El seminario acoge alrededor de 100 seminaristas de 19 países, una experiencia que le ha permitido comprender de forma concreta “la universalidad de la Iglesia”
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| Crédito: Seminario Internacional de Bidasoa |
Cada día,
seminaristas llegados de todos los rincones del mundo salen en bicicleta desde
el Seminario
Internacional Bidasoa, su hogar a las afueras de Pamplona (España),
rumbo a la Universidad de Navarra, donde gracias a una beca reciben una
formación completa antes de regresar a sus países.
De América
Latina, Europa, África y Asia, los seminaristas conviven y se forman en un
ambiente de confianza, libertad y clima familiar en este centro, querido por
San Josemaría Escrivá para responder a la llamada de San Juan Pablo II de
fundar un seminario ideal donde se reuniera la excelencia.
Fruto de ese
deseo nació el Seminario Internacional Bidasoa, erigido por la Santa Sede en
1988 y situado en Cizur Menor (Navarra). Su misión principal es formar a
seminaristas enviados por sus obispos para que, tras completar su formación,
regresen a sus diócesis de origen y sean ordenados sacerdotes.
“Una
experiencia que transforma nuestra vida”
“Mi experiencia
aquí en cinco años ha sido muy buena”, comenta a ACI Prensa el seminarista
Alexander Binsar, de Indonesia, que se encuentra en su quinto año del
Bachillerato en Teología.
De todos estos
años, el joven valora especialmente el acompañamiento de los formadores y la
convivencia diaria. “No se trata sólo de sacar el título, sino que es una
experiencia que transforma nuestra vida, que cada vez está más cerca de Dios,
lo que puede ayudar nuestro cargo pastoral en el futuro”.
Afirma que uno
de los mayores retos ha sido la convivencia intercultural. El seminario acoge
alrededor de 100 seminaristas de 19 países, una experiencia que le ha permitido
comprender de forma concreta “la universalidad de la Iglesia”.
También subraya
la importancia de regresar a su diócesis: “Aquí vivimos como en el cielo, pero
hay que volver a tocar la tierra”. Su objetivo final es claro: volver a
Indonesia y servir allí como sacerdote diocesano, llevando consigo todo lo
aprendido durante estos años de formación.
El único
reto: identificarse con Jesucristo
El seminario,
junto con las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra y la
campaña Becas Perpetuas Sacerdotes, conforma un proyecto
estratégico de la universidad destinado a garantizar, de forma estable y
permanente, la formación integral de seminaristas y sacerdotes de todo el
mundo, especialmente de aquellos procedentes de países con escasos recursos.
El P. Alejandro
Vázquez-Dodero es formador del seminario, confiado a la Prelatura de la Santa
Cruz y del Opus Dei, y director de desarrollo de las Facultades Eclesiásticas
de la Universidad de Navarra.
“En Bidasoa
combinamos esa formación espiritual propia de quien aspira al sacerdocio con
una formación académica sólida y una formación pastoral, para que sepan
desenvolverse como sacerdotes en sus países de procedencia”, precisa en
conversación con ACI Prensa.
El P. Alejandro
reflexiona sobre el reto de formar seminaristas de culturas tan diversas. “Es
fácil si partes de la base de que Jesucristo es el mismo para todos. El reto
único y exclusivo es que se identifiquen con Jesucristo, que se sepan
acompañados por el Espíritu Santo y que vayan de la mano de María”, afirma.
Destaca también
que uno de los aspectos más valorados por los obispos que envían seminaristas y
sacerdotes es el acompañamiento personal y el cuidado integral de la persona.
“Para nosotros,
ellos son fundamentalmente seminaristas y sacerdotes. Están siendo estudiantes,
sí, pero ante todo son lo que son”.
La Universidad
de Navarra también lanzó en 2025 un proyecto llamado Becas Perpetuas
Sacerdotes, con la finalidad, según explica el P. Alejandro, de “servir a
la Iglesia para servir al mundo”. La campaña busca crear fondos permanentes que
garanticen a perpetuidad la formación de seminaristas y sacerdotes.
Amistades
que perduran en el tiempo
Tras siete años
en España, el sacerdote mexicano Juan Armando Méndez Sosa regresó el pasado
agosto a su hogar, Puebla, donde es vicario parroquial y juez del tribunal
eclesiástico. “Ha sido muy bonito regresar a mi país después de muchos años”,
cuenta a ACI Prensa.
Sobre su
experiencia formativa en la Universidad de Navarra, no duda en decir que “fue
maravillosa”. Resalta en concreto la integración equilibrada de las cuatro
dimensiones de la formación sacerdotal: espiritual, intelectual, pastoral y
comunitaria.
Al reflexionar
sobre lo que más necesitan hoy los seminaristas, explica que deben “responder a
las necesidades que la Iglesia nos presenta hoy, y eso implica que nos formemos
muy bien”, así como “dejarnos moldear por Dios para servir a la Iglesia como la
Iglesia quiere y necesita ser servida”.
Por último,
destaca que valora profundamente las amistades que forjó en Bidasoa, que aún
perduran en el tiempo: “Se guarda un cariño muy especial”, y asegura con
convicción que el Seminario de Navarra ha cumplido el ideal de excelencia
impulsado por San Juan Pablo II.
Por Almudena Martínez-Bordiú
Fuente: ACI Prensa
