Antonio Sanz de Bremond lleva 25 años en el país, de mayoría musulmana. «Aquí en Almaty, donde vivo, no se ve ningún elemento que te indique que en unos pocos días va a estar Francisco», revela
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| Juan Pablo II durante su visita al país. Foto: CNS. Dominio público |
«Es un viaje totalmente distinto. La
Iglesia ha cambiado mucho en todo este tiempo», explica en conversación
con Alfa y Omega. «Con Juan Pablo II la Iglesia católica,
estructuralmente, no éramos nada. Teníamos tan solo una administración
apostólica y un solo obispo». Casi 20 años después, «se ha evolucionado mucho.
Ahora tenemos tres diócesis, una administración apostólica y cuatro obispos».
En cualquier caso, «los cristianos de Kazajistán estamos todavía en la primera
evangelización».
Los católicos «somos muy poquitos.
Aquí en Almaty, donde vivo, deben ser unas 300 personas las que van a Misa los
domingos y 1.000 los que van al menos una vez al año». La ciudad, situada al
sur del país, cuenta con cerca de dos millones de personas. Ante esta
situación, no sorprende que haya «mucha gente no cristiana que quiere
participar en los actos», asegura el español, que revela que «casi todos mis
amigos son musulmanes». Aquí «el diálogo interreligioso es algo cotidiano».
Entre ellos cunde hoy un sentimiento
de emoción. «Al Papa solo lo podemos seguir por los medios de comunicación» y
que ahora «vaya venir aquí pues hace que la gente esté muy ilusionada», a pesar
de que «en la ciudad no se ve ningún elemento que te indique que en unos pocos
días va a estar Francisco en el país», indica.
—¿Hay libertad religiosa en el país?
—Sí, aunque es cierto que tenemos
una ley de libertad religiosa, que está pensada para que en cualquier momento
las autoridades puedan hacer lo que quieran. Este es un país de mayoría
musulmana y hay mucho miedo al extremismo islámico. Por eso, se controla a las
religiones. Por ejemplo, los sacerdotes, si no son nacionales —que son muy
poquitos—, solo pueden estar aquí con un visado misionero. Le pasa lo mismo a los
pastores o imanes extranjeros. Esto restringe un poco su estabilidad, porque
tienen que ir renovándose el visado. Además, tienen que recibir un permiso del
departamento de asuntos religiosos. Eso puede ser un poco incómodo. Pero, salvo
eso, no hay ningún problema.
De hecho, las relaciones entre la Iglesia y el Estado en Almaty «son estupendas», asegura Sanz de Bremond. «En junio, por ejemplo, dieron la aprobación para la construcción de una segunda parroquia y precisamente el día 4 de septiembre tuvimos la misa inaugural».
José
Calderero de Aldecoa
Fuente:
Alfa y Omega
