Reconoció que su trabajo es exigente, pero fundamental para el crecimiento humano y espiritual de las nuevas generaciones
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| Un momento del Papa con los profesores de religión de Italia (@Vatican Media) |
El Papa ha
destacado en un discurso dirigido a profesores de Religión Católica la
importancia decisiva de su labor en la formación integral de niños y jóvenes,
subrayando que la dimensión religiosa no puede quedar al margen de la
educación. Los invitó a enseñar desde la cercanía, la coherencia y el amor, en
un contexto marcado por la dispersión interior, y a acompañar a los estudiantes
en el descubrimiento de su mundo interior, promoviendo una educación que una
fe, cultura y pensamiento
León XIV se
dirigió a los participantes del Meeting nacional de los Profesores de
Religión Católica, destacando el papel decisivo que desempeñan los docentes
en la formación integral de niños y jóvenes, subrayando que la dimensión
religiosa no puede ser relegada en la educación y llamando a enseñar desde la
cercanía, la coherencia y el amor, en una época marcada por el ruido y la
dispersión interior. El discurso del Santo Padre dejó un mensaje
contundente: la educación no es solo transmisión de contenidos, sino
acompañamiento humano y espiritual. En un mundo marcado por la distracción y la
incertidumbre, el profesor de Religión aparece como un guía capaz de ayudar a
los jóvenes a reencontrarse consigo mismos, a escuchar su interior y a abrirse
a la verdad con libertad.
Una labor
silenciosa pero esencial
El Papa inició
su intervención saludando a los obispos y a los maestros presentes,
agradeciendo el servicio “silencioso y no apariscente” que realizan en la
escuela. .
Apoyándose en
una reciente nota pastoral de la Conferencia Episcopal Italiana, recordó que la
dimensión religiosa es parte constitutiva de la experiencia humana y, por ello,
no puede ser marginada en los procesos educativos. En este marco, afirmó que la
enseñanza de la Religión Católica representa una expresión concreta de la
atención de la Iglesia hacia los jóvenes.
La sed de
infinito como motor de paz
El Pontífice
citó a san Agustín para describir la búsqueda interior del ser humano y el
deseo profundo de Dios que habita en el corazón. Señaló que esta sed de
infinito, presente en cada persona, puede convertirse en una energía capaz de
promover la paz, renovar la sociedad y enfrentar sus contradicciones.
En ese sentido,
definió la misión del profesor de Religión como una especie de “trampolín” que
ayuda a niños y jóvenes a lanzarse a la aventura del diálogo interior, algo
indispensable para fortalecer una auténtica alianza educativa, hoy más
necesaria que nunca.
Una
asignatura con valor cultural y social
El Santo Padre
también insistió en que la Religión Católica no es únicamente un contenido
espiritual, sino una disciplina con una gran relevancia cultural. Explicó que
permite comprender procesos históricos y sociales, además de acercarse a las
artes, el pensamiento y las tradiciones que han configurado la identidad de
Italia, Europa y numerosos países.
Subrayó que
esta enseñanza, cuando se imparte en diálogo con otras disciplinas y con rigor,
ayuda a comprender mejor el mundo. Especialmente destacó la Biblia como fuente
inagotable para conocer a Cristo y, a través de Él, el rostro del Padre.
Además,
defendió que una verdadera laicidad no excluye el hecho religioso, sino que
sabe reconocerlo como un recurso educativo valioso, siempre respetando la
libertad de cada persona.
“El corazón
habla al corazón”: educar para escuchar
El Papa se
detuvo especialmente en el lema del encuentro, Cor ad cor loquitur (“El
corazón habla al corazón”), inspirado en san John Henry Newman. Según explicó,
esta expresión resume un camino educativo en el que la verdad es la meta, y la
relación personal es el camino para alcanzarla.
Advirtió que en
la actualidad los jóvenes viven asediados por estímulos constantes y ruidos
externos que pueden apagar su voz interior. Por ello, educar significa
ayudarles a reconocer esa voz que ya está dentro de ellos, sin enterrarla ni
confundirla con el caos del entorno.
El Pontífice
señaló que muchos jóvenes, aunque parezcan indiferentes, esconden en realidad
inquietud y sufrimiento: una intensidad emocional difícil de comprender y de
expresar.
Formar en
libertad interior y pensamiento crítico
En el centro de
su reflexión, el Papa afirmó que hacer escuela es formar a las personas en la
escucha del corazón. Eso, dijo, conduce a la libertad interior y al pensamiento
crítico, donde fe y razón no se enfrentan, sino que caminan juntas en una
búsqueda sincera de la verdad. Recordó que educar exige paciencia, sembrar sin
exigir resultados inmediatos y respetar los tiempos de maduración de cada
estudiante. Pero sobre todo, insistió, requiere amor.
Uno de los
pasajes más directos del discurso fue el llamado a los profesores a ser
“maestros creíbles”, enamorados de Dios y también de sus alumnos. El Santo
Padre pidió transmitir valores sin protagonismo ni moralismos, ofreciendo
miradas que levantan y siendo testigos de una coherencia humilde y cercana.
Afirmó que los
estudiantes no necesitan respuestas prefabricadas, sino adultos honestos y
presentes, capaces de acompañarlos con autoridad y responsabilidad en las
grandes preguntas de la vida. Según el Papa, los jóvenes recordarán
especialmente a quienes supieron reconocer en ellos un don único, quienes los
tomaron en serio y caminaron a su lado mostrando que también ellos buscan,
piensan, viven y creen.
Sin disminuir
el valor del testimonio personal, el Pontífice subrayó también la necesidad de
una sólida competencia profesional. La enseñanza de la Religión Católica —dijo—
requiere actualización constante, planificación, rigor cultural y capacidad de
utilizar lenguajes adecuados para las nuevas generaciones.
“Coreógrafos
de esperanza” ante los desafíos de la escuela
En la parte
final, el Papa reconoció que la escuela enfrenta desafíos dramáticos y al mismo
tiempo apasionantes. Por eso animó a los docentes a perseverar, recordándoles
que la Iglesia los envía como “servidores del mundo educativo”, “coreógrafos de
esperanza”, “buscadores incansables de sabiduría” y “artífices creíbles de
belleza”.
Concluyó
confiando a los participantes a la intercesión de la Virgen María y de los
santos educadores, asegurando su oración y otorgando la bendición apostólica
también a las familias, estudiantes y seres queridos de los docentes.
Patricia
Ynestroza
Ciudad del
Vaticano
Fuente: Vatican News
