¿Qué es lo que realmente importa?
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| El Papa entusiasta ante la cálida bienvenida de Nápoles. (@Vatican Media) |
León XIV, en la
grandiosa Plaza del Plebiscito, última etapa de su visita de un día a Pompeya y
Nápoles, ciudad “bañada por el mar, besada por el sol” y donde no faltan las
heridas, la pobreza y los temores, exhortó a la ciudadanía a buscar la paz,
construir comunidad, mientras que la acción del Estado debe orientarse a
combatir el drama del desempleo, el abandono escolar y restar espacio a la
delincuencia organizada.
En la “perla
del Mediterráneo que el Vesubio contempla desde lo alto”, el Papa León XIV, en
su encuentro con la ciudadanía en la Plaza del Plebiscito, corazón emblemático
de Nápoles, agradeció la “cálida acogida” de los más de 30 mil napolitanos
presentes, del arzobispo card. Domenico Battaglia, del alcalde prof. Gaetano
Manfredi y de los testimonios de dos jóvenes, pronunciados antes de su
discurso, en el que “esas voces” no sólo hablan de compromiso y ganas de
cambio, sino de “una Nápoles que a menudo camina cansada, desorientada y
decepcionada”, donde “encuentran cabida las heridas, la pobreza y los temores”.
¿Qué es lo
que realmente importa?
En esta cita
final de su visita pastoral a Pompeya y Nápoles, región y pueblo elegido por
León XIV para celebrar su primer año de magisterio pontificio, la escena
evangélica de los discípulos de Emaús y los testimonios que abrieron el
encuentro, fueron un eje conductor de la reflexión del Santo Padre. Tras
describir las fatigas y desasosiego que tantas veces agobia el ánimo de los
napolitanos, el Papa las compara con la necesidad de los dos discípulos del
Evangelio de la cercanía de Jesús, “las voces de un pueblo que, aún hoy, siente
la necesidad de detenerse para preguntarse: ¿qué es lo que realmente importa?”
“Hermanos,
hermanas, en esta ciudad fluye un anhelo de vida, de justicia y de bien que no
puede ser abrumado por el mal, el desánimo y la resignación. Por eso es
necesario que —no solos, sino juntos— nos preguntemos: ¿qué es lo que realmente
importa? ¿Qué es necesario e importante para retomar el camino con el ímpetu
del compromiso en lugar del cansancio del desinterés, con el valor del bien en
lugar del miedo al mal, con el cuidado de las heridas en lugar de la
indiferencia?”
De
desigualdad, desempleo, delincuencia
Una “dramática
paradoja”, la que vive Nápoles hoy, afirma León XIV, pues por un lado se
observa un aumento de la actividad turística y un mayor dinamismo económico que
involucra a toda la población, pero que “sigue marcada por una brecha social”,
dejando periferias territoriales y existenciales. Una geografía de
desigualdad y pobreza – agrega el Papa-, de problemas sin resolver, como la
disparidad de ingresos, la falta de infraestructuras y servicios, la
criminalidad organizada, el drama del desempleo, el abandono escolar y otras
situaciones agobiantes para las personas.
“Ante estas
realidades, que a veces adquieren dimensiones preocupantes, la presencia y la
acción del Estado son más necesarias que nunca, para dar seguridad y confianza
a los ciudadanos y restar espacio a la delincuencia organizada”.
Los héroes
del día a día
En este
contexto, el Santo Padre destaca la labor de hombres y mujeres napolitanos, que
desean “una ciudad redimida del mal y sanada de sus heridas”, que son
“auténticos héroes sociales” que se gastan con dedicación y humildad para “que
la justicia, la verdad y la belleza se abran paso en las calles, en las
instituciones y en las relaciones”. Personas – insistió el Papa – que no deben
quedarse “aisladas”, para que ese compromiso se convierta en relaciones, en red
para trabajar y “construir comunidad”.
Un
reconocimiento del Papa se dirige también a la Iglesia en Nápoles que
contribuye a ese “trabajo en red,” que reúne y conecta las energías y talentos,
especialmente, a través de un Pacto Educativo, que cuenta con la contribución
del Ayuntamiento, la Región, el Gobierno, además de numerosas realidades
eclesiales y del tercer sector.
