Un paraje natural, una construcción milenaria y leyendas que la convierten en parada obligada del turismo espiritual y cultural de Castilla y León
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| Ermita de S. Frutos río Duratón (Segovia). Foto: Segovia un buen plan |
Situada en uno
de los meandros más espectaculares del río Duratón, en la provincia de Segovia, la
Ermita de San Frutos atrae cada año a miles de visitantes que combinan
sus rutas de naturaleza con una visita a uno de los templos románicos más
antiguos de España. Testigo de historia, fe y leyendas, este lugar mágico
ofrece panorámicas únicas, patrimonio arquitectónico y una experiencia que
trasciende lo turístico.
Un templo
en el corazón de la naturaleza
Elevada sobre
un saliente rocoso que domina las Hoces del río Duratón —parte del Parque
Natural de las Hoces del Duratón, en Castilla y León—, la Ermita de
San Frutos es mucho más que una construcción: es un destino
imprescindible para quienes aman la historia, la fe y la naturaleza.
Declarada Monumento
Histórico-Artístico y Bien de Interés Cultural en 1931, esta ermita
románica se levanta en uno de los escenarios paisajísticos más espectaculares
del centro de España, donde los cortados calizos forman un impresionante cañón
natural.
Su ubicación
estratégica sobre los meandros del Duratón permite disfrutar de vistas
panorámicas que combinan flora, fauna y arquitectura: desde el lugar se pueden
observar vuelos de buitres leonados y un entorno prácticamente virgen,
escenario natural de varias películas y series.
Historia
milenaria
La ermita tal
como la conocemos comenzó a edificarse en el siglo XII, sobre
restos de una construcción anterior y de una necrópolis visigoda anterior.
Según los estudios históricos, se levantó tras la donación que hizo el
rey Alfonso VI al monasterio de Santo Domingo de Silos en 1076, y la
iglesia fue consagrada en torno al año 1100 bajo la dirección
de maestros monásticos.
Arquitectónicamente,
la iglesia es un excelente ejemplo del románico primitivo al
sur del río Duero: de nave única, cubierta por bóveda de cañón y con sencillas
pero poderosas líneas que reflejan la sobriedad del arte medieval.
Durante siglos,
la ermita formó parte de un conjunto mayor: un antiguo priorato benedictino que
floreció en este lugar remoto como centro espiritual y estratégico de la zona
hasta mediados del siglo XIX. Hoy en día, apenas quedan restos del antiguo
monasterio, pero la iglesia sigue en pie, fiel testigo del paso del tiempo y de
la fe.
San
Frutos: del santo al románico
El nombre de la
ermita proviene del santo patrón de Segovia, San Frutos (642-715),
figura central en la tradición espiritual de la región. La historia de San
Frutos y sus hermanos —San Valentín y Santa Engracia— está envuelta en leyenda.
Según las crónicas locales, estos tres ermitaños se retiraron a las Hoces del
Duratón para dedicar sus vidas a la oración y la contemplación tras repartir
sus bienes entre los pobres.
Se le
atribuyen actos milagrosos, como la apertura con su bastón de una grieta en
la roca para proteger a los habitantes de la zona de una incursión, conocida
como “La Cuchillada”, cuya huella aún se recuerda en el paisaje.
Otra leyenda famosa cuenta el relato de la “mujer despeñada”,
salvada de una muerte segura y cuyo agradecimiento quedó inscrito en uno de los
muros de la ermita.
El conjunto
termina de cobrar sentido con la ruta de peregrinación conocida como Camino
de San Frutos, una travesía de más de 80 kilómetros que parte de la ciudad
de Segovia y culmina en este enclave sagrado, atrayendo a fieles y caminantes
de toda España.
Una
visita que combina cultura y aventura
Llegar a la
ermita es, en sí mismo, parte de la experiencia. El acceso a pie desde el
cercano aparcamiento implica atravesar senderos y miradores que regalan
postales naturales del parque, con el murmullo del río y la presencia constante
de aves rapaces que surcan el cielo.
Una vez en el
lugar, el visitante queda sorprendido por la sensación de haber llegado a un
punto en el que historia, naturaleza y espiritualidad convergen de forma
armoniosa. La contemplación de las hoces, el silencio del entorno y la
arquitectura románica crean una experiencia única.
Más allá
de la ermita
El entorno de
San Frutos es también un territorio de aventura: los amantes del senderismo, la
observación de aves y el turismo rural encuentran en las Hoces del Duratón un
auténtico paraíso, con rutas y miradores que permiten descubrir la
biodiversidad y la geología del parque.
Además,
localidades cercanas como Sepúlveda añaden al viaje un
componente cultural y gastronómico, con tradiciones locales y festividades
ligadas a la figura del santo y a la propia historia de la comarca.
Fuente: Religión Confidencial
