad en las islas es bastante más complicado que en la península: hay que
coordinar barcos, aviones y accesos insulares que no admiten improvisación.
La diferencia
entre escoltar al Papa y escoltar a cualquier otro jefe de Estado, dice
Fernando, no es solo logística sino también espiritual. «Llevar al Papa no es
lo mismo que llevar al presidente de Estados Unidos o a la Reina de Inglaterra.
No tiene nada que ver. Yo soy cristiano y lo siento mucho más».
Para él, conducir el papamóvil fue un honor en el sentido más literal de la
palabra, algo que va más allá del deber profesional y que pertenece a otra
categoría de experiencias.
En el ascensor
imaginario, Fernando no dudaría. Le ofrecería sus servicios como conductor. «Si
le falla el conductor que trae el Vaticano, aquí me tiene». Y lo dice con
la seguridad de quien sabe que su currículum en este campo específico es
difícilmente superable en España.
El episodio
cierra con una oración sobria y directa, como el hombre que la reza: «Señor,
te damos gracias por la visita de Su Santidad. Ya llevábamos años sin verle por
aquí y te pido por todos los feligreses, por todos los creyentes de España y
del mundo entero. Y por favor, dale conciencia, el sentido común a todos
los gobernantes del mundo para que terminen con estas guerras que están
sufriendo muchísimas personas. Gracias. Amén».
Santiago Tedeschi Prades
Fuente: Alfa y Omega