“Por eso,
quisiera lanzar un llamamiento a todos ustedes: ¡que no se rompa esta red que
los une, que no se apague esta luz que han comenzado a encender en la
oscuridad, que no pierda su color este sueño que están haciendo realidad por
una Nápoles mejor y más bella!
Nápoles y su
vocación de ser capital de humanidad y esperanza
La exhortación
del Santo Padre a seguir adelante para levantar la ciudad y proteger a “sus
hijos” de las “trampas de la desdicha y del mal”, para devolver a Nápoles su
vocación de ser “capital de la humanidad y la esperanza”, fue seguida de una
advertencia, de no conformarse con hacer de su ciudad una “simple «postal» para
los visitantes”, sino en edificar una paz concreta compartida por todos.
“La paz nace
en el corazón del hombre, se manifiesta en las relaciones, se arraiga en los
barrios y en las periferias, y se extiende hasta abarcar toda la ciudad y el
mundo. Por eso sentimos la urgencia de trabajar, ante todo, dentro de la propia
ciudad. Aquí la paz se construye promoviendo una cultura alternativa a la
violencia, a través de gestos cotidianos, itinerarios educativos y opciones
prácticas de justicia”.
La justicia
y la caridad van juntas
“No hay paz sin
justicia, y que la justicia, para ser auténtica, nunca puede separarse de la
caridad”. Con estas palabras, el Pontífice introduce su valoración de
varias iniciativas como la Casa de la Paz, que acoge a niños y madres en
dificultades; la Casa Bartimeo, lugar de acompañamiento para jóvenes y
adultos en situaciones de fragilidad; la «plataforma» de diálogo intercultural
e interreligioso; la labor de la Cáritas diocesana en la acogida de migrantes y
refugiados; y el compromiso de tantos jóvenes que, en los oratorios, se dedican
con pasión a la educación de los más pequeños, voluntarios que se entregan a
los servicios de caridad y asistencia social. Todas experiencias – afirma- que
“son signos concretos de una Iglesia joven y de una ciudad capaz de
regenerarse”
“Hermanos y
hermanas, Nápoles necesita este impulso, esta energía disruptiva del bien, el
valor evangélico que nos hace capaces de renovarlo todo. Que sea un compromiso
de todos: ¡asúmanlo y llévenlo adelante todos juntos! Háganlo especialmente con
los jóvenes, que no son solo destinatarios, sino protagonistas del cambio”.
Saludos,
poesía y pedazos de vida
La llegada de
León XIV a la Plaza del Plebiscito, marcada con “vivas” y música, de sonrisas y
algo de “desorden”, tal como se perfila el pueblo napolitano en la “imaginería”
mundial, fue seguida de las palabras del arzobispo Battaglia, una especie de
poesía de oración, de súplica e invocación, donde cada aspecto de la ciudad y
su gente fue narrado en su luz y oscuridad, en su bien y mal, sus alegría y
tristezas, en su nostalgia y su esperanza, una bienvenida que solo escuchada o
leída puede dar la dimensión de su belleza.
Más concreta y
sincera la descripción del alcalde Manfredi, que sin ahorrar criticidades y
anuencias de la ciudad que lo ha elegido, puntualizó que la política tiene el
deber de influir en las vidas de la ciudadanía con seriedad y visión, sin
negligencias y orientada hacia la transformación justa y concreta de la
realidad. La misma que en dos testimonios, fue revelada por Fabio, ejemplo de
renacimiento y un nuevo comienzo tras una pérdida y la de Rebecca expresión de
la decisión de permanecer en la ciudad, a pesar de las dificultades de vivir en
un barrio marginal.
A conclusión
del evento y antes de la bendición apostólica, dos jóvenes rezan con el Santo
Padre, ante la estatua de la Inmaculada Concepción. Y mientras los cantos de un
coro compuesto por un centenar de personas interpreta canciones sacras y
napolitanas, el Pontífice los felicita particularmente, así como a los enfermos
presentes y con un “Viva Napoli” se dirigió a “Rotonda Díaz”, donde, tras
despedirse de las autoridades civiles y religiosas, abordó el helicóptero, para
emprender su regreso a la Ciudad del Vaticano.
Alina Tufani
Díaz
Ciudad del
Vaticano
Fuente: Vatican News
