“Desagraviemos, hermanos, anunciando el Evangelio, cuidando la liturgia y ejercitando la caridad”, resume el Arzobispo de Valladolid
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| Eucaristía | Crédito: Stock Studio 4477 Shutterstock |
El Arzobispo de
Valladolid (España), Mons. Luis Argüello, anima a anunciar el Evangelio, cuidar
de la liturgia y ejercer la caridad para desagraviar las profanaciones
eucarísticas, en una carta
pastoral dirigida a sus diocesanos.
Después de
realizar un sencillo acto de desagravio el pasado 3 de enero en el Monasterio
de la Santa Espina de Valladolid, cuyo sagrario fue profanado por segunda vez
el 28 de diciembre de 2025, Mons. Argüello analizas las posibles causas de un
acto de esta naturaleza y propone varias actitudes al respecto.
El prelado,
presidente de la Conferencia Episcopal Española, considera que entre las causas
de las profanaciones cabe pensar en la ignorancia de “no saber muy bien o no
saber de ninguna manera lo que el Cuerpo de Cristo significa y lo que el
Sagrario guarda y reserva”.
En segundo
lugar, señala la superficialidad con la que se pueda celebrar la liturgia
eucarística y, como tercera posibilidad, la de “un agravio más hondo o
profundo, un ataque del misterio del mal, que supone lo que los Padres de la
Iglesia llamaban ‘la fe de los demonios’”, que sólo sirve a los “perversos
intereses ideológicos o de autobombo y vanagloria del propio Satán”.
Así, prosigue
el prelado, surge una triple llamada: a testimoniar nuestra fe en la presencia
real de Jesucristo en la Eucaristía; a anunciar que Jesús ha resucitado y “que
el Señor está con nosotros y que lo está realmente en el Sagrario”; y a romper
la superficialidad y “no vivir nuestra liturgia de una manera mediocre”, lo
que, a su entender, constituye “un desafío mayor para nuestras
comunidades”.
“Sí, hay una
llamada grande a desagraviar cuidando la liturgia, disponiendo nuestro corazón
para comulgar estando nuestra alma bien dispuesta”, enfatiza Mons. Argüello, al
tiempo que insta a velar por “la manera en que nos acercamos a comulgar”, de
tal forma que nuestros gestos expresen “que verdaderamente creemos que vamos a
comulgar a Jesucristo resucitado”.
Asimismo, el
prelado llama a “cuidar también nuestros cantos, nuestra presencia, nuestra
manera de estar”.
“Una comunidad
que ora y adora, que celebra y comulga, que expresa con su propia presencia y
sus gestos, que acoge realmente a Jesucristo en su corazón", prosigue
Mons. Argüello, ayuda a todos los presentes en el templo “a caer en la cuenta
de que ahí, cuando celebramos la Eucaristía, pasa algo, mejor, pasa alguien, y
este alguien se nos entrega y permanece con nosotros para nuestro bien”.
En referencia a
una “manera ideológica o divisiva de celebrar la Eucaristía, estamos llamados a
unir Eucaristía y vida” porque “mal desagravio haríamos si cuidamos mucho o que
ocurre en el templo y, luego, descuidamos esas otras formas de presencia que Jesús
Eucaristía nos permite descubrir” en los empobrecidos, los solitarios, los
tristes, etc.
“Los
comulgantes, quienes celebramos la Eucaristía y somos enviados a edificar y a
ser signos de la paz que el Señor nos ha ofrecido, estamos llamados a hacer de
nuestra vida una acción de gracias, un ejercicio eucarístico”, añade.
Este ejercicio
se traduce en cuidar la fraternidad y “hacer de nuestras vidas un verdadero
combate espiritual que vaya a las causas pecaminosas de todos los males de
nuestro mundo”. En concreto, Mons. Argüello anima en estos días a sumarse a la
campaña anual de Manos Unidas contra el hambre en el mundo.
“Desagraviemos,
hermanos, anunciando el Evangelio, cuidando la liturgia y ejercitando la
caridad”, resume el Arzobispo de Valladolid.
Por Nicolás de
Cárdenas
Fuente: ACI
Prensa
