La verdad y la vida no son conceptos que gocen de
gran prestigio y solidez en nuestro tiempo.
![]() |
| Dominio público |
Se habla mucho de posverdad y de relato, para evitar el duro contraste con la realidad de las cosas. Es cierto que la verdad completa no es siempre accesible, y que la realidad tiene muchas aristas. Pero la verdad cierta es humilde y reconoce su limitación.
La batalla del relato busca presentar como verdad absoluta lo
que son aspectos parciales, con la única intención de imponerse a los otros. No
poseemos la verdad, pero podemos buscarla juntos en un camino que nos une.
La vida es
hoy un concepto resbaladizo. La tenemos todos, pero no siempre se percibe como
vida digna de ser vivida. Si entendemos la vida como cumplimiento de nuestros
deseos, los demás aparecen muchas veces como instrumentos o como obstáculos. Nuestros
deseos rara vez se cumplen y, cuando llega a cumplirse alguno, siempre es de
forma parcial y temporal. Esto conlleva que se apodere de nosotros un
sentimiento de derrota, de frustración y de decepción.
Ante esto,
lo que solemos hacer es lanzar de nuevo la pelota adelante, impulsándonos con
la fuerza de nuevos deseos, pero sin darnos cuenta de que eso es iniciar de
nuevo la misma rueda que nos lleva a los mismos resultados. Si la vida es
utilidad, ¿qué pasa con aquellos que no son “productivos” o “útiles” por la
ancianidad o la enfermedad? ¿qué sucede con un hijo que llega en un momento
inesperado y que aparece como un obstáculo más que como un regalo? ¿cómo
afrontamos un matrimonio en el que las heridas de la convivencia han llevado a
la desconfianza y a idear por separado las proyecciones de la vida? La
eutanasia, el aborto, el divorcio exprés, siendo realidades diferentes, son
signos de una misma propuesta ante la desesperanza en la vida: la solución está
en romper con la vida.
En un
contexto que también era de tristeza y desesperanza, Jesús dice a sus apóstoles
una palabra alentadora: ¡No se turbe vuestro corazón! Esta es una palabra
fuerte para el tiempo de incertidumbres que vivimos ¿Por qué no hemos de
turbarnos? Por la fe en Jesucristo: porque él es el camino, la verdad y la
vida. Ante lo que veíamos al principio, parece difícil anunciar a Jesús como
verdad en la época del relato o como vida en la sociedad de la búsqueda de la
felicidad absoluta y autónoma.
Sin embargo,
vida y verdad siguen siendo el anhelo más profundo de nuestro corazón. Buscamos
la verdad, ansiamos la vida. Sólo en ellas descansa nuestro corazón. Ellas son
la meta. Jesús nos da su paz porque nos dice quien es la meta y nos pone en
conexión con ella. La meta de la que Jesús da testimonio no es otra que el
Padre, Aquel que es el origen y fuente de todo lo real. Pero ¿quién puede
conocer a Dios? ¿No es una meta que queda absolutamente fuera de nuestro
alcance? Podemos preguntarnos con Tomás: Si no sabemos cual es la meta, ¿cómo
vamos a conocer el camino? San Juan de la Cruz dirá: a donde no se conoce, se
ha de ir por donde no se conoce. Pero Jesús ha venido como camino, para
conducirnos a la meta. Con palabras de san Agustín: Jesús es el camino, porque
es la verdad y la vida.
Hoy se
venden muchos libros de autoayuda que prometen recetas de felicidad. Jesús no
nos ofrece una receta o un método para alcanzar la felicidad. Se ofrece a sí
mismo para acompañarnos. Él es la respuesta a nuestros anhelos. La fe es el
método para vivir. Porque la fe consiste en la amistad con él, para aprender a
ser hijos, a entrar en la familia de Dios.
Es urgente
anunciar el evangelio y, por eso, esta semana nos hemos reunido en Ávila
representantes de 9 diócesis de Castilla y León para orar y reflexionar juntos
sobre cómo ofrecer al mundo de hoy el precioso anuncio de que Jesucristo es el
Camino, la Verdad y la Vida.
+ Jesús Vidal
Obispo de Segovia
Fuente: Diócesis de Segovia
