El Papa Francisco salió este sábado por la tarde del Vaticano y se dirigió al centro de Roma para realizar una visita privada a la casa de Edith Bruck
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| El Papa Francisco visita a la escritora húngara Edith Bruck |
Leyó su entrevista, que relata el horror que ella y su familia vivieron durante la persecución nazi y quedó muy impresionado. Es por eso que pidió conocerla y fue a visitarla a tu casa. El Papa Francisco salió este sábado por la tarde del Vaticano y se dirigió al centro de Roma para realizar una visita privada a la casa de Edith Bruck, una escritora hebrea de origen húngaro que pasó dos tercios de su vida en Italia.
Edith Bruck dedicó su vida a dar
testimonio de lo que vio. La última voz recogió en el campo de concentración de
Bergen-Belsen fue de dos desconocidos, quienes le pidieron que lo hiciera:
"Cuéntalo, no te creerán, pero si sobrevives, cuéntalo, incluso por
nosotros". Y cumplió su promesa. Lo que llama la atención, al leer los
episodios descritos en la entrevista, es la mirada de esperanza que Edith
consigue transmitir. Incluso cuando relata los momentos más oscuros, el abismo
de horror en el que ella, de niña, se vio sumida, perdiendo a gran parte de su
familia, no deja de fijar su mirada en algo bello y bueno, en algún atisbo de
humanidad que le permitió seguir viviendo y esperando.
Así, al describir la vida en el
gueto después de haber sido arrancada junto con sus padres y hermanos de la
casa del pueblo rural donde vivía, cuenta que un hombre no hebreo regaló una
carreta de víveres para ayudar a los perseguidos. Mientras cuenta su época de
trabajo en Dachau cavando trincheras, recuerda que un soldado alemán le tiró su
cazo para lavar, "pero en el fondo había dejado un poco de mermelada para
mí". Y mientras describía su trabajo en las cocinas para los oficiales,
apareció la figura de la cocinera, que le preguntó cómo se llamaba y al oír la
respuesta de Edith, con voz temblorosa, le contestó: "Tengo una niña de tu
edad". Al decir esto, "sacó un peine de su bolsillo y mirando mi
cabeza con el pelo recién crecido me lo dio. Fue la sensación de encontrar un
ser humano frente a mí después de tanto tiempo. Me conmovió ese gesto que era
vida y esperanza". Unos pocos gestos bastan para salvar el mundo, concluye
Edith Bruck, que hoy ha recibido en su casa al Obispo de Roma que ha venido a conocerla.
Vatican News
