Doctor en teología y colaborador de ReL, ha conducido la publicación de varios tomos de la obra de este doctor de la Iglesia
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| Pablo Cervera, doctor en Teología y uno de los grandes editores españoles de la obra teológica y espiritual de santos. |
La festividad
de San Juan de Ávila (c. 1499-1569) se cumple el 10 de
mayo, pero, como este año cae en domingo, la Iglesia española ha adelantado
su celebración al jueves 7 de mayo.
Este sacerdote
español de intensa y extensa predicación fue beatificado por León
XIII en 1894, proclamado patrono del clero secular español por Pío
XII en 1946, canonizado por Pablo VI en 1970 y
catalogado como doctor de la Iglesia por Benedicto XVI en
2012.
Todo ello
ofrece una clara señal de la creciente importancia que reviste leer su
obra. Algo cada vez es más sencillo gracias a su publicación por la
editorial Monte Carmelo con
un trabajo de edición del que es responsable nuestro colaborador Pablo Cervera, a quien hemos
interrogado por este santo.
-Como
patrono del clero, ¿qué aporta a los sacerdotes de hoy y hace aconsejable que
lo lean?
-Sumergirse en
los escritos de San Juan de Ávila es acercarse a una fuente de agua
fresca. No sólo para los sacerdotes… Baste recordar, a este respecto, que
el Audi filia es
el primer manual de vida espiritual dirigido a una laica.
»El santo
rezaba sus escritos, sus homilías, sus cartas… y eso se nota en la unción
que transmite al que los lee. La lectura es un baño de
evangelio y de tradición de la Iglesia, pues siempre ofrece en sus
escritos jugosas citas de los Santos Padres o de los grandes teólogos
medievales.
»Para los
sacerdotes, podrían bastar el contenido que encierran sus escritos, su gracejo
andaluz adoptado, su sabio manejo de la Sagrada Escritura de
la que están embebidos sus escritos, su amor filial a la Virgen, su
entrega total a Jesucristo…
»Pero es que,
además, es nuestro patrono.
-Eso ¿qué
implica?
-Era el único
que teníamos los sacerdotes españoles, pues el Cura de Ars lo era solo
de los párrocos.
»Benedicto
XVI amplió el patrocinio de San Juan María Vianney a
todos los sacerdotes del mundo, y es de agradecer.
-¿Y qué
es de agradecer en el caso de San Juan de Ávila?
-Tener un
patrono de tal categoría en santidad y doctrina (Doctor de la Iglesia)
supone un privilegio: podemos invocar de manera especial su mediación;
su santidad es una espuela constante para la nuestra; y, al
fin y al cabo, caminamos hacia el destino del que ya goza él.
-Acaba de
mencionar "Audi Filia", fue el primero de la serie...
-Efectivamente.
Fue un encargo providencial que recibí del hoy obispo emérito de Córdoba,
don Demetrio Fernández. Traducir al castellano de hoy la obra de un
Doctor de la Iglesia (fue Benedicto XVI quien lo proclamó) es una gran
responsabilidad.
-¿Cuánto
va publicado y qué es lo próximo?
-A día de hoy,
ya son cuatro
gruesos volúmenes, de unas 600 páginas cada uno, lo que he llevado a la
imprenta. En marcha está el quinto para después del verano: Escritos
bíblicos (comentario a la carta a los Gálatas y a la Epístola de san Juan).
»Audi
filia es la obra más conocida de nuestro santo manchego,
conocido como el Apóstol de Andalucía; murió en Montilla (Córdoba).
-¿Qué
significa ese título?
-Son las
dos primeras palabras en latín del salmo 44 (45): "Escucha hija [Audi
filia], mira, inclina el oído...". En esta obra fabulosa el santo
doctor da indicaciones a una dirigida suya de gran fuste doctrinal y
espiritual.
»San Juan de
Ávila no se anda con chiquitas y la introduce por las vías de la
perfección evangélica, en el seguimiento de Cristo: oración centrada en la
Pasión de Cristo (hay capítulos extraordinarios, del 78 al 84 que
merecerían estar grabados en letra de otro), abnegación, penitencia, cruz,
pobreza… Esto eran y son los santos. No se andan con medianías.
»Hoy, en la
predicación y en la catequesis, hacemos demasiado juego a la mundanidad, de la
que hablaba y nos prevenía el Papa Francisco.
-Y quedan
más volúmenes, uno con su intervención en el Concilio de Trento...
-Estoy en el
quinto dedicado a los Escritos bíblicos (Gál, 1
Jn).
»El sexto sí
será el dedicado a los Memoriales dirigidos a Trento.
Y caerá alguno más… quizá ocho en total.
-¿Hay
algo en el Concilio de Trento que le debamos a él?
-Siempre he
dicho que la reforma del siglo XVI no la hizo Lutero. La verdadera
reforma la hicieron nuestros santos del Siglo de Oro: San Juan de la
Cruz, San Ignacio de Loyola, Santa Teresa de Jesús, San
Juan de Ávila, San Carlos Borromeo, San Pedro Fabro…
Nunca he entendido que a estos se les conociera como la Contrarreforma.
¡No! Son la verdadera reforma de la Iglesia de ayer y de
siempre: los santos.
»En este
sentido el Concilio de Trento supuso una gran reforma en la
Iglesia y a ella contribuyeron muchos en la época.
»Los Memoriales a
Trento son dos largos informes con los que San Juan de Ávila
quiere impulsar la reforma interna de la Iglesia. En ellos presta
especial atención al clero, a su formación espiritual y académica,
a su renovación (todavía no había seminarios), ¡a la santidad de los
obispos!, al cuidado de las almas…
»Los redactó al
final de su vida, enfermo, y tuvieron una gran influencia en
lo que Trento propuso.
-Casi
cinco siglos después, ¿cuáles son los puntos principales que hacen actual la
espiritualidad de San Juan de Ávila?
-La centralidad
de Jesucristo; el amor tierno y filial a la Virgen que
destilan especialmente sus Sermones marianos; la presencia y acción del Espíritu
Santo (que parecería que hemos descubierto recientemente) al que ya en
el siglo XVI San Juan de Ávila dedicaba gran atención y profundización
doctrinal, haciendo entrar al Pueblo de Dios en el conocimiento del
"pariente pobre de la Trinidad" o "el Gran
Desconocido"...
»El santo
insiste en que sin oración no hay vida cristiana. Oración entendida
como amistad íntima y fiel con Cristo.
-¿Y eso
lo escribía para todos o particularizó algo para los sacerdotes?
-Llama la
atención, en muchos de sus escritos a sacerdotes, cómo les ordena el día en
torno a la oración, el estudio y la predicación.
»Era lo que él
hacía y nos recordó don Juan Esquerda Bifeet (gran avilista)
en los ejercicios espirituales que nos dio en el seminario de Toledo al
principio de los años 80: un tercio del día, oración; un tercio, vida
pastoral; y un tercio, estudio. Calcado del santo.
»¡Cuánto más
fecundo sería un sacerdocio así ordenado!
»Y ¿qué decir
de la Eucaristía? El santo era un enamorado del Sacramento. Sus
sermones eucarísticos rezuman sabiduría bíblica, amor apasionado, fe
incombustible en la presencia real de Cristo, invitación a la comunión y
adoración… una enciclopedia viva y vivida del Santísimo Sacramento.
»Lo
mejor, leer y rumiar sus sermones: una veta que alimenta la fe
eucarística.
Carmelo
López-Arias
Fuente: ReligiónenLibertad
