Por el siglo XVIII los jansenistas, corriente con visión equivocada sobre las enseñanzas de San Agustín y la gracia de Dios, fueron declarados herejes por la Iglesia Católica y divulgaron que la devoción a la Santísima Virgen era una superstición.
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| Dominio público |
1.- Nombre Santo
“El augusto nombre de María, dado a la Madre de Dios, no fue cosa
terrenal, ni inventado por la mente humana o elegido por decisión humana, como
sucede con todos los demás nombres que se imponen. Este nombre fue elegido por
el cielo y se le impuso por divina disposición, como lo atestiguan San
Jerónimo, San Epifanio, San Antonino y otros”.
2.- Lleno de dulzura
“El glorioso San Antonio de Padua reconocía en el nombre de María
la misma dulzura que San Bernardo en el nombre de Jesús. ‘El nombre de Jesús’,
decía éste; ‘el nombre de María’, decía aquél, ‘es alegría para el corazón,
miel en los labios y melodía para el oído de sus devotos’… Se lee en el Cantar
de los Cantares que, en la Asunción de María, los ángeles preguntaron por tres
veces: ‘¿Quién es ésta que sube del desierto como columnita de humo? ¿Quién es
ésta que va subiendo cual aurora naciente? ¿Quién es ésta que sube del desierto
rebosando en delicias?’ (Ct 3, 6; 6, 9; 8, 5)”.
“Pregunta Ricardo de San Lorenzo: ‘¿Por qué los ángeles preguntan
tantas veces el nombre de esta Reina?’ Y él mismo responde: ‘Era tan dulce para
los ángeles oír pronunciar el nombre de María, que por eso hacen tantas
preguntas’. Pero no quiero hablar de esta dulzura sensible, porque no se
concede a todos de manera ordinaria; quiero hablar de la dulzura saludable,
consuelo, amor, alegría, confianza y fortaleza que da este nombre de María a
los que lo pronuncian con fervor”.
3.- Alegra e
inspira amor
“Tu nombre, oh Madre de Dios –como dice San Metodio– está lleno de
gracias y de bendiciones divinas. De modo que –como dice San Buenaventura– no
se puede pronunciar tu nombre sin que aporte alguna gracia al que devotamente
lo invoca. Búsquese un corazón empedernido lo más que se pueda imaginar y del
todo desesperado; si éste te nombra, oh benignísima Virgen, es tal el poder de
tu nombre que él ablandará su dureza, porque
eres la que conforta a los pecadores con la esperanza del perdón y de la
gracia”.
4.- Da
fortaleza
“Los demonios, afirma Tomás de Kempis, temen de tal manera a la
Reina del cielo, que al oír su nombre, huyen de aquel que lo nombra como de
fuego que los abrasara. La misma Virgen reveló a santa Brígida, que no hay
pecador tan frío en el divino amor, que invocando su santo nombre con propósito
de convertirse, no consiga que el demonio se aleje de él al instante”.
“Y otra vez le declaró que todos los demonios sienten tal respeto
y pavor a su nombre que en cuanto lo oyen pronunciar al punto sueltan al alma
que tenían aprisionada entre sus garras. Y así como se alejan de los pecadores
los ángeles rebeldes al oír invocar el nombre de María, lo mismo –dijo la
Señora a santa Brígida– acuden numerosos los ángeles buenos a las almas justas
que devotamente la invocan”.
5.- Promesas de
Jesús
“Son maravillosas las gracias prometidas por Jesucristo a los
devotos del nombre de María, como lo dio a entender a santa Brígida hablando
con su Madre santísima, revelándole que quien invoque el nombre de María con
confianza y propósito de la enmienda, recibirá estas gracias especiales: un
perfecto dolor de sus pecados, expiarlos cual conviene, la fortaleza para
alcanzar la perfección y al fin la gloria del paraíso. Porque, añadió el divino
Salvador, son para mí tan dulces y queridas tus palabras, oh María, que no
puedo negarte lo que me pides”.
“En suma, llega a decir San Efrén, que el nombre de María es la
llave que abre la puerta del cielo a quien lo invoca con devoción”.
6.- Brinda consuelo
“San Camilo de Lelis, recomendaba muy encarecidamente a sus
religiosos que ayudasen a los moribundos con frecuencia a invocar los nombres
de Jesús y de María como él mismo siempre lo había practicado; y mucho mejor lo
practicó consigo mismo en la hora de la muerte, como se refiere en su
biografía; repetía con tanta dulzura los nombres, tan amados por él, de Jesús y
de María, que inflamaba en amor a todos los que le escuchaban”.
“Y finalmente, con los ojos fijos en aquellas adoradas imágenes,
con los brazos en cruz, pronunciando por última vez los dulcísimos nombres de
Jesús y de María, expiró el santo con una paz celestial”.
7.- Obtiene una
buena muerte
“Roguemos pues, mi devoto lector, roguemos a Dios nos conceda esta
gracia, que en la hora de la muerte, la última palabra que pronunciemos sea el
nombre de María, como lo deseaba y pedía San Germán”.
“Concluyamos con esta tierna plegaria de San Buenaventura: ‘Para
gloria de tu nombre, cuando mi alma esté para salir de este mundo, ven tú misma
a mi encuentro, Señora benditísima, y recíbela’. No desdeñes, oh María –sigamos
rezando con el santo– de venir a consolarme con tu dulce presencia. Sé mi
escala y camino del paraíso. Concédele la gracia del perdón y del descanso
eterno. Y termina el Santo diciendo: ‘Oh María, abogada nuestra, a ti te
corresponde defender a tus devotos y tomar a tu cuidado su causa ante el
tribunal de Jesucristo’”.
Fuente:
ACI
