La Biblia, Palabra de Dios, es clara y el Señor instituyó sus mandamientos para siempre, por eso debemos recordar que a nadie se le ha dado permiso para pecar
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| Sergio Yoneda |
Los
mandamientos de la Ley de Dios no tienen caducidad. Por eso no podemos
pretender que cambien conforme pasa el tiempo y que dependa de las modas, los
gustos o las pretensiones de algunos para que se nos exente de ellos. Por el
contario, la Biblia declara abiertamente que nadie tiene permiso para pecar.
No hay pecados
inofensivos
Hay que
recordar que el pecado es una ofensa directa a Dios. Con eso basta para que sea
una falta enorme, sin embargo, hay algunas circunstancias que atenúan su
gravedad. Pero eso no quiere decir que los pecados pequeños sean inofensivos,
sencillamente no deberíamos pecar y ya.
Sin embargo,
hay que recordar que Dios nos ha dado el inmenso regalo de la libertad. Él bien
podría alejarnos del mal y quitar de en medio cualquier tentación, pero no lo
hace porque quiere que nosotros elijamos. Dice el libro del Eclesiástico
(Sirácides):
(Eclo
15, 14-17)
El Señor no
impone, delicadamente respeta la libertad del ser humano. Por ende, no podemos
culparlo de nuestras malas decisiones.
Jesús les dio
plenitud
Ahora bien, en
el Evangelio encontramos que Jesús aclara que no vino a abolir la ley y los
profetas, sino a darles plenitud y cumplimiento (Mt 5,
17). Por eso también conmina a sus discípulos a ser más exigentes consigo
mismos que los fariseos.
Les explica que
no hay que conformarse con no matar sino que no hay que enojarse con los
hermanos. Que comete adulterio quien ve a una mujer con malos ojos, que no solo
no juren por Dios, sencillamente hagan valer su palabra y que el que se casa
con una divorciada comete adulterio ((Mt 5,
21-37)).
La sabiduría y
el amor de Dios son infinitos y nos ha dejado el camino seguro para la alcanzar
la salvación. Esos son los mandamientos, que, si son observados fielmente por
nosotros, nos llevarán a puerto seguro.
Nadie tiene
permiso de pecar
Entonces, ¿en
dónde leemos la cita que motivó este artículo? En el mismo libro del
Eclesiástico:
(Eclo
15, 18-20)
Hagamos caso de
la palabra de Dios y no acomodemos los mandamientos a nuestro gusto y voluntad.
Seamos fieles para alcanzar el cielo.
Mónica Muñoz
Fuente: Aleteia
