CÓMO EL CAMINO A EMAÚS REFLEJA LO QUE OCURRE EN LA MISA

El relato de san Lucas sobre el encuentro en el camino a Emaús ofrece una descripción fiel de cómo se ha celebrado la misa durante 2000 años

Cena de Caravaggio en casa de Emaús. Dominio público

Lo que puede sorprender a algunas personas es que los Evangelios no terminan con la muerte y la resurrección de Jesús. De hecho, en cada Evangelio hay relatos adicionales que narran lo que ocurre tras la resurrección de Jesús.

Estos relatos cuentan cómo Jesús resucitado se encontró con sus discípulos, mostrándoles las heridas de sus manos y su costado, y confirmándoles que había resucitado de entre los muertos.

Una historia singular que tiene lugar tras la resurrección de Jesús se encuentra en el Evangelio de Lucas. Explica cómo dos discípulos iban de camino a Emaús y se encontraron con Jesús, aunque al principio no lo reconocieron.

Lo interesante es cómo esta historia refleja el esquema esencial de la Misa.

Liturgia de la Palabra

La Misa comienza siempre con la lectura de pasajes tanto del Antiguo Testamento como del Nuevo Testamento. Tras el Evangelio, el sacerdote explica cómo las lecturas que acabamos de escuchar se relacionan con Jesucristo y con la vida cristiana.

Cuando Jesús se encontró con los dos discípulos de camino a Emaús, les abrió las Escrituras y se las explicó:

"¡Oh hombres insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas y entrara en su gloria?" Y, comenzando por Moisés y todos los profetas, les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a él". (Lucas 24, 25-27)

Esto encaja perfectamente con la primera parte de la Misa.

Liturgia de la Eucaristía

Tras la homilía, la misa continúa con la liturgia eucarística, en la que el sacerdote toma el pan y el vino y hace presente, por el poder de Dios, al mismo Jesús.

Los discípulos no reconocieron a Jesús hasta que se hizo presente de una manera singular:

"Cuando estaba a la mesa con ellos, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio. Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron; pero él desapareció de su vista". (Lucas 24, 30-31)

Jesús está presente de manera especial en la Eucaristía durante la misa, por lo que es lógico que los discípulos no lo reconocieran hasta ese momento.

Envío

La misa concluye con una despedida, en la que el sacerdote o el diácono pueden decir: «Id, la misa ha terminado».

La Conferencia Episcopal de Estados Unidos (USCCB) ofrece un comentario sobre esta despedida que apunta a nuestra misión general:

"Tras la bendición, el diácono despide al pueblo. De hecho, la despedida da nombre a la liturgia. La palabra 'Misa' proviene del latín 'Missa'. Antiguamente, se despedía al pueblo con las palabras 'Ite, missa est' (que literalmente significa 'Id, ella —es decir, vosotros, la Iglesia— ha sido enviada'). La palabra 'Missa' está relacionada con la palabra 'missio', raíz de la palabra 'misión'. La liturgia no termina simplemente. Los allí reunidos son enviados a llevar los frutos de la Eucaristía al mundo".

De manera similar, los dos discípulos regresaron inmediatamente a Jerusalén para contar a todos la 'buena nueva':

Y se levantaron a la misma hora y regresaron a Jerusalén; y encontraron a los once reunidos y a los que estaban con ellos, quienes dijeron: "¡El Señor ha resucitado de verdad, y se ha aparecido a Simón!" Entonces contaron lo que les había sucedido en el camino, y cómo lo habían reconocido al partir el pan. (Lucas 24, 33-35)

Al igual que los discípulos fueron alimentados por la presencia de Jesús y fueron enviados en misión, también nosotros somos enviados tras la misa al mundo para contar a todos lo que nos sucedió cuando nos encontramos con Jesús.

Philip Kosloski 

Fuente: Aleteia