Dar rienda suelta a la sospecha es dejarse invadir por los estragos de la mentira en el pensamiento, advierte san Doroteo de Gaza, Padre del desierto
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San Doroteo,
un abad del siglo VI, forma parte de un grupo de monjes famosos de Gaza. Estos
hermanos, Padres del desierto nos han legado profundas reflexiones
espirituales, en las que se muestran muy preocupados por la calidad de las
relaciones humanas y nos enseñan cómo evitar las trampas de la vida en
comunidad.
Juzgar al
prójimo
Hoy, el abad
Doroteo nos advierte, en sus Instrucciones espirituales, contra las sospechas
que surgen con mayor rapidez cuanto más se está en silencio y cada uno se
guarda para sí mismo su juicio sobre la conducta de los demás. Seamos quienes
seamos, monjes o no, debemos desconfiar de lo que no se dice, que a menudo
esconde valoraciones hechas a la prisa, sin la suficiente verificación, y que
pueden llevarnos muy lejos.
"¿Veis qué
grave pecado se comete al juzgar al prójimo? ¿Hay acaso algo más grave? ¿Existe
algo que Dios deteste tanto y de lo que se aparte con tanto horror? Los Padres
lo han dicho: "No hay nada peor que juzgar". Y, sin embargo, es por estas
cosas, aparentemente de poca importancia, por lo que se llega a un mal tan
grande. Se admite una ligera sospecha contra el prójimo, se piensa: "¿Qué
importa si escucho lo que dice tal hermano? ¿Qué importa si yo también digo
solo esa palabra? ¿Qué importa si veo lo que va a hacer ese hermano o ese
desconocido?" (Instrucciones, 69)
La mentira
mental
Según el abad
Doroteo, "miente en su interior quien da rienda suelta a las
sospechas". "Si ve a alguien hablando con un hermano, piensa: “Están
hablando de mí”. ¿Dejan de hablar? Sigue sospechando que es por su culpa. Si
alguien dice una palabra, sospecha que es para causarle dolor. En resumen, ante
cualquier cosa, sospecha de su prójimo y dice: “Es por mi culpa que ha hecho
esto, es por mi culpa que ha dicho aquello; es por tal motivo que ha hecho
aquello”.
Así es quien
miente con el pensamiento: no dice nada conforme a la verdad, sino todo por
conjetura. De ahí surgen las curiosidades indiscretas, las calumnias, la
costumbre de estar al acecho, de discutir, de juzgar." (Instrucciones,
97) Nada es más grave, en efecto, que las sospechas. "Son tan
perjudiciales que, a la larga, llegan a persuadirnos y a hacernos creer con
evidencia que vemos cosas que no son y que (nunca) han sido." (Instrucciones,
98)
Los estragos
de la sospecha
"¡No hay
nada más grave que las sospechas!" Esta severa advertencia, procedente de
una observadora tan perspicaz de la vida comunitaria, debe ponernos en guardia.
Ella sabe por experiencia los estragos que pueden causar las invenciones, las
cuales, aunque no se comuniquen a los demás, pueden pervertir el juicio, hacer
que una persona resulte odiosa y desencadenar oposiciones que dividen a las
personas.
La advertencia
de Doroteo nos invita a examinar minuciosamente nuestras sospechas, a
identificar aquellas que realmente carecen de fundamento y que a menudo derivan
de algo que nos han contado y de lo que no hemos sido testigos. Cuando nos
dicen: "Esto es lo que tal persona dice a tus espaldas sobre ti", hay
que descartarlo por principio, pues, inevitablemente, el informante es parcial,
no es un observador neutral y corremos el riesgo de dejarnos arrastrar por sus
propias disputas.
Si, según la
experiencia, el informe que se nos da resulta objetivo, matizado y desprovisto
de rencor, podremos prestarle atención, pero solo como una advertencia que nos
permita estar en guardia, sin dejarnos llevar por un juicio de valor, que en
ningún caso tenemos derecho a emitir. Porque "nada irrita más a Dios
—precisa Doroteo—, nada despoja al hombre y lo conduce a su perdición como el
hecho de hablar mal del prójimo, juzgarlo o despreciarlo" (Instrucciones,
69).
Sophie Baron
Fuente: Aleteia
