En el rezo del Ángelus mariano, el Papa explica que el Reino de Dios no es "una caja fuerte o una cámara blindada", sino que todos -lo repite tres veces- pueden entrar en él
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Se necesita paciencia, atención, constancia,
humildad. "La misión que Jesús confía a Pedro no es la de atrancar las
puertas de la casa, permitiendo el acceso sólo a algunos huéspedes
selectos".
¿Cuál es el significado profundo
del símbolo de las llaves con las que se representa a Pedro en la iconografía y
de las que se habla en las Escrituras? Son llaves para abrir, no para cerrar.
Este fue el mensaje expresado por Francisco en el Ángelus de la Solemnidad de
los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, en el que subrayó dos veces que "una
autoridad que no es servicio es dictadura".
Las llaves de
la humildad, la constancia y la paciencia
Las llaves, explica el Papa,
representan el ministerio de autoridad que Jesús confió al servicio de toda la
Iglesia. El Pontífice se detiene en un aspecto fundamental para subrayar que el
Reino de los Cielos no es un palacio inaccesible, sino un ambiente poroso.
Las llaves de Pedro, en efecto, son
las llaves de un Reino, que Jesús no describe como una caja fuerte o una caja
blindada, sino con otras imágenes: una semilla pequeña, una perla preciosa, un
tesoro escondido, un puñado de levadura (cf Mt 13,1-33), es decir, como algo
precioso y rico, sí, pero al mismo tiempo pequeño y poco visible. Para
alcanzarlo, por tanto, no es necesario accionar mecanismos y cerrojos de
seguridad, sino cultivar virtudes como la paciencia, la atención, la
constancia, la humildad.
Ayudar a todos
a encontrar el camino
Francisco señala que Pedro primero
tuvo que convertirse para abrir la puerta a Jesús y, recuerda, "no fue
fácil" para él. El apóstol vivió "no sin fatiga y con muchas
caídas" las secuelas hasta el martirio, en adhesión al espíritu original
del mensaje de Cristo.
La misión que Jesús confía a Pedro
no consiste en atrancar las puertas de la casa, dejando entrar sólo a unos
pocos invitados selectos, sino en ayudar a todos a encontrar el camino de
entrada, en fidelidad al Evangelio de Jesús. A todos: todos, todos, todos
pueden entrar.
Pedro no era
perfecto, pero sí humilde y honesto
Como es habitual, la catequesis
dominical del Ángelus concluye con una serie de preguntas planteadas por el
Papa para el discernimiento personal y comunitario. Entre estas preguntas
centrales: ¿Somos custodios acogedores para los demás? "Y para ello, ¿me
dejo "pulir", ablandar, moldear por Jesús y su Espíritu, que habita
en mí?". Siempre es el ejemplo de Pedro, incluso en sus limitaciones, el
que nos ilumina.
Pedro recibió
las llaves del Reino no porque fuera perfecto, sino porque era humilde y
honesto y el Padre le había dado una fe franca (cf. Mt 16,17). Por eso,
confiando en la misericordia de Dios, pudo sostener y fortalecer, como se le
pedía, también a sus hermanos (cf. Lc 22,32).
Antonella Palermo - Ciudad del Vaticano
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