ASÍ TRANSFORMÓ CRISTO A DOS JÓVENES CONVERSOS DEL ISLAM A PESAR DE LA OPOSICIÓN FAMILIAR

Para la familia de Jonás, de confesión musulmana, apartarse del islam supone una grave traición a su cultura y a sus raíces.
El grupo de nuevos catecúmenos durante la Vigilia Pascual en Getafe,
España. Crédito: Diócesis de Getafe. Dominio público

A pesar de ello, tras un largo camino de búsqueda y formación, el joven recibió el Sacramento del Bautismo durante la pasada Vigilia Pascual en la Catedral de Getafe, la ciudad española en la que vive desde que tiene apenas un año.

Su decisión llegó después de un encuentro personal con Cristo, cuando supo que no había vuelta atrás: estaba firmemente convencido de que la fe católica era la verdadera.

El joven de 25 años —que ha preferido mantener su identidad en el anonimato—, comenzó a interesarse por la fe católica en el colegio, al estudiar autores como Santo Tomás de Aquino y San Agustín de Hipona.

En conversación con ACI Prensa, recuerda que fue precisamente durante su proceso de investigación sobre el islam “cuando, en realidad, terminé haciéndome cristiano”. Durante más de cinco años —hasta iniciar el catecumenado en 2025—, el joven marroquí reflexionó en profundidad e investigó distintas tradiciones religiosas.

El encuentro con Cristo y la felicidad en la adversidad cambiaron sus vidas

Para Jonás, la figura de Cristo y los sacramentos fue lo que transformó su vida. “Si Cristo no te entra en el corazón, que es Dios hecho hombre, que se entrega por uno en la Cruz, al final no eres cristiano, sino alguien que sabe mucho de cristianismo”, afirma. En su caso, lo que más le impactó fue su Pasión y entrega en la Cruz, así como el sermón de Jesús en la montaña.

Ese mismo día, en Getafe, Lourdes Ángel también recibió el Bautismo. Al igual que Jonás, había crecido en una familia musulmana. Sin embargo, explica a ACI Prensa que siempre tuvo muy claro “que Cristo estaba en mi vida, aunque nadie me hubiese hablado de Él, ya lo sentía muy presente”.

“Mi madre siempre me intentó inculcar la religión musulmana, pero yo siempre tiraba por el cristianismo. Era como si mi corazón ya estuviera en otro sitio, sin tener ninguna formación”, recuerda la joven de 21 años.

Asegura que Dios la ayudó a salir de una relación tóxica a los 19 años, y que fue entonces cuando conoció a su actual pareja, vinculada al Camino Neocatecumenal. “Comprendí que Dios me estaba llamando, y no iba a cerrarle la puerta ni darle la espalda”, afirma.

Lo que más le llamó la atención de los católicos a los que conocía, recuerda, fue ver “que la gente era tan feliz. Siguen a Dios y son felices, aunque les vaya mal, aunque de vez en cuando tengan problemas, es como que ven algo bueno en el sufrimiento y saben que Cristo tiene un plan mejor para ellos. Yo quería eso, quería entender cómo podían ser tan felices”.

Romper los esquemas de su mundo

El camino de ambos hasta abrazar la fe católica no fue fácil. “Salir de tu fe inicial —precisa Jonás— es bastante complicado, porque al final te estructura la vida y supone romper con los esquemas de tu mundo”.

Pero sin duda, lo que más le costó fue trasladar esta decisión a su familia. “Yo creo que nunca lo van a entender…no les entra en la cabeza que alguien pueda cambiar eso. Para ellos es como una especie de identidad, o de cultura, más que un camino que alguien tiene que buscar y encontrar”.

Aún con todo, Jonás asegura que Jesucristo es quien le ayuda a seguir adelante, quien le reconforta y le da la fuerza necesaria para continuar y perseverar. “Incluso Jesús mismo nos advierte de que el mundo no nos va a amar en particular… si se lo hicieron a Él, nos lo harán a nosotros”.

Para Lourdes, lo más complicado fue abandonar su forma de vida e intentar “meter a Dios sin cambiar nada de mí”. Recuerda en concreto una enseñanza que le dejó su catequista: “No puedes meter a Dios en tu vida sin hacer nada por él, tienes que hacerle hueco a Él, y luego ya te preocupas de lo demás”.

Un nuevo renacer

El joven converso guarda un recuerdo entrañable de la pasada Vigilia Pascual, cuando recibió los sacramentos de la Iniciación Cristiana junto a otros 47 adultos. “Fue una experiencia muy felíz. Al día siguiente me sentía completado”, recuerda.

Afirma que antes de recibir el Bautismo “sentía un vacío bastante grande en mi vida, el cual intentaba llenar con ideologías varias…la verdad es que vivía bastante desordenado a nivel interno, en mi alma, en mi espíritu”. 

“Después de aceptar a Jesús en el corazón —continúa Jonás—, yo creo que soy una persona mucho más ordenada en el aspecto moral. Ahora veo a los demás no sólo como instrumentos, sino realmente como creaciones de Dios, a imagen de Dios, y eso me completa, ha sido como renacer”.

Cuenta además que intenta acudir a Misa cada día. “Para mí la Eucaristía es como si fuera un tesoro espiritual, lo que me recarga de fuerza espiritual. El Cuerpo de Cristo nos da gracia y la capacidad de ver el mundo de una forma sobrenatural, con ojos no meramente humanos, sino verlo también un poco como lo vería Jesús”, comenta.

Acompañamiento y fe en comunidad

En este camino de conversión, agradece especialmente el acompañamiento de su catequista, así como del párroco y sus compañeros de la parroquia. Destaca asimismo la importancia de vivir la fe acompañado y en comunidad, ya que, asegura, “aisladamente la gente sucumbe, se debilita”.

En esta misma línea, Lourdes recalca que no es lo mismo “que te formes tú sola” a contar con la ayuda de un catequista. “Eres mucho más consciente de lo que recibes y de lo que vas a hacer en la Pascua”, subraya.

Lourdes también recuerda su bautismo “con mucha alegría”. Al final, precisa, “recibes a Cristo mismo, es algo que sorprende mucho”, al igual que le sorprendía “que Dios me amaba con todo lo que había hecho. Él estaba ahí esperándome y estoy muy contenta de haberle recibido”.

Tras lo vivido, Jonás anima a quienes están pasando por su misma situación a no darse por vencidos, ya que, según precisa, el proceso de conversión “no dura un fin de semana”. 

“Que no se rindan. Al final, como dijo Jesús, al cristiano no se le acepta en su propia casa, ni en su propia familia. Les diría que perseveren, que se apoyen en las palabras de Jesús en el Evangelio, que le conozcan, que sigan investigando, discerniendo y que busquen a gente afín a sus creencias que les puedan ayudar”.

Por Almudena Martínez-Bordiú