En la tercera jornada del Papa en Angola, el Pontífice ha celebrado la eucaristía en presencia de unos 60 mil fieles en Saurimo, donde llegó por la mañana procedente de Luanda
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Antes de la
misa visitó un centro de ancianos. En la homilía, León XIV aseguró que toda
forma de opresión, violencia, explotación y mentira niega la resurrección de
Cristo, don supremo de nuestra libertad.
“Hoy vemos que
muchos deseos de la gente son frustrados por los violentos, explotados por los
prepotentes y engañados por la riqueza. Cuando la injusticia corrompe los
corazones, el pan de todos se convierte en posesión de unos pocos”. Pero, ante
estos males, “Cristo escucha el clamor de los pueblos y renueva nuestra
historia; de cada caída nos levanta, en cada sufrimiento nos consuela y en la
misión nos alienta”.
Son palabras
del Papa León XIV en la homilía de la misa celebrada este lunes 20 de abril en
Saurimo, en su tercer día en Angola. A primera hora de la mañana, el Santo
Padre voló desde Luanda hasta Saurimo, ciudad conocida por las
minas de diamantes. La primera visita del día fue a una casa de acogida para
ancianos. Después se trasladó al lugar de la santa misa, pasando por la
catedral de Nuestra Señora de la Asunción, donde el Santo Padre realizó un
momento de oración y adoración al Santísimo. A la explanada llegó en papamóvil,
desde dónde saludó a todas las personas que esperaban con alegría su llegada.
El riesgo de
sustituir la fe por un comercio supersticioso
Ante los miles
fieles presentes, unos 40 mil en la explanada y unos 20 mil en las áreas
inmediatamente circundantes, el Pontífice reflexionó sobre el pasaje evangélico
de día en el que la multitud “ve a Jesús como un instrumento para lograr algo
más, como un proveedor de servicios”. Esto ocurre -advirtió el Pontífice-
cuando la fe auténtica se sustituye por un comercio supersticioso, en el cual
Dios se convierte en un ídolo al que sólo se recurre cuando y mientras nos
conviene. Y advirtió que incluso los dones más hermosos del Señor pueden
convertirse en “una exigencia, un premio o un chantaje, y son malinterpretados
precisamente por quienes los reciben”. A propósito, aseguró que este relato
evangélico nos hace comprender “que existen motivos equivocados para buscar a
Cristo, sobre todo cuando se le considera un gurú o un amuleto de la suerte”.
No hemos
venido al mundo para convertirnos en esclavos
La actitud de
Jesús hacia nosotros es muy diferente. “Él no rechaza esta búsqueda insincera,
sino que anima a la conversión. No aleja a la multitud, sino que invita a todos
a examinar lo que late en nuestro corazón”, subrayó el Papa. Y prosiguió
recordando que Jesús no nos da un alimento que perece, “sino un pan que hace
que no perezcamos, porque es alimento de vida eterna”. El Obispo de Roma
recordó también que “no hemos venido al mundo para morir” ni “para convertirnos
en esclavos ni de la corrupción de la carne, ni de la del alma”. Al respecto,
el Santo Padre aseveró que “toda forma de opresión, violencia, explotación y
mentira niega la resurrección de Cristo, don supremo de nuestra libertad.”
Y este triunfo sobre el mal y sobre la muerte - añadió - no ocurre sólo
al final de los días, sino en la historia de cada día. Para acoger este don, es
necesario creer “en aquel que Él ha enviado”.
El camino de
Dios nunca falla
“Es el Señor
quien traza el camino para este recorrido, no nuestras urgencias ni las modas
del momento”, subrayó. Y retomó las palabras de su predecesor san Juan Pablo II
en la exhortación apostólica Ecclesia in Africa en las que
afirmaba que, al seguir a Jesús, el camino eclesial es siempre un “Sínodo de la
resurrección y de la esperanza”. Invitó a los presentes a seguir en esa
dirección: “con el Evangelio en el corazón, tendrán valor ante las dificultades
y las decepciones; el camino que Dios ha abierto para nosotros nunca falla”.
Cristo mismo - añadió el Papa León XIV - da orientación y fuerza al camino, un
camino que queremos aprender a vivir cada vez más como debe ser, es decir,
sinodal.
En esta misma
línea, en la homilía el Pontífice recordó que al compartir la Eucaristía
“estamos llamados a servir a nuestro pueblo con una dedicación que levanta de
toda caída, que reconstruye lo que la violencia destruye y comparte con alegría
los lazos fraternos”.
Camino de
esperanza, de reconciliación y de paz
Finalmente, el
Papa aseguró que el testimonio de los mártires y de los santos “nos alienta y
nos impulsa a un camino de esperanza, de reconciliación y de paz”, a lo largo
del cual “el don de Dios se convierte en el compromiso del hombre en la
familia, en la comunidad cristiana y en la sociedad civil”. Recorriéndolo
juntos, a la luz del Evangelio, la Iglesia en Angola “crece según esa
fecundidad espiritual que comienza en la Eucaristía y continúa en el cuidado
integral de cada persona y de todo el pueblo”, subrayó León XIV. Y concluyó
afirmando que la vitalidad de las vocaciones que se experimenta en este país
“es signo de la correspondencia al don del Señor, siempre abundante para quien
lo acoge con corazón puro”.
Saludo final
y agradecimiento al pueblo de Angola
Al finalizar la
eucaristía, el Pontífice dirigió unas palabras de gratitud a todos los
presentes: “Agradezco a los obispos, y con ellos a los sacerdotes y a los
diáconos, así como a los consagrados y a los fieles laicos, por haber preparado
mi visita. Expreso viva gratitud a las autoridades civiles angoleñas por
el gran esfuerzo organizativo”. El Papa León XIV pidió a Angola que se
mantenga fiel a sus “raíces cristianas”. Así – aseguró - podrás seguir
ofreciendo tu ayuda cada vez mejor para la construcción de la justicia y la paz
en África y en el mundo entero.
Rocío Lancho
García
Ciudad del
Vaticano
Fuente: Vatican News