ESTA ES UNA DE LAS GRANDES RAZONES POR LAS QUE NO ESCUCHAMOS LA VOZ DE DIOS

Dios quiere hablarnos a todos. Si no percibimos su voz, el problema no está en Dios, sino en nosotros mismos y en nuestra capacidad de escucharlo

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Alguna vez te has sentido frustrado por no poder ver a Dios ni oír su voz? Esta es una dificultad común en la oración. Los santos escriben a menudo sobre la frecuencia con la que escuchan a Dios y las palabras concretas que habla a su alma. Entonces, vamos a orar y ¡no oímos ni vemos nada! ¿Por qué nos sucede esto?

Los ciegos no ven y los sordos no oyen

Teófilo de Antioquía ofrece algunas palabras perspicaces en un libro dirigido a Autólico que figura en el Oficio de Lectura de la Iglesia.

Comienza exponiendo la situación común de quienes buscan a Dios en la oración:

"Si me dices: 'Muéstrame a tu Dios', te diré: 'Muéstrame qué clase de persona eres, y te mostraré a mi Dios'. Muéstrame entonces si los ojos de tu mente pueden ver, y los oídos de tu corazón oír".

A continuación, Teófilo explica cómo Dios solo se revela a quienes tienen capacidad para Él:

"Dios es visto por quienes tienen la capacidad de verlo, siempre que mantengan abiertos los ojos de su mente. Todos tienen ojos, pero algunos los tienen envueltos en tinieblas, incapaces de ver la luz del sol. El hecho de que los ciegos no puedan verlo no significa que el sol no brille. El ciego debe buscar la causa en sí mismo y en sus ojos. Del mismo modo, tú tienes ojos en tu mente que están envueltos en tinieblas a causa de tus pecados y malas acciones".

Además, reflexiona: "El alma de una persona debe estar limpia, como un espejo que refleja la luz. Si hay óxido en el espejo, su rostro no puede verse en él. Del mismo modo, nadie que tenga pecado en su interior puede ver a Dios".

Deseando la santidad

Por eso los santos veían con tanta facilidad a Dios y oían su voz. Mantenían su alma tan limpia como podían, confesándose con frecuencia y esforzándose por llevar una vida de virtud.

Los santos no eran perfectos, pero un atributo clave que poseían era el deseo de santidad. Querían ampliar su capacidad para Dios y reflejar su luz tanto como fuera posible.

Si no puedes ver a Dios o escuchar su voz, Dios no es el problema. El problema está en nuestros corazones y quizá en lo apegados que estamos a las cosas de este mundo. Considera la posibilidad de llevar tus problemas con la oración a un guía espiritual de confianza. Y mientras tanto, esfuérzate por vivir virtuosamente.

Philip Kosloski 

Fuente: Aleteia