El Pontífice definió la política como una tarea que debe ofrecer un horizonte ideal y mirar hacia el futuro, incluso cuando exige decisiones difíciles o impopulares por el bien común
| El Papa con los miembros del Partido Popular Europeo (@VATICAN MEDIA) |
León XIV instó
este sábado al Partido Popular Europeo (PPE) a recuperar el espíritu fundador
de la Unión Europea, reforzar sus raíces humanistas y cristianas y volver a
poner al pueblo en el centro de la acción política, advirtiendo contra los
riesgos del populismo, el elitismo y las ideologías en un contexto de creciente
desconexión entre ciudadanos e instituciones.
En un discurso
dirigido a los miembros del Partido Popular Europeo (PPE), el Santo Padre León
XIV subrayó la necesidad de revitalizar el proyecto europeo desde sus raíces
humanistas y cristianas, advirtiendo contra los riesgos de la ideología, el
populismo y el elitismo, y reclamando una política que vuelva a conectar con la
vida real de las personas.
El Pontífice
dio la bienvenida a los parlamentarios europeos reunidos en el Vaticano y
saludó especialmente al presidente del PPE, Manfred Weber, y a Mairead
McGuinness, enviada especial de la Unión Europea para la promoción de la
libertad religiosa fuera del territorio comunitario.
Durante su
intervención, el Papa recordó que este tipo de encuentros continúan una
tradición iniciada con san Juan Pablo II y Benedicto XVI, y retomada por el
mensaje que el papa Francisco envió al PPE en 2023. Asimismo, destacó la
inspiración del partido en figuras como Adenauer, De Gasperi y Schuman,
considerados los “padres fundadores” de la Europa contemporánea.
Europa: un
proyecto práctico con un ideal profundo
El Papa afirmó
que la Unión Europea nació tras la Segunda Guerra Mundial como respuesta a una
urgencia histórica: impedir que el continente volviera a caer en un conflicto
devastador. Sin embargo, insistió en que ese proyecto no fue solo pragmático,
sino también profundamente idealista: una apuesta por la cooperación y por el
redescubrimiento de un patrimonio cultural y espiritual compartido.
Según el Santo
Padre, los fundadores europeos estaban motivados por su fe personal y
consideraban los principios cristianos como un factor unificador capaz de
superar el espíritu revanchista y destructivo del pasado.
En este
sentido, citó una expresión del papa Francisco: “la unidad es
superior al conflicto”, destacando que la búsqueda de unidad permite ir más
allá de las divisiones superficiales y construir algo nuevo, mientras que el
conflicto, por el contrario, alimenta la lucha por el poder y conduce a la
destrucción.
Política como
servicio y “forma alta de caridad”
El Pontífice
definió la política como una tarea que debe ofrecer un horizonte ideal y mirar
hacia el futuro, incluso cuando exige decisiones difíciles o impopulares por el
bien común. En esa línea, recuperó la idea tradicional de la doctrina social de
la Iglesia: la política puede ser “la forma más alta de caridad”,
cuando está plenamente comprometida con la construcción del bien común.
No obstante,
advirtió que perseguir un ideal no equivale a abrazar una ideología. Para el
Papa, las ideologías son una deformación de la realidad que terminan sometiendo
a la persona humana a un proyecto artificial, anulando sus aspiraciones de
libertad, felicidad y bienestar. Recordó que la Europa moderna surgió
precisamente del fracaso de los grandes proyectos ideológicos que dividieron y
destruyeron el continente.
La persona en
el centro y el riesgo de desconexión democrática
El Papa citó a
Alcide De Gasperi para insistir en que el auténtico horizonte político debe
colocar a la persona humana en el centro, con su dignidad, su sentido del
derecho, su búsqueda de la belleza y su voluntad de verdad y justicia.
A partir de
ahí, señaló que el propio nombre del Partido Popular Europeo obliga a una tarea
concreta: el pueblo debe ser el centro del compromiso político.
Rechazó la visión del pueblo como un simple receptor pasivo de decisiones y
defendió que debe ser un actor activo y corresponsable del proceso político.
El Santo Padre
alertó sobre dos peligros crecientes: el populismo que busca consenso fácil y
el elitismo que actúa sin consenso social. Frente a ambos, propuso una política
verdaderamente “popular”, basada en el tiempo, el diálogo, la participación y
el amor a la verdad.
“Volver a lo
analógico” en la era digital
Uno de los
mensajes más destacados del discurso fue su denuncia de la creciente distancia
entre ciudadanos y representantes políticos. Para reconstruir un verdadero
tejido social, el Papa pidió recuperar el contacto directo y personal entre la
gente y los parlamentarios.
Con una
metáfora clara, afirmó que en el tiempo del “triunfo digital”, la política
orientada al bien común necesita un regreso a lo “analógico”: la presencia
real, el encuentro cara a cara y la reconstrucción de relaciones humanas en el
territorio. En su opinión, esta cercanía es el mejor remedio contra una
política basada en gritos y consignas, incapaz de responder a los problemas
cotidianos.
Valores
cristiano-democráticos sin confesionalismo
En otro tramo
del discurso, el Pontífice se dirigió directamente a quienes se identifican con
los valores cristiano-democráticos. Les pidió redescubrir la herencia cristiana
sin caer en el confesionalismo, manteniendo la distinción entre la misión
profética propia de la Iglesia y la acción política concreta.
Ser cristiano
en política —explicó— no significa imponer una religión, sino permitir que el
Evangelio ilumine decisiones difíciles, incluso cuando no generen aplauso
inmediato. En ese marco, defendió que no se pierda el vínculo entre ley natural
y ley positiva, y entre raíces cristianas y acción pública.
Trabajo,
familia, migración, ecología e inteligencia artificial
El Papa enumeró
varias prioridades concretas para la acción política europea: condiciones
dignas de trabajo en un mercado cada vez más deshumanizante, apoyo a la
creatividad humana, y respuestas a la crisis demográfica que, según señaló, se
manifiesta en el temor creciente a formar una familia y tener hijos.
También pidió
afrontar las causas profundas de la migración con humanidad y realismo:
cuidando a quienes sufren, pero sin ignorar las capacidades reales de acogida e
integración.
Finalmente,
reclamó abordar sin ideologías desafíos globales como el cuidado del medio
ambiente y el desarrollo de la inteligencia artificial, a la que reconoció
grandes oportunidades pero también graves riesgos.
Libertad basada
en la verdad y defensa de la libertad religiosa
En el cierre de
su intervención, el Papa exhortó a invertir en una libertad auténtica, no
reducida al placer o al relativismo. Una libertad —dijo— que esté anclada en la
verdad y que proteja la libertad religiosa, de pensamiento y de conciencia.
Además,
advirtió contra un “cortocircuito” en la defensa de los derechos humanos, que
puede terminar abriendo espacio a la fuerza y a la imposición.
El Pontífice
concluyó deseando éxito a los miembros del PPE en su servicio a los pueblos
europeos y les impartió la Bendición Apostólica, expresando su esperanza de que
estas reflexiones sirvan como base para una renovada responsabilidad política
en Europa.
Patricia
Ynestroza
Ciudad del
Vaticano
Fuente:
Vatican News