Los días grandes están hechos de cosas pequeñas
Ayer bajé a tender la ropa, y
cuál fue mi sorpresa cuando, al ir a poner la primera pinza en una camiseta, vi
en frente a la cigüeña caminando tranquilamente por la hierba. Nunca la había
tenido tan cerca, y es realmente enorme, ¡era todo un espectáculo!
Y aquello me hizo pensar que cómo
nos ha cambiado la vida en poco tiempo... no solo en este último año, sino que
me vengo dando cuenta de que, según vamos creciendo, se va valorando todo de
una manera diferente, y claro, este año lo ha agudizado un montón.
Recuerdo que, antes de entrar en
el Monasterio, era muy perezosa para ir andando a comprar o a cualquier sitio;
prefería coger el coche o el autobús que dar un paseo. Ahora, sin embargo, cómo
valoro un buen paseo, salir y simplemente disfrutar del hecho de poder dar una
vuelta.
Y hasta me llaman la atención cosas
que antes se me pasaban mucho más desapercibidas, como el canto de los pájaros,
un amanecer desde mi ventana, el arcoíris, reírme con una hermana o disfrutar
echando una mano a otra...
Percibo que este es un regalo que
nos quiere hacer el Señor a todos: ir viendo todo lo que antes percibíamos como
negativo, o inimaginable, o aquello que simplemente se nos pasaba
desapercibido, como un regalo, descubriendo la grandeza que se ocultaba detrás,
para que la podamos disfrutar.
Y si esto hace con las pequeñas cosas,
¡cuánto más con las más importantes! Él quiere transformar todo en nuestra vida
para que nada haga que nos quedemos en lo negativo, sino que siempre podamos
esperarlo todo de Él. ¡Hasta la muerte ha sido absorbida en Su victoria! (cf. 1
Co, 15).
La vida es un regalo, y el Señor
nos llama día tras día a ir desenvolviéndola.
Hoy el reto del amor es pensar en
positivo. Cuando te descubras viendo algo como cuesta arriba, o algo te haga
pensar que es inalcanzable... mira a Cristo, déjale las riendas de todo y
pídele que sea Él quien transforme todo. Hoy disfruta de ese regalo con el que
Él te quiere sorprender.
VIVE DE CRISTO
Fuente: Dominicas de Lerma
