La Iglesia Católica cuenta con una serie de prácticas y tradiciones que marcan cada tiempo litúrgico. A través de ellas, la vida espiritual de los fieles se enriquece en la medida en que el amor de Dios se hace presente en el día a día.
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Para el tiempo
penitencial de la Cuaresma, estas prácticas son el ayuno y la abstinencia,
medios muy útiles en el camino de preparación para la Pascua.
Para ayudar a
los católicos a vivir este tiempo litúrgico y profundizar en el conocimiento de
la fe, te compartimos las respuestas a las preguntas más frecuentes sobre el
ayuno y abstinencia:
La penitencia,
¿es interior o exterior?
La penitencia
tiene un carácter “eminentemente interior y religioso” que sólo adquiere su
sentido completo "en Cristo y en la Iglesia". Esta dimensión interior
no excluye ni reduce “en modo alguno la práctica externa de esta virtud, más
aún, exigen con particular urgencia su necesidad” y estimulan a la Iglesia a
buscar, “además de la abstinencia y el ayuno, nuevas expresiones, más capaces
de realizar, según la condición de las diversas épocas, el fin de la
penitencia” (Ver: Constitución Apostólica Paenitemini, II).
En síntesis, tanto lo interior como lo exterior son dimensiones importantes que
deben estar presentes y ayudarse mutuamente.
¿Qué significan
el ayuno y la abstinencia?
La penitencia
es un aspecto decisivo de la vida cristiana, y lo es -de acuerdo al Código de Derecho Canónico- “por ley
divina” (CIC 1249), dada nuestra condición. Precisamente, el ayuno y la
abstinencia son prácticas penitenciales que la Iglesia considera apropiadas y
las manda para determinados días del año.
Según la Constitución Apostólica Paenitemini, III,
1, la abstinencia prohíbe el consumo de carnes, “pero no el uso de huevos,
lacticinios y cualquier condimento a base de grasa de animales”.
El ayuno
“obliga a hacer una sola comida durante el día, pero no prohíbe tomar un poco
de alimento por la mañana y por la noche, ateniéndose, en lo que respecta a la
calidad y cantidad, a las costumbres locales aprobadas” (CAP, III, 2).
No obstante, el
canon 1253 del Código de Derecho Canónico (CIC) indica que una “Conferencia
Episcopal puede determinar con más detalle el modo de observar el ayuno y la
abstinencia, así como sustituirlos en todo o en parte por otras formas de
penitencia, sobre todo por obras de caridad y prácticas de piedad”.
¿Cuál es el
origen de la práctica del ayuno y la abstinencia?
Estas prácticas
tienen profundas raíces en la historia y la teología. El ayuno se remonta a
tiempos bíblicos, en los que personajes como Moisés (Éxodo 34, 28), Elías (1
Reyes 19, 8) y Jesús mismo (Marcos 1, 13) practicaron el ayuno. En el
cristianismo primitivo, el ayuno era una forma común de expresar
arrepentimiento y buscar la cercanía con Dios.
La abstinencia
de carne tiene sus raíces en la tradición de la Iglesia de sacrificar algo como
acto de penitencia, así como San Pablo invitó a someter y dominar su cuerpo (1
Cor 9, 27) por un bien mayor. «La verdadera penitencia no puede prescindir, en
ninguna época de una "ascesis" que incluya la mortificación del
cuerpo; todo nuestro ser, cuerpo y alma (más aún, la misma naturaleza
irracional, como frecuentemente nos recuerda la Escritura» (CAP, II).
¿Por qué los
católicos practicamos el ayuno y la abstinencia?
¿Cuándo son
obligatorios el ayuno y la abstinencia?
El Código de Derecho Canónico indica en
el canon 1251 que los días en que es obligatorio ayunar y practicar la
abstinencia son el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo. Sin
embargo, dichas prácticas pueden ser observadas todos los viernes del año, “a no ser que
coincidan con una solemnidad, debe guardarse la abstinencia de carne, o de otro
alimento que haya determinado la Conferencia Episcopal”.
¿A qué edad
obligan el ayuno y la abstinencia?
El Código de Derecho Canónico establece
en el canon 1252 que el ayuno es obligatorio desde la mayoría de edad hasta los
59 años.
La abstinencia
de carne es obligatoria a partir de los 14 años.
¿Quiénes están
exentos de ayunar y pueden comer carne en Cuaresma?
En los días
prescritos para la observancia, los menores de edad y las personas de 60 años o
más están exentos de ayunar, y los menores de 14 años pueden comer carne. No
obstante, el canon 1252 del Código de Derecho Canónico sugiere a
los pastores de almas y padres de familia que ayuden a los pequeños que no
están obligados al ayuno y la abstinencia a formarse en un “auténtico espíritu
de penitencia”.
En el número
1253, el mismo Código señala que “la Conferencia Episcopal puede determinar con
más detalle el modo de observar el ayuno y la abstinencia, así como
sustituirlos en todo o en parte por otras formas de penitencia, sobre todo por
obras de caridad y prácticas de piedad”. Así, pueden estar exentos los
enfermos, mujeres gestantes o que alimentan a sus bebés y obreros de acuerdo a
su necesidad.
¿Cuál es el
sentido de practicar el ayuno y la abstinencia?
Una profunda
transformación de la mente, del corazón y de la vida en general. En esto
consiste la conversión. Sin esfuerzo auténtico de conversión -abandonar la vida
de pecado para vivir como Cristo (ver Romanos 6, 6-28)- el ayuno y la
abstinencia pierden su sentido último.
Estas prácticas
nos ayudan a crecer en el espíritu de penitencia y conversión al que Jesús nos
llama. Ya lo recuerda el Catecismo de la Iglesia Católica, 1430,
cuando señala que este ‘llamado’ se enfoca en “la conversión del corazón”, sin
la cual las obras exteriores “permanecen estériles y engañosas”. Sin amor o
caridad todo se pierde (ver: 1 Corintios 13, 1-7).
Al respecto, el
sitio web del Opus Dei subraya la
consecuencias de caer en un “externalismo” en las prácticas penitenciales: “En
el Nuevo Testamento, Jesús indica la razón profunda del ayuno, estigmatizando
la actitud de los fariseos, que observaban escrupulosamente las prescripciones
que imponía la ley, pero su corazón estaba lejos de Dios. El verdadero ayuno,
repite en otra ocasión el divino Maestro, consiste más bien en cumplir la
voluntad del Padre celestial, que ‘ve en lo secreto y te recompensará’ (Mateo
6,18)”.
Fuente: ACI Prensa
