El Obispo de la Santísima Trinidad en Almaty (Kazajistán), Mons. José Luis Mumbiela, considera que “pese a que sería más bonito que hubiera estado aquí”, la ausencia del patriarca ortodoxo ruso Kirill en el Congreso Mundial de Líderes de Religiones “no causa gran preocupación”.
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| El Obispo de la Santísima Trinidad en Almaty (Kazajistán), Mons. José Luis Mumbiela. Crédito: Obras Misionales Pontificias. |
Mons. Mumbiela se muestra convencido de que el envío de una
delegación “es un signo suficiente de buena voluntad” y que es probable que sus
miembros se encuentren con el Papa Francisco.
En conversación con ACI Prensa, el también presidente de la
Conferencia Episcopal de Asia Central, región que incluye a las diócesis
católicas de Afganistán, Kazajistán, Kirguistán, Mongolia, Tayikistán,
Turkmenistán y Uzbekistán, sostiene que “el
hecho de que esté el Papa es lo que da importancia definitiva a este congreso”.
Respecto de la aportación del Papa Francisco al encuentro
interreligioso, se muestra convencido de que “dará el buen sabor del cristianismo, esa
sal que ha de sazonar todos los campos de la cultura y del diálogo entre los
pueblos”.
Mons. Mumbiela espera que el Santo Padre base buena parte de sus
intervenciones en la encíclica “Fratelli tutti”, “desde la luz del
cristianismo, una perspectiva de la unión entre todos” que sea “eficaz para la
convivencia” y para “crear puentes, no para establecer muros”.
Todo ello, confiando en que “la
recta expresión de cualquier religión se encamina a la paz entre las personas,
entre las naciones; a la convivencia pacífica entre gentes que piensan o que
creen en cosas diversas”.
El Prelado confía en que el Papa Francisco tratará de “iluminar
las oscuridades del mundo actual con la riqueza que el Evangelio
contiene”.
“Viene el que nos confirma en la fe”
Más del 70% de los kazajistaníes son musulmanes y la mayoría de
los cristianos, alrededor de un 25% respecto del total, pertenecen a la Iglesia
Ortodoxa Rusa. Se estima que hay unos 125 mil católicos que en general esperan
el momento con “la gran alegría de ver que viene el que nos confirma en la
fe”.
La estructura de la Iglesia Católica en Kazajistán es de pequeñas
comunidades “donde lo único que ven a veces es al sacerdote y poca gente”. Por
eso se valora más la presencia del Papa.
“Cuando vemos que él no va a todos los países, incluso a los
países de gran tradición cristiana, es
un signo de una bendición especial por parte de Dios”, explica
Mons. Mumbiela, muy vinculado a las Obras Misionales Pontificias en España.
El Prelado se muestra convencido de que “la preferencia del Papa
por los países de minoría cristiana, países de periferia, es una opción que
llega muy dentro del corazón” porque “aquí
se vive de un modo especial esa soledad”.
“Que venga el Papa aquí es un modo de decir: estamos en la
sociedad y somos alguien en este país”, subraya el obispo, que se muestra
convencido de que al Pontífice se le va a recibir “con todos los honores”.
Y no sólo por ser jefe de Estado, sino porque “se valora la
confesión que profesamos, nuestra fe, nuestro testimonio, nuestras oraciones,
nuestros sacrificios”.
“Desde
nuestra pequeñez vemos la grandeza de la Iglesia y la
importancia de la presencia de esa sal pequeña que da gusto, sabor y salvación
a una gran cantidad de gente”, añade.
La labor del obispo es "no meter
la pata"
El obispo español ha desarrollado prácticamente toda su misión
pastoral en Kazajistán: “Yo vine aquí como sacerdote jovencico en 1998 porque
necesitaban sacerdotes diocesanos”. Sólo llevaba tres años ordenado.
Después de ser párroco durante 8 años y estuvo dedicado al
seminario. En 2011, Benedicto XVI lo elevó a la dignidad episcopal y le
encomendó la Diócesis de la Santísima Trinidad en Almaty, la segunda ciudad en
importancia del país.
El Prelado asegura que su
labor es “procurar
no meter la pata porque el Espíritu Santo quiere hacer milagros y maravillas y
a veces utiliza instrumentos que son desproporcionados para las grandes cosas
que quiere realizar”.
Retos
para la Iglesia en Kazajistán
El más importante reto al que se enfrenta la Iglesia Católica en
Kazajistán es “ser fieles a nuestra fe en las circunstancias que nos toca
vivir”, explica, lo que se traduce en “saber acompañar a las comunidades
pequeñas”.
En concreto, Mons. Mumbiela considera que son retos a alcanzar que
los pastores se adapten más a la lengua del país y lograr “una iglesia más
local, que no sea de mentalidad extranjera”.
También desea “dar más esperanza a los jóvenes que a veces ven un
futuro sólo posible fuera del país” y “crecer en la conciencia de la
misericordia. Que sea una iglesia no sólo de oración y liturgia, sino también
de compromiso social”.
“La devoción al Pilar no la meto
con cuchara”
El Obispo de la Santísima Trinidad en Almaty es de origen
aragonés. Y un católico aragonés es, indefectiblemente, un devoto de la Virgen
del Pilar. Tiene una en su despacho, que no le abandona.
Y, aunque no se considera un fanático de la difusión de esta
devoción tan querida en España, cada 12 de octubre la lleva a la capilla “para
decirle a la gente que se arrime al Pilar” que “Dios necesita pilares en esta
tierra de Kazajistán”.
“La devoción al Pilar no la meto con cuchara”, bromea el obispo,
pero sabe que Kazajistán “si algo tiene, es el amor a la Virgen” por lo que
considera que es una riqueza transmitir la devoción a la que la tradición
estima como “la primera aparición de la Virgen en carne mortal”.
“Los que tenemos eso podemos presumir y no vamos a dejar de
hacerlo. Sería una falta de amor a la Virgen y a Nuestro Señor”, insiste.
