“LA MUERTE NO ES EL FINAL”: DEPORTISTA Y MÉDICO DEL REAL MADRID ENCONTRÓ A DIOS TRAS LA MUERTE DE SU HIJO

Al echar la vista atrás reconoce que no conocía al Señor. “Él siempre me ha conocido y me ha ido llevando en la palma de la mano, aunque yo no lo veía. Pero ahora sí, ahora yo sé quién es el Señor, lo conozco y lo trato”
Alfonso del Corral junto a sus hijos.
Crédito: Cortesía Alfonso del Corral. Dominio público

Tras una destacada trayectoria en el baloncesto profesional español, en la que conquistó numerosos títulos, el madrileño Alfonso del Corral dejó la cancha para dedicarse a la medicina. De la pista dio el salto al quirófano y llegó a dirigir los servicios médicos del Real Madrid Club de Fútbol. 

En pleno éxito profesional, su vida dio un giro devastador cuando su hijo Álvaro, de tan solo seis años, murió tras sufrir una parada cardíaca después de un grave accidente doméstico en junio de 1997.

Aquel golpe marcó su vida y la de su esposa, Paloma. Pero fue en medio de ese dolor donde descubrió a un Dios cercano cuya paz transformó radicalmente su manera de vivir y la de aquellos que le rodeaban.

Casi tres décadas después de la muerte de su hijo y consciente de que nada en su vida ha sido casualidad —sino una historia que dirige la mano de Dios— publicó recientemente el libro La vida después del adiós: Una historia de señales, amor, esperanza y fe en Jesucristo.

“Ahora sí, ahora yo sé quién es el Señor”

El doctor recibe a ACI Prensa en su domicilio de Madrid, donde, bajo la mirada de una hermosa imagen de la Virgen con el Niño y junto a una fotografía de su hijo Álvaro, comparte con sencillez y profundidad su encuentro con Cristo y el camino —no exento de dolor y dificultades—, que le llevó a abrazar la cruz y a confirmar que la muerte no es el final.

Alfonso nació en una familia católica practicante. Sin embargo, al echar la vista atrás reconoce que no conocía al Señor. “Él siempre me ha conocido y me ha ido llevando en la palma de la mano, aunque yo no lo veía. Pero ahora sí, ahora yo sé quién es el Señor, lo conozco y lo trato”, afirma.

Fue jugador profesional de baloncesto desde finales de la década de 1970 hasta que se retiró en 1988, después de ganar cinco títulos con el Real Madrid. Tras retirarse, estudió medicina y se especializó en traumatología, llegando a ser jefe de los servicios médicos del Real Madrid desde 1994 hasta 2007.

Como quien se refiere a un amigo íntimo, asegura con serenidad que conocer a Dios es muy sencillo. “Se trata de hablar con él, tratarle, con oraciones sencillas, que ya nos enseñó Él y la Virgen, o visitándolo en el Sagrario, leyéndolo en su Palabra”. 

“Y a los que todo esto les parece que es un poco, en fin, batallitas místicas, pues evidentemente también amando al semejante, cuidando al vecino, al que está solo, al que está enfermo”.

“No podía ni respirar”

Recuerda los primeros días tras la partida de su hijo como un momento de dura agonía: “No podía ni respirar, me ahogaba”.

Sin embargo, desde el inicio comenzó a recibir lo que él mismo describe como “señales”. En un solo día, llegó a leer una misma frase en la Biblia, en una iglesia, y también en un cuaderno que su hijo tenía en su cuarto: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”. 

“E inmediatamente después de leer esa frase en el cuaderno de mi hijo en la madrugada del día 18 de junio (1997), ahí experimenté una presencia. Fue una presencia que era un soplo de aire de esperanza, sabía que había algo, que tenía que encontrarlo”, comenta.

Esa búsqueda de respuestas le llevó a profundizar en su fe y a encontrar la serenidad que anhelaba en los brazos de Cristo y la Virgen María. “Al Señor tenemos que dejarle, callar de vez en cuando y escucharle, porque estamos con ruidos por todos lados y no tenemos tiempo para escucharle”.

