Que la ética cristiana sea aplicada al mundo civil
![]() |
| El encuentro del Papa con las autoridades de Guinea Ecuatorial (@Vatican Media) |
En su primer
encuentro en Guinea Ecuatorial, León XIV se dirige a las autoridades del país y
advierte que el destino de la humanidad corre el riesgo de verse trágicamente
comprometido “sin un cambio de rumbo en la asunción de la responsabilidad
política y sin respeto por las instituciones y los acuerdos internacionales”.
En un mundo
“herido por la prepotencia”, hay que “valorar a quienes creen en la paz, y
atreverse a aplicar políticas que vayan contracorriente, centradas en el bien
común”. Fue el llamamiento del Papa León XIV en el encuentro con
las autoridades, los representantes de la sociedad civil y el cuerpo
diplomático de Malabo, primera cita de su visita apostólica a Guinea
Ecuatorial, hoy 21 de abril.
El Papa
aterrizó en el aeropuerto internacional de Malabo, procedente de Luanda,
entorno a las 12:31 hora local y, tras la ceremonia de bienvenida y una breve
reunión privada con el presidente Teodoro Obiang Nguema Mbasogo, se trasladó al
Palacio Presidencial para la visita de cortesía al mandatario guineano. Ya en
el salón del palacio presidencial, se encontró con las autoridades y
representantes de la sociedad civil.
Lea
aquí el texto integral del Papa a las autoridades de Guinea Ecuatorial
“Me alegra
estar aquí para visitar al querido pueblo de Guinea Ecuatorial”, expresó el
Pontífice iniciando su discurso, precedido por las palabras de bienvenida del
presidente Mbasogo a quien agradeció por las palabras que le dirigió, como así
también por la acogida recibida.
Siguiendo los
pasos del mandato de San Juan Pablo II, que visitó esta tierra hace 44 años, y
del Concilio Vaticano II, el Papa León se presentó ante las autoridades de
Guinea Ecuatorial explicando los motivos y los sentimientos que lo han llevado
hasta allí “para confirmar en la fe y consolar al pueblo de este país en
rápida transformación. Pues, al igual que en el corazón de Dios – precisó –
también en el corazón de la Iglesia resuena el eco de cuanto ocurre aquí en la
tierra, entre millones de hombres y mujeres por los cuales nuestro Señor
Jesucristo dio su vida”.
Que la ética
cristiana sea aplicada al mundo civil
A continuación,
citó a San Agustín, quien leía los acontecimientos y la historia según el
modelo de dos ciudades: la de Dios, eterna, caracterizada por su amor
incondicional (amor Dei), unido al amor al prójimo, especialmente a los
pobres; y la terrena, lugar de residencia transitoria, en la que los hombres y
mujeres viven hasta su muerte. “Agustín, afirmó el Pontífice, considera que los
cristianos están llamados por Dios a habitar en la ciudad terrena, pero con el
corazón y la mente dirigidos hacia la ciudad celestial, su verdadera patria”.
Por ello, señaló que es fundamental que todo ser humano "perciba la
diferencia entre lo que perdura y lo que pasa, manteniéndose libre de la riqueza
injusta y de la ilusión del dominio".
En
particular, «los cristianos que viven en la ciudad terrenal no son ajenos al
mundo político y, guiados por las Escrituras, buscan aplicar la ética cristiana
al gobierno civil. La Ciudad de Dios no propone un programa político. En
cambio, ofrece valiosas reflexiones sobre cuestiones fundamentales relacionadas
con la vida social y política» (Discurso al Cuerpo diplomático, 9 enero 2026).
El Obispo de
Roma recordó asimismo el imponente proyecto emprendido para construir la nueva
capital del país, con un nombre “en el que parece resonar el de la Jerusalén
bíblica: Ciudad de la Paz” y expresó el deseo de que “esa
decisión haga reflexionar a cada conciencia sobre cuál es la ciudad a la que
quiere servir”.
La formación
de conciencias para afrontar los problemas
Observando las
“cosas nuevas” que desestabilizan el planeta y la convivencia humana, el Santo
Padre recomendó la ayuda de la doctrina social de la Iglesia, que busca ante
todo el Reino de Dios y su justicia.
