PRESIDENTE DE LOS OBISPOS ESPAÑOLES PROPONE DOS SÍES Y UN NO PARA VIVIR EN CUARESMA

El Arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), Mons. Luis Argüello, propone vivir dos síes y un no durante la Cuaresma para disponer el corazón hacia la Pascua  

ACI Prensa

En una carta publicada poco antes de celebrar el Miércoles de Ceniza, Mons. Argüello expone que “este tiempo de Cuaresma nos da la oportunidad de decir con nuestra vida dos síes y también poder afirmar —valga la contradicción— un no”, en relación con las prácticas de la oración, la limosna y el ayuno. 

“Con la oración decimos sí a Dios”, afirmó el prelado, para “ponernos ante el propio Señor, experimentar su presencia, que consuela, y su amor, que es misericordia” y, del mismo modo, “escuchar la Palabra que poco a poco va transformando, convirtiendo nuestra mentalidad”.  

En este sentido, enfatizó que este primer sí cuaresmal puede tener varias expresiones como la oración silenciosa persona, la oración comunitaria, por ejemplo, mediante el ejercicio del Vía Crucis o participando en novenarios, triduos o quinarios organizados por las cofradías. También forma parte de este sí la Confesión.  

El ejercicio de la limosna es definido por Mons. Argüello como “decir sí a los hermanos”, compartiendo los bienes materiales, en especial con los más necesitados. También "entregando nuestro tiempo, ofreciendo nuestra vida en la cercanía a aquellos hermanos que quizás estén más solos, aquellos con los que quizás hayamos podido tener un conflicto, una dificultad u otros a los que tengamos olvidados y por los cuales deberíamos de tener una solicitud”.  

La oportunidad de la limosna también se ofrece a través de la colaboración con las cáritas parroquiales y diocesanas, la pastoral de enfermos o el cuidado de los mayores, o ayudando a organizaciones como Manos Unidas o Ayuda a la Iglesia Necesitada: “Qué buena ocasión esta Cuaresma para decir sí a los hermanos, a través de este ejercicio de la limosna en la que compartimos bienes y tiempo”. 

“La limosna, que es proclamar la justicia en nombre de Dios, pide también de nosotros el cultivo de la formación en la Doctrina Social de la Iglesia para realizar también un ejercicio de entrega de la vida en la militancia cristiana”, añade Mons. Argüello. 

Para que los síes cuaresmales de la oración y la limosna sean posibles, el Arzobispo de Valladolid recuerda que “el Señor en el Sermón de la Montaña nos propone decir no” a todo lo que “nos aparta de Dios”  o que "dificulta nuestra relación con los hermanos”.  

“El no de la Cuaresma lo llamamos ayuno, este ejercicio concreto, carnal, corporal, del ayuno y de la abstinencia en el que renunciamos a algo legítimo”, prosiguió el prelado antes de poner algunos ejemplos como comer carne los viernes o reducir nuestra alimentación.  

El sentido del ayuno está en “disponer el corazón al sí al Señor, al sí a los hermanos”. Así, subraya el prelado, “no cabe duda de que para poder redecir sí a Dios necesitamos ayunar o abstenernos de dedicar el tiempo a otras cosas” como la televisión, las redes sociales u otras actividades.   

"Estamos llamados a una renuncia, a un sacrificio, a disminuir nuestros gastos en otras cosas, no solo de lo superfluo, incluso de lo necesario para vivir, a la hora de compartir con nuestros hermanos más necesitados”, insiste el prelado, incluso quitarnos de "eso que llamamos tiempo libre, para que nuestra libertad quiera ofrecer el tiempo en el servicio, en la ayuda a otros”. 

Aunque cabe la tentación de decir de estos gestos “va, no tiene importancia”, Mons. Argüello sostiene que "es a través de estos pequeños detalles como recordamos lo esencial, lo que quieren decir como indicadores de una práctica penitencial”. 

El prelado concluyó animando a vivir “este tiempo de Cuaresma como una oportunidad para hacer un exceso en la oración, en la limosna, en el ayuno y, así, disponer el corazón y renovar en la Noche Santa de Pascua nuestro Bautismo y, con la fuerza del Espíritu Santo, poder hacer una oración más intensa que termine diciendo: Señor, qué quieres de mí”. 

Por Nicolás de Cárdenas

Fuente: ACI Prensa