Su mujer Paloma, detalla con admiración, fue un pilar imprescindible durante el duelo. “Ella quedó muy, muy, muy destruida, una mujer a la que partieron en dos. Y en medio de esa agonía, esa agonía de una madre (...) dijo sí a la vida”, recuerda.

El doctor Del Corral remarca que la muerte de un hijo es algo que no se supera, pero con lo que se aprende a vivir. Con el tiempo, el matrimonio tuvo otras dos hijas. Asegura que la Virgen María ayudó a su esposa a mantenerse firme en los momentos en los que se sentía “muerta en vida” y a seguir luchando por su familia. “El Señor nunca falla, y Dios le dio la fuerza, la gracia y el amor”.

La muerte no es el final

Sin perder la humildad que le caracteriza, el doctor Del Corral afirma que, gracias a su experiencia, muchas personas se han acercado a la fe. “Somos pobres instrumentos del Señor, pero somos instrumentos, que no es poco. El Señor, no sabes cómo, te utiliza a veces diciendo una frase, dando un abrazo, estando cerca, y hay gente que encuentra en eso un consuelo, una fuerza, una ilusión, para seguir luchando”.

Y este, asegura, es el propósito de su libro: “Infundir esperanza, para mostrar que la muerte de alguien, aunque lo ames con locura, no es el final. No es el final. Creemos que esta no es la única vida, que hay otra vida después”. 

“Él resucitó, y es verdad, que Él está en el trozo de pan, en el vino, cada vez que vamos, ahí está. Es una locura, es un milagro, pero merece la pena. Merece la pena saberlo, creerlo y vivirlo”, sostiene. 

Para Del Corral, no son “los grandes discursos” los que transforman a las personas, sino los gestos y experiencias relacionadas con el amor. 

“Cuando una persona, en un momento determinado, en una iglesia, en un sagrario, en el fondo de un pozo, experimenta que Dios le quiere con locura, y la paz que te da Él, eso te transforma radicalmente y te hace cambiar completamente la perspectiva”, dice.

El poder de la oración

Con una sonrisa sincera reconoce que reza a su hijo y que, incluso, le “echa la bronca” muchas veces. “Le digo, oye, deja de holgazanear y muévete, tú tienes mucha mano ahí, ayúdanos (...) Y lo hace, y lo hace. Es impresionante lo que hace el niño. El niño no para de luchar y de pedir por sus hermanos, por sus sobrinos, por sus padres, y por sus tíos, y por todos”.

Por su experiencia, reitera que superar un duelo sin la ayuda de Dios “es muy difícil” y asegura que apoyarse en Él es importantísimo. “Yo no tengo fuerzas ni tengo inteligencia para saber lo que debo hacer en cada momento y me apoyo en quien tiene la fuerza y la inteligencia”.

Además, subraya que solamente el Amor de Dios y no “el néctar del mundo” —como el placer, el dinero o el éxito—, pueden llenar el “vacío terrible” que es perder a un ser querido que amas profundamente. 

“He tenido que rezar hasta tres rosarios seguidos”

Del Corral afirma estar “enamorado de Jesucristo”, incluso en las “noches oscuras” y  los momentos de caída, en los que confía en el poder de la oración. “Yo a veces, en un combate que he tenido nocturno con el diablo, he tenido que rezar hasta tres rosarios seguidos. Y hasta el tercero no he conseguido encontrar una paz inmensa en mi alma”, revela.

Asegura que el diablo “nos zarandea” y nos hace caer “en las peores cosas del mundo”. Sin embargo, insiste en que “si estamos con el Señor y con su Madre, no”. 

“Mi consejo es no separarse nunca del Señor y de su Madre. Y si caes, si te tropiezas, si haces un error, si cometes un pecado, inmediatamente, humildemente, le pides perdón al Señor y en cuanto puedas, coge a un cura por la calle y que te confiese, y estarás bien defendido”.

Por Almudena Martínez-Bordiú

Fuente: ACI