Esto es una
parte fundamental de la misión de la Iglesia: contribuir a la formación de las
conciencias mediante el anuncio del Evangelio y la propuesta de criterios
morales y principios éticos auténticos, respetando la libertad de cada persona
y la autonomía de los pueblos y sus gobiernos. El objetivo de la doctrina
social es educar para afrontar los problemas, que siempre son diferentes, ya
que cada generación es nueva, con nuevos retos, nuevos sueños y nuevos
interrogantes.
La exclusión
nueva cara de la injusticia social
El Santo Padre
comparó nuestra época, marcada por “cuestiones que sacuden los cimientos de la
experiencia humana”, con aquella en la que el Papa León XIII promulgó la Rerum
novarum y constató que hoy “la exclusión es la nueva cara de la
injusticia social”. Para el Papa, nos encontramos ante una paradoja. “La falta
de tierra, alimentos, vivienda y trabajo digno – evidenció - coexiste con el
acceso a las nuevas tecnologías que se difunden por todas partes a través de
los mercados globalizados. Los teléfonos celulares, las redes sociales e
incluso la inteligencia artificial están al alcance de millones de personas,
incluidos los pobres”, dijo citando el discurso a los Movimientos
Populares de octubre 2025. De ahí su indicación:
Es una tarea
ineludible de las autoridades civiles y de la buena política eliminar los
obstáculos al desarrollo humano integral, cuyos principios fundamentales son la
destinación universal de los bienes y la solidaridad.
No a una
economía de la exclusión y la inequidad
La rapidísima
evolución tecnológica – señaló también León – ha acelerado una
especulación conectada a la necesidad de materias primas que parece hacer
olvidar necesidades fundamentales como la salvaguardia de la creación, los
derechos de las comunidades locales, la dignidad del trabajo y la protección de
la salud pública. Y a este respecto, hizo suyo el llamamiento del Papa
Francisco “que hace justo un año dejaba este mundo” – recordó – en la
Exhortación Apostólica Evangelii
gaudium.
Hoy tenemos
que decir ‘no a una economía de la exclusión y la inequidad. Esa economía mata.
De hecho, hoy en día es aún más evidente con respecto a algunos años atrás que
uno de los principales motivos de la proliferación de los conflictos armados es
la colonización de yacimientos petrolíferos y mineros, sin tener en cuenta el
derecho internacional ni el derecho de los pueblos a la autodeterminación.
No profanar
el nombre de Dios por voluntad de dominio
El Papa observó
que las mismas “nuevas tecnologías parecen concebidas y utilizadas
principalmente con fines bélicos y en contextos que no permiten vislumbrar un
aumento de oportunidades para todos”. Y a este respecto indicó que “sin un
cambio de rumbo en la asunción de la responsabilidad política y sin respeto por
las instituciones y los acuerdos internacionales, el destino de la humanidad
corre el riesgo de verse trágicamente comprometido”.
Dios no
quiere esto. Su Santo Nombre no puede ser profanado por la voluntad de dominio,
la prepotencia y la discriminación; sobre todo, nunca debe ser invocado para
justificar decisiones y acciones que causan la muerte. Que este país no dude en
revisar sus propias trayectorias de desarrollo y las oportunidades positivas de
situarse en la escena internacional al servicio del derecho y la justicia.
Dar espacio
y confianza a los jóvenes
En este
"país joven", León XIV recordó que la Iglesia es lugar donde se puede
encontrar la “ayuda para formar conciencias libres y responsables, para avanzar
juntos hacia el futuro”.
En un mundo
herido por la prepotencia, los pueblos tienen hambre y sed de justicia. Hay que
valorar a quienes creen en la paz, y atreverse a aplicar políticas que vayan a
contracorriente, centradas en el bien común. Se necesita urgentemente el valor
de nuevas visiones y de un pacto educativo que dé a los jóvenes espacio y
confianza.
"La ciudad
de Dios, ciudad de la paz, debe ser acogida, en efecto, como un don que viene
de lo alto y hacia el cual dirigir nuestro deseo y todos nuestros
recursos", concluyó el Pontífice. “Es una promesa y una tarea”.
María Cecilia Mutual
Ciudad del
Vaticano
Fuente: Vatican